
El 11 de abril de 1817 nació James Parkinson, médico inglés que describió esta enfermedad como parálisis agitante. Se produce cuando hay un problema con ciertas células nerviosas del cerebro que controlan el movimiento. Es la enfermedad neurodegenerativa más común, tras el Alzheimer. Suele aparecer a partir de los 60 años, pero se conocen casos de inicio antes de los 40. Afecta a la forma de moverse. El síntoma más frecuente son los temblores, como los que tenían Hitler o Juan Pablo II. El mal de Parkinson empeora con el tiempo. Eso sí, muy despacio, a lo largo de muchos años. Eso da pie a considerar muchas estrategias, incluso a abrir la puerta a nuevos tratamientos. ¿Entramos en detalles?
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¿Qué es el mal de Parkinson?
Es una enfermedad crónica resultado del deterioro de ciertas neuronas. Lleva a perder poco a poco el control del movimiento, lo que dificulta la expresión facial, desploma la tensión al incorporarse, y altera el pulso, entre otros síntomas. En algunos casos provoca deterioro cognitivo, con pérdida de memoria, atención y agilidad al procesar información. Afecta a 164 personas de cada 100.000, algo más a hombres que viven en medio rural. Los pacientes no ven acortada su vida por los tratamientos, el cáncer o las enfermedades cardiovascuares, sino más bien por infecciones y caídas.
¿Cuál es la causa?
El deterioro de neuronas del tronco del encéfalo, donde se unen cerebro y médula espinal, que producen dopamina. No se sabe por qué las neuronas que la producen se pierden, aunque se sospecha de la genética, del envejecimiento acelerado y de agentes tóxicos ambientales. Curiosamente, uno tóxico muy conocido, el tabaco, parece que aumenta la dopamina. Eso explicaría por qué es más frecuente el mal de Parkinson entre no fumadores.
Pero quedémonos con la idea de que la dopamina es una sustancia química, un neuro-transmisor crucial para regular el movimiento, porque nos ayuda a entender los síntomas.
¿Cómo se expresa?
Suele empezar con lentitud en las tareas diarias, y después temblor. En concreto, hay una tríada típica:
1.- Temblor en reposo en una o ambas manos, y un movimiento de pulgar e índice como si se contara dinero; desaparece con movimientos voluntarios, como beber un vaso de agua, o al dormir.
2.- Rigidez muscular, lo que se traduce en una cara de póker, inexpresiva, así como falta de braceo al andar, se hace difícil girar de repente, y hasta parpadear.
3.- Lentitud para empezar o acabar movimientos. Eso implica caminar despacio, ponerse en pie con mucho esfuerzo, y que cueste también mucho realizar movimientos finos, como abrocharse un botón o escribir a mano.
Hay otros muchos signos que afectan a los desplazamientos, como caída de la tensión al incorporarse, tendencia a caerse, andar encorvados, con pasos rápidos, y arrastrando los pies, o incluso parálisis repentina y breve. Hay otros signos que afectan a la comunicación, como escribir letras muy chicas, hablar bajito (hipofonía), con exceso de saliva en la boca (sialorrea), dificultad para concentrarse, lentitud para pensar, planear o llevar a cabo tareas complejas…Y no es que oigan mal, es que tardan en responder.
Por otra parte, las personas suelen resistirse a aceptar las limitaciones, se enojan, se agotan física y mentalmente, llegan a la apatía, y el 85% cae en depresión (que el tratamiento parkinsoniano puede agravar). Los pacientes también suelen sudar demasiado, perder olfato, sentir urgencia por orinar, y tener estreñimiento.
¿Cómo se diagnostica?
No hay ninguna prueba que asegure que se padece Parkinson. El médico preguntará por los síntomas y la salud previa. Hará un examen neurológico para comprar cómo funcionan los nervios. Por ejemplo, el médico observará cómo se mueve la persona, comprobará la fuerza muscular, los reflejos y la vista. También puede comprobar el olfato y preguntar sobre el estado de ánimo.
En algunos casos, el médico recetará levo-dopa. Si mejoran los síntomas al cabo de 30 días puede ser de gran ayuda para el médico. Pero la no respuesta no descarta la enfermedad.
Puede que haga pruebas para descartar otras enfermedades que podrían estar causando los síntomas. Por ejemplo, es posible que manden una resonancia magnética para buscar signos de ictus o tumor cerebral.
¿Cómo se trata la enfermedad de Parkinson?
