Salud cognitiva en mayores

La salud cognitiva -la capacidad de pensar, aprender y recordar con claridad- es una parte importante de la salud cerebral, como también lo son la función motora, la emocional y la sensorial. Hoy vamos a ver cómo mantener a punto nuestro cerebro con tal de mantenernos independientes el mayor tiempo posible. Y esto se logra atendiendo 4 áreas clave. ¡Vamos a verlas!

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1. Cuidar la salud física.

Ya vimos en otra entrada que la SALUD, con mayúsculas, es una combinación de bienestar físico, psicológico y social; son 3 ámbitos conectados entre sí, y que hay que conquistar por completo, o nuestra salud se resentirá. Por tanto, es evidente que hay que velar por que nuestro cuerpo se encuentre en óptimas condiciones. Y ¿cómo?

Conviene controlar la presión sanguínea al menos cada 6 meses, si bien las cifras serán más fiables si nos las tomamos en casa con un tensiómetro, en la medida en que evitamos el efecto «bata blanca».

En cuanto a los chequeos, no parece razonable hacerlos de manera indiscriminada, porque no se evitan muertes, y sí hay cierto riesgo de sobrediagnóstico. Pero hay que conocer si uno está en algún grupo de riesgo que justifique un seguimiento particular. En todo caso, es recomendable hacerse un examen ocular y de agudeza auditiva anualmente, así como cuidar la salud bucal.

Es bueno informar al médico si la medicación tiene efectos adversos sobre la memoria, el sueño o la deambulación (síncopes, hipotensiones…).

Siempre es recomendable ver en qué podemos mejorar la casa para prevenir caídas.

Hay que evitar el abuso del alcohol, y considerar que ciertos fármacos pueden potenciar sus efectos.

¿Hay que decir algo sobre el tabaco que no sepamos ya? Pues eso.

Cada vez hay más evidencias de lo saludable que es amoldarse al ciclo circadiano, y dormir lo suficiente.

¿Y qué decir de la nutrición? Desde luego, repercute directamente en la salud física, como ya vimos en su día. Pero es que además, existe cierta evidencia de que la dieta mediterránea comporta un menor riesgo de desarrollar deterioro cognitivo leve.

2. Ser físicamente activos.

Repasemos los beneficios demostrados:

1.- Previene las cardiopatías isquémicas (angina de pecho), la hipertensión, la obesidad, la diabetes, la osteoporosis, y los problemas relacionados con el estado de ánimo: depresión, ansiedad y estrés.

2.- Aumenta la capacidad respiratoria.

3.- Disminuye la formación de cálculos renales.

4.- Frena la atrofia muscular y favorece la movilidad articular.

5.- Mejora la fuerza y el equilibrio.

6.- Refuerza la actividad intelectual y previene los problemas de memoria.

7.- Conserva la funcionalidad de nuestros sentidos.

Ya dijo cierto sabio hace sólo 2 milenios que es necesario resistir la vejez y compensar con actividad sus deficiencias, practicando ejercicios moderados, y emplear la comida y bebida necesarias para que reponer fuerzas, no para oprimirlas.

3.- Mantener la mente activa.

La actividad mental en los mayores es tan importante como la actividad física. Y la mejor forma de ejercitar los procesos mentales básicos, la memoria y la capacidad de raciocinio es a través de actividades culturales que sean gratificantes y significativas. ¿De qué estamos hablando? Pues de asistir a centros de conferencias para mayores (¿por qué no como ponente?), involucrarse en clubes de lectura, en foros de cine, en talleres de teatro, en clases para manejar ordenadores, en talleres de estimulación de la memoria y del lenguaje, o todavía mejor, en aprender a utilizar nuevas tecnologías, como la fotografía digital, o las tabletas electrónicas.

Los científicos piensan que tales actividades pueden proteger el cerebro estableciendo una «reserva cognitiva». Pueden ayudar a que el cerebro se adapte mejor a los cambios que implica jubilarse, porque cambia el rol social y familiar, y si la transición no se realiza adecuadamente, la persona se vuelve más vulnerable a los estímulos nocivos del entorno.

Por el contrario, hay que ser escépticos respecto a ciertos juegos de ordenador o en línea que afirman mejorar la memoria y otras funciones cognitivas. Las pruebas en las que se apoyan suelen ser débiles.

4.-Mantener vida social

Son muchos los estudios que demuestran que el apoyo social y la estabilidad afectiva y emocional juegan un papel fundamental en el mantenimiento de la salud, evitando la depresión, el estrés y la ansiedad, que tienen una relación directa con las enfermedades cardiovasculares, el cáncer y la diabetes. Y otros estudios asocian la vida social activa con una menor incidencia del deterioro cognitivo y la demencia.

Desde luego, la participación en actividades sociales es uno de los factores más influyentes en la calidad de vida de los mayores, ya que el contacto con otros crea estímulos y retos, y favorece un intercambio de ideas enriquecedor. De no hacerlo, se corre el riesgo de quedar aislado y padecer la soledad que afecta a la salud, lleva al abandono de los autocuidados, de la higiene personal, de la alimentación y, sobre todo, a la disminución de la autoestima, puerta de entrada de la depresión y la ansiedad.

Es paradójico que durante la vida activa se oiga tanto la queja de que no se dispone de tiempo para uno, y al llegar a la jubilación, cuando se dispone de todo el tiempo, no se aproveche. Así que, hay que visitar a la familia y los amigos. Apuntarse a excursiones para la tercera edad, a asociaciones para compartir aficiones,… En fin, como dijo un médico del s. XIX: poco encierro, mucho trato, y continua ocupación.

Es todo por hoy, muchas gracias por leer. ¿Te animas a comentar, compartir o suscribirte?

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