Problemas de cadera.

El dolor de cadera puede dificultar el caminar, subir y bajar escaleras, ponerse en cuclillas o dormir sobre el lado que le duele. Un chasquido o crujido alrededor de la articulación de la cadera puede resultar molesto o preocupante. Pero si la cadera no duele, en muchos casos esto no tiene por qué ser motivo de preocupación.

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Para entender mejor los problemas de cadera, vamos a tratar de entender cómo funciona. Es la articulación esférica más grande del cuerpo. El hueso del muslo (fémur) encaja firmemente en una cavidad en forma de copa (acetábulo) en la pelvis. La articulación de la cadera es más firme y estable que la del hombro, pero no se mueve con tanta libertad. Se mantiene unida gracias a los músculos de las nalgas, la ingle y la columna vertebral, los tendones, los ligamentos y la cápsula articular. Varias bolsas llenas de líquido (bursas) amortiguan y lubrican la articulación de la cadera y permiten que los tendones y los músculos se deslicen y se muevan con suavidad. El nervio más grande del cuerpo (el nervio ciático) pasa precisamente por la pelvis hasta la pierna. Bien, ahora que ya sabemos lo esencial de esta articulación, pasemos a ver los


Problemas de cadera.

Pueden surgir por un uso excesivo, cambios óseos con la edad, tumores, infecciones, cambios en el riego sanguíneo o pueden deberse a un problema presente desde el nacimiento, congénito. Curiosamente, una persona que tiene un problema de cadera suele sentir dolor en la rodilla o el muslo en lugar de la cadera, puede sentirse en la pelvis o en la ingle, aunque también en la propia cadera. El tipo de dolor de cadera puede ayudar al médico a encontrar la causa del dolor.
El dolor en reposo que no empeora con el movimiento o al ponerse de pie, puede indicar un problema poco grave, a menos que el dolor no desaparezca o interrumpa el sueño.
El dolor que empeora al mover la cadera o la pierna, pero no al ponerse de pie o soportar peso, suele estar causado por una lesión muscular, una inflamación o una infección.
El dolor que empeora al soportar peso y al estar de pie o caminar, y que hace cojear, suele indicar un problema en la propia articulación de la cadera. Si el dolor es lo suficientemente intenso como para impedir el levantamiento de peso, es más probable que se trate de un problema óseo o articular grave.


El dolor de cadera puede tener muchas causas.

El dolor en la parte exterior de la cadera y a veces en la rodilla puede estar causado por el síndrome de la banda iliotibial. Ésta es una banda de tejido fibroso que recorre la parte exterior del muslo, que puede desarrollarse en exceso, tensarse y rozar el hueso de la cadera o la parte externa de la rodilla.
El dolor que empeora por la mañana y mejora durante el día puede estar causado por el roce de los huesos. Esto puede ocurrir con la artrosis, la artritis reumatoide y el lupus.
El dolor puede ser un signo de inflamación de la gran bolsa que separa los huesos de la cadera de los músculos y tendones de los muslos y las nalgas (bursitis trocantérica).
El dolor puede aparecer con signos de infección en una articulación (artritis séptica), bursa (bursitis séptica) o hueso (osteomielitis).
El dolor y la rigidez en la cadera pueden estar causados por la falta de flujo sanguíneo a la articulación de la cadera (necrosis avascular). También puede haber dolor en la rodilla.
El dolor que baja por la pierna desde la cadera o la parte baja de la espalda puede estar causado por un nervio irritado o pinchado (ciática).
El dolor al cargar peso que empeora a lo largo de varios meses puede estar causado por una osteoporosis transitoria. Esto es más frecuente en los hombres de mediana edad.
Algunos tipos de cáncer de huesos (osteosarcomas) y la propagación del cáncer a los huesos (enfermedad metastásica) pueden causar dolor de huesos.
El tratamiento puede incluir primeros auxilios y el uso de una férula, yeso, arnés o tracción. También puede incluir fisioterapia y medicamentos. En algunos casos, es necesaria la cirugía. El tratamiento de un problema de cadera depende de la ubicación, del tipo de lesión, y su gravedad, además de la edad, el estado de salud general y las actividades en las que participa el paciente. Pero antes de llegar aquí, siempre podemos considerar algunas posibilidades de

Autocuidado.

La idea es probar recomendaciones para aliviar el dolor, la inflamación y la rigidez de la cadera.
Para combatir el dolor, el descanso es la medida más obvia: Interrumpir, cambiar de actividad o darse un respiro de lo que causa las molestias es una medida al alcance de cualquiera con un poco de sentido común. También es evidente que hay que procurar dormir sobre el lado que no tiene el problema. Puede que alivie colocar un cojín entre las rodillas; O dormir boca arriba con una almohada bajo de las rodillas.
Para limitar la inflamación, conviene evitar cosas que la aumenten durante al menos 48 horas, como las duchas calientes, los jacuzzis, las bolsas de agua caliente o similares, así como las bebidas alcohólicas. Transcurridas 48-72 horas, y siempre que la hinchazón haya remitido, se puede aplicar calor húmedo en la cadera para aliviarla. A partir de ahí pueden retomarse las actividades normales y hacer ejercicios suaves, como por ejemplo:

Apretar los glúteos en decúbito prono, es decir, tendido sobre el vientre. Esto fortalece las nalgas, muy importantes para sostener la espalda y para levantar las piernas.
Inclinar la pelvis, de manera que se estire la parte inferior de la espalda.
Estirar los isquiotibiales, es decir, la parte posterior del muslo.
Estirar los flexores de la cadera, esto es, los músculos que ayudan a que ésta se deslice y trabaje con suavidad.
También se puede probar a masajear o frotar suavemente la cadera para aliviar el dolor y favorecer el flujo sanguíneo, siempre y cuando estas maniobras no causen dolor.
Por cierto, aquí viene una razón más para dejar de fumar: y es que ralentiza la curación porque disminuye el riego sanguíneo, lo cual retrasa la reparación de los tejidos.
Si a pesar de todo estos cuidados surge un nuevo dolor o hinchazón, aparecen signos de infeccion, como enrojecimiento, calor o fiebre, se empieza a notar entumecimiento, hormigueo o debilidad, la piel se vuelve pálida, blanca, azul o fría, la cadera tiene dificultad para soportar peso, o los síntomas son más frecuentes o graves, sabremos que ha llegado el momento de concertar una visita con el médico, pues el problema escapa a nuestro control.

En fin, nada más por hoy, espero haber sido útil, ¡muchas gracias por leer! ¿Te animas a comentar, compartir o suscribirte?

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