Por el momento, el mal de Parkinson no tiene cura. Si los síntomas son leves, tal vez no se requiera tratamiento. Los medicamentos pueden ayudar a controlar los síntomas. También se puede recibir fisioterapia, terapia ocupacional, logopedia, y atención psicológica para ayudar a funcionar mejor. Un bastón o un andador ayudarán con la inestabilidad. En cuanto a la dieta, la redistribución de proteínas, concentrando la mayor parte en la cena, así como beber mucho líquido, pueden mejorar los síntomas. Por otra parte, la cirugía cerebral, por ejemplo, la estimulación cerebral profunda, puede ser una opción. Hablaremos de ello más adelante.
La edad, la situación laboral, familiar y vital pueden influir en las decisiones sobre cuándo iniciar el tratamiento, cuáles elegir y cuándo cambiarlos, considerando los efectos adversos y el coste.
En todo caso, habrá que visitar al equipo médico con regularidad (cada 3 a 6 meses, o según se indique) para ajustar los tratamientos a la evolución de la enfermedad.
Hablemos ahora de los
Medicamentos.
Los medicamentos son el tratamiento más habitual de la enfermedad de Parkinson. El objetivo es corregir la escasez de dopamina, que provoca los síntomas. El tratamiento suele iniciarse cuando los síntomas se vuelven incapacitantes o perturban las actividades cotidianas. Puede llevar algún tiempo encontrar la mejor combinación. Además, ciertos fármacos pueden causar problemas si se utilizan durante mucho tiempo o en dosis altas. Sin ir más lejos, se cree que la levodopa es el fármaco más eficaz para controlar los síntomas. De hecho, el 80% de los pacientes mejoran, y el 20% recuperan por completo la función motora. Pero muchos médicos recetan agonistas dopaminérgicos al principio. La razón es que, al cabo de unos años, la levodopa puede causar problemas motores, como movimientos espasmódicos incontrolables. O dejar de funcionar de repente.
Afortunadamente, se pueden utilizar varios fármacos en diferentes fases de la enfermedad. Y como vemos, hay una amplia variedad, que no para de crecer:
Levodopa y carbidopa.
Agonistas de la dopamina.
Inhibidores de la COMT.
Inhibidores de la MAO-B.
Amantadina.
Agentes anticolinérgicos.
Apomorfina.
Cirugía.
La cirugía cerebral puede ser una opción cuando los medicamentos ya no pueden controlar los síntomas, o causan efectos secundarios graves o incapacitantes.
Las opciones de cirugía son:
1.-Estimulación cerebral profunda. Un cirujano coloca un marcapasos cerebral. Los cables llevan pequeñas señales eléctricas a las partes del cerebro que controlan el movimiento para mejorar su desempeño. Es la cirugía preferida para tratar la mayoría de los casos de Parkinson avanzado.
2.-Palidotomía. Consiste en la destrucción precisa de una zona muy pequeña de la parte profunda del cerebro que provoca los síntomas.
3.-Talamotomía. Consiste en la destrucción precisa de una zona muy pequeña en otra parte del cerebro que causa síntomas.
4.-TACS. Consiste en la estimulación transcraneal por corriente alterna, con electrodos situados en el exterior de la cabeza, que anulan la señal del cerebro causante de los temblores.
5.- Injerto de células que producen dopamina.
La cirugía no es una cura. De hecho, tras la cirugía se suelen necesitar fármacos, aunque quizá no tantos, por lo que habrá menos efectos secundarios. Una cosa más respecto a la cirugía: es una opción si el Parkinson no está muy avanzado y si no se tienen otros problemas de salud graves.
¿Qué esperar, qué hacer?
Hace 25 años el paciente tenía muy mal pronóstico, pero los tratamientos han mejorado mucho las funciones motoras; no tanto los problemas de equilibrio, que empeoran con la enfermedad.
Esto es un buen motivo para cambiar los muebles de sitio, con tal de poder agarrarse siempre a algo al moverse por la casa. También serán de ayuda el ejercicio y la fisioterapia.
En cuanto a los temblores, poner un poco de peso en la mano ayuda a recobrar el control.
Para mejorar el habla puede venir bien contar con un logopeda.
Para reducir el babeo en las comidas tal vez haya que cambiar qué y cómo se come.
Para superar la parálisis al andar se pueden practicar algunas técnicas, como andar hacia un punto concreto del suelo.
Ni que decir tiene que la salud mental requiere atención, ya sea informal, hablando con amigos, familiares o consejeros espirituales, o recurriendo a profesionales.
Por último, hay que tener cuidado con la demencia. Es frecuente al final de la enfermedad de Parkinson. Si uno o un familiar nota confusión o problemas para pensar con claridad, debe hablarse con el médico. Hay medicamentos específicos para la demencia en personas con enfermedad de Parkinson.
En fin, espero que esta información enriquezca las conversaciones con todos los implicados en tratar la enfermedad. Muchas gracias por leer. ¿Te animas a comentar, compartir o suscribirte?