
Con la edad vemos peor: los problemas oculares, como la degeneración macular asociada a la edad (DMAE), el glaucoma, las cataratas o la retinopatía diabética, pueden dificultar muchas actividades cotidianas. Ya hablamos de ello en una entrada anterior. Allí también tratamos algunas adaptaciones que se podían hacer para facilitarse la vida y mejorar la seguridad. Hoy nos proponemos aportar aún más ideas, y dar un paso más, poniendo el énfasis en la prevención.
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Además de adaptar la graduación de las gafas o lentillas con la frecuencia que demanden los ojos, hay otros cambios que redundarán en más confort y, ¿quién sabe? hasta en evitar una mala caída.
Empecemos considerando la iluminación: De jóvenes nos adaptamos a todo, pero con los años es preferible que la luz se dirija a donde necesitamos, y se aleje de los ojos. Conviene dotar de lámparas adicionales las zonas potencialmente peligrosas, como las entradas y las escaleras. Y usar cortinas o persianas para regular la luz natural de modo que sea suficiente, pero no deslumbrante.
Lo siguiente es tener en cuenta el contraste, que ayuda a distinguir los objetos por su brillo y color, más que por su forma y ubicación. Aparte de disponer de suficiente luz, es buena idea usar interruptores de color oscuro en paredes claras, o viceversa; o que brillen suavemente en la oscuridad. También se pueden marcar con etiquetas llamativas las distintas posiciones de los diales del horno, por ejemplo, o los botones importantes de todos los mandos. Tal vez merezca la pena pintar los marcos de las puertas de distinto color que la propia puerta, e instalar pomos que contrasten. Por cierto, y ya puestos, mejor que no puedan engancharse con la ropa, para evitar desequilibrios peligrosos. Y en el cuarto de baño, se puede recurrir a colores de contraste para elementos como tazas, jaboneras e incluso el propio jabón.
Esta idea cobra especial relevancia cuando hablamos de fármacos: se puede recurrir a etiquetas de distintos colores, a usar letras grandes llamativas sobre fondo blanco, o que aprendamos a palpar los signos en relieve, en braille, que vienen en los envases de cartón. Pero si sacamos un frasco de su embalaje puede ser buena idea usar un número de gomas elásticas distintivo para cada medicamento para tantear el número cuando haya que tomarlo. Sobre todo, si hay posibilidad de confusión, claro. Por otra parte, existen pastilleros con letras grandes, con signos dibujados en relieve, o hasta más sofisticados, con indicadores luminosos y sonoros.
Un caso particular es el de los diabéticos: Dado que la dosificación de la insulina es vital, y que un exceso puede dar lugar a una peligrosa hipoglucemia, no está de más considerar las ayudas existentes, ya sea porque se padece una retinopatía diabética, o porque simplemente no se goza de buena vista, por la razón que sea.
Existen guías de agujas que ayudan a localizar y clavar la aguja a través del tapón de goma del frasco de insulina. También existen dispositivos para sujetar el frasco y la jeringuilla para extraer la insulina de forma segura, e incluso otros que permiten extraer siempre la misma cantidad. Pero quizá la mejor solución son las plumas: algunas usan cartuchos que se insertan en ellas. Otras se compran ya cargadas y se desechan después de haber usado toda la insulina. La dosis de insulina se marca en la pluma con un dial de fácil manipulación, y la insulina se inyecta a través de una aguja.
Para medir la glucemia, hay medidores que dan el resultado por voz, o con letra grande. La misma tecnología sirve para las balanzas de cocina, para medir con precisión las cantidades de alimento.
Pasemos ahora a hablar de
Evitar peligros potenciales.
El concepto de contraste, llevado a las escaleras, significa que conviene destacar los bordes de los escalones con tiras adhesivas, de alta fricción y fáciles de distinguir.
Las alfombras deberían desaparecer, porque aunque las fijemos al suelo con cinta adhesiva para evitar resbalar, siempre existe la posibilidad de tropezar.
También deberíamos olvidarnos de pulimentar o encerar los suelos, así como de suelos excesivamente lisos.
Los cables eléctricos, fuera de las zonas de paso, pero si no es posible, será mejor usar cinta adhesiva para no tropezar con ellos.
En cuanto a los muebles, es mejor disponerlos de forma que no sobresalgan en las zonas más transitadas. Las sillas deben permanecer metidas debajo de las mesas y los escritorios cuando no se utilicen. Y lo mismo se aplica a los cajones de los escritorios, mesas o armarios.
Las puertas entornadas son un peligro, así como las que sobresalen. Es mejor mantenerlas completamente cerradas, o abiertas con una fijación, para que si hay una corriente de aire no cambie su posición; a veces ni siquiera se necesita eso: la propia inclinación del soporte hace que cambie de posición la hoja de la puerta.
Y, ¿qué decir de los pasamanos? Deben disponerse a ambos lados de la escalera, y abarcar toda su extensión: La gente suele tropezar cuando se salta un escalón en la parte superior o inferior de un desnivel. Hasta puede ser buena idea instalar pasamanos en otras zonas potencialmente peligrosas, así como asideros en el aseo, junto al inodoro, y en la ducha o bañera. Por cierto, mejor sería sustituir la bañera por un plato de ducha.
En cualquier caso, es buena idea conseguir toda la ayuda con la que se pueda contar para mantener el máximo de autonomía. Es fundamental recurrir a amigos y familiares para llevar a cabo las adaptaciones vistas, pedirles ayuda para los desplazamientos, o para ponernos en contacto con los organizaciones especializadas en discapacidades visuales. Estas pueden proporcionar un asesoramiento inestimable en cuanto a las adaptaciones tecnológicas existentes y más adecuadas para el caso concreto. En España, que es desde donde hablo, un buen punto de partida es la Organización Nacional de Ciegos Españoles, es decir, la ONCE.
Nada más por hoy, espero haber proporcionado información útil. ¡Muchas gracias por leer! ¿Te animas a comentar, compartir o suscribirte?