Obstáculos para una alimentación saludable

Sustituir un mal hábito por uno bueno requiere tiempo y paciencia. Implica dar varios pasos, desde la fijación de los objetivos, a corto y largo plazo, hasta la obtención de apoyo. Uno de los pasos más importantes es averiguar cuáles son las barreras. Y hacernos las preguntas adecuadas nos ayudará a identificarlas correctamente: ¿Qué nos ha impedido cambiar los hábitos alimentarios en el pasado? ¿Qué creemos que podría detenernos en el futuro? Conocer esos obstáculos ahora y tener un plan para superarlos (porque sin duda, se presentarán), apoyándose en familia, amigos y médico, será de gran ayuda para cambiar los malos hábitos por los buenos.

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Vamos a ver algunos ejemplos de obstáculos para ver cómo lidiar con ellos.


«Nunca podré cambiar mi forma de comer»


No creer que se puede hacer algo suele ser en realidad un miedo al fracaso. Es muy común posponer cambios debido a este miedo. Aunque también cabe esperar esta dificultad en los días en que anda uno más desanimado, por la razón que sea.
Ante esto, hay que definir bien qué es “éxito”, y qué “fracaso”. Si el objetivo es simplemente mejorar la alimentación o perder una cantidad modesta de peso, el éxito es alcanzable. Pero ponerse como meta la pérdida de una cantidad irreal de peso, de «curar» una enfermedad o de comer «perfectamente» no es realista y puede conducir al fracaso.
Por tanto, hay que establecer objetivos pequeños y medibles. Comer dos piezas de fruta al día es un objetivo bastante fácil de alcanzar. Renunciar a nuestra comida favorita es mucho más difícil, y es más probable que ni siquiera lo intentemos. Se entiende, ¿verdad? Si somos muy drásticos, nos estamos poniendo muy difícil cumplir nuestro objetivo.



«No tengo tiempo para hacer cambios»



Esta es una razón muy común para no cambiar. Puede adoptar la forma de «estoy demasiado ocupado», «siempre tengo prisa», o «tengo cosas más importantes que hacer».
¿Qué se puede hacer? Bueno, ante todo, preguntar a quienes se las arreglan para encajar una buena nutrición en sus vidas. En cualquier caso, no conviene intentar hacer demasiados cambios a la vez. Los pequeños cambios llevan menos tiempo, pero suman. No está demás pedir ayuda a la familia o a los amigos: tal vez contribuyan liberando tiempo. Y desde luego, hay que descartar la idea que tiene demasiada gente, que cree que para comer bien se necesita mucho tiempo para cocinar. Pero hay muchos libros de cocina y otras fuentes sobre cómo preparar comidas rápidas y saludables.


«No me gustan las comidas sanas»


Muchas personas utilizan esta razón o variaciones de la misma, como «no me gustan las verduras», «no me gustan los alimentos bajos en grasa» o «me apetecen mucho los dulces o el tocino. Los echaré de menos». A menudo el miedo a lo desconocido está detrás de estas razones. O el rechazo a la etiqueta “sano”, que tiene connotaciones negativas para muchos.

De nuevo: ¿qué se puede hacer?
Dar tiempo. Las preferencias alimentarias tardan en cambiