
Hoy daremos datos para poder distinguir entre el envejecimiento normal y las dolencias que requieren atención, porque son tratables. No se trata de desmontar mitos sobre hacerse mayor, que de eso ya hablamos aquí.
(Si lo prefieres, puedes recibir esta información en formato vídeo).
Es relativamente fácil escuchar las quejas de alguien que se hace mayor, y que la respuesta por parte del familiar o del médico sea del tipo: “eso es la edad; si estás muy bien para los años que tienes, ¿de qué te quejas?; lo que tú tienes son años”. La ventaja de contestar esto es que uno se desentiende de profundizar, y de valorar detenidamente si se puede hacer algo para revertir los síntomas, o al menos aliviarlos. En cualquier caso, sean cuales sean las motivaciones, vamos a centrarnos hoy en establecer una referencia de qué cabe esperar cuando se cumplen años, para poder valorar qué es lo esperable, lo normal, y distinguirlo de lo que no lo es. ¡Vamos a ello!
A medida que cumplimos años notamos cambios graduales que dependen, en parte, de nuestros genes. Pero nuestro estilo y condiciones de vida tienen un mayor impacto en el envejecimiento. Afortunadamente, podemos tomar algunas decisiones sobre nuestro estilo de vida.
Pero vayamos por partes:
- La piel. Con el paso del tiempo pierde elasticidad, aparecen estrías y arrugas. Las uñas crecen más despacio. Las glándulas sebáceas producen cada vez menos grasa, lo que hace que la piel esté más seca que antes. Se pueden mitigar estos síntomas utilizando una crema hidratante y protegiendo la piel del sol con crema solar y ropa que la proteja, como un sombrero o una gorra.
- El cabello. Es normal que el vello disminuya gradualmente en el cuero cabelludo, la zona púbica y las axilas. A medida que disminuye el número de células de pigmento del pelo, aumenta la proporción de canas.
- Estatura. A los 80 años, es habitual haber perdido hasta 5 cm de altura. Esto suele estar relacionado con los cambios normales de postura y la compresión de las articulaciones, los huesos de la columna vertebral y los discos intervertebrales.
- Audición. Con el paso del tiempo, los cambios en el oído hacen que los sonidos de alta frecuencia sean más difíciles de oír y que los cambios de tono y el habla sean menos claros. Estos cambios tienden a acelerarse después de los 55 años.
- Visión. La mayoría de las personas de 40 años necesitan gafas de lectura porque el cristalino se vuelve menos flexible, es decir, por la presbicia. También es normal que la visión nocturna y la agudeza visual disminuyan. Además, en los últimos años, el deslumbramiento interfiere cada vez más con la visión clara. Estos cambios pueden comprometer seriamente la seguridad al volante, especialmente, de noche. Dejo aquí el enlace donde tratamos este asunto específicamente.
- El sueño. Los cambios en el sueño y las alteraciones del ritmo circadiano son, hasta cierto punto, propias del cumplir años. Es probable que se duerma menos por la noche y que el sueño no sea tan profundo y reparador como de joven. Así pues, es más probable despertarse durante la noche y/o levantarse más temprano. Dejo aquí otro enlace donde hablamos del insomnio en personas mayores.
- Huesos. A lo largo de la edad adulta perdemos gradualmente parte del contenido mineral de los huesos, por lo que se vuelven menos densos y fuertes. Se ralentiza la pérdida natural de masa ósea y se reduce el riesgo de osteoporosis y fracturas haciendo ejercicio regular con peso y caminando, ingiriendo suficiente calcio y vitamina D y evitando las opciones de estilo de vida que debilitan los huesos (como fumar). El médico también puede recomendar un medicamento para proteger los huesos. Precisamente hablamos aquí sobre los bifosfonatos.
- Metabolismo y composición corporal. Con el tiempo, el cuerpo suele necesitar menos energía y su metabolismo se ralentiza. Los cambios hormonales en el cuerpo que envejece provocan cambios que comportan más grasa corporal y menos masa muscular. La mejor manera de controlar estos cambios es prestando atención a que la ingesta sea adecuada a la edad y a la actividad física. El entrenamiento de fuerza es una forma especialmente buena de aumentar o mantener la masa muscular. Cuando se reduce la masa muscular, el metabolismo se ralentiza. Aumentar o mantener la masa muscular permite que el metabolismo se mantenga o aumente.
- Cerebro y sistema nervioso. A partir de la tercera década de vida, el peso del cerebro, el tamaño de su red nerviosa y su flujo sanguíneo disminuyen. Pero el cerebro se adapta a estos cambios, modificando la distribución neuronal. Los cambios en la memoria son una parte normal del proceso de envejecimiento: es habitual que se recuerden menos los acontecimientos recientes y que seamos más lentos al recordar nombres y detalles. Una de las mejores formas de mantenernos ágiles mentalmente consiste en participar en actividades sociales con regularidad, especialmente, con amigos y familia. También es buena idea cultivar la curiosidad y desafiarse a aprender y hacer cosas nuevas, como aprender un idioma, bailes de salón, o una nueva disciplina deportiva. De hecho, mantenerse físicamente activo es una estupenda manera de aumentar el flujo de sangre y el aporte de oxígeno al cerebro.
- Corazón y circulación sanguínea. El corazón se vuelve naturalmente menos eficiente a medida que se envejece, y le cuesta más adaptarse a los ejercicios muy demandantes, mucho más que de joven. Esto hace que el músculo cardíaco sea un poco más grande. Se nota una disminución gradual de energía y la resistencia de una década a otra. Pero esto es distinto de la insuficiencia cardíaca, una condición muy frecuente, pero que debe diagnosticarse y tratarse.
- Pulmones. En las personas inactivas, los pulmones se vuelven menos eficientes con el tiempo,y en consecuencia, suministran menos oxígeno al cuerpo. La actividad física regular, como es evidente, desempeña un papel fundamental para mantener los pulmones en óptimas condiciones.
- Los riñones. Con la edad, los riñones pierden tamaño y funcionalidad. No eliminan los desechos y ciertos medicamentos de la sangre con la misma rapidez, al tiempo que no ayudan al cuerpo a manejar la deshidratación tan bien como de joven. Esto es un buen motivo para reducir al mínimo las toxinas, el alcohol y los medicamentos que no sean estrictamente necesario, amén de beber suficiente agua: El mecanismo que regula la sed suele funcionar, pero se deteriora con la edad, por lo que no es raro que un anciano se deshidrate.
- Incontinencia urinaria. Los cambios relacionados con la edad en el sistema urinario, la disminución de la movilidad y los efectos secundarios de algunos medicamentos pueden provocar incontinencia urinaria. Esto no tiene por qué ser parte del envejecimiento normal, por lo que habría que hablar con el médico sobre esto.
- Función sexual. Los hombres y las mujeres producen niveles más bajos de hormonas a partir de los 50 años. Los hombres producen menos esperma y sel tiempo de respuesta sexual se ralentiza. Las mujeres dejan de ovular y sufren una serie de cambios menopáusicos relacionados con la disminución de estrógenos. En la mayoría de los adultos sanos, el placer y el interés por el sexo se mantiene a medida que se cumplen años. La edad por sí sola no es motivo para cambiar o abandonar las prácticas sexuales que se han disfrutado a lo largo de la vida. Pero es posible que se tengan que hacer algunos ajustes menores para adaptarse a las limitaciones físicas que se pueda tener o a los efectos de ciertas enfermedades o medicamentos. Eso sí, hay que distinguirlos de otros cambios que puedan ser el primer signo de un problema médico. En caso de duda, será mejor mantener una conversación abierta y franca con el médico sobre este tema.
Y nada más por hoy, espero que os encontréis más jóvenes después de haber llegado hasta aquí. ¡Muchas gracias por leer! ¿Te animas a comentar, compartir o suscribirte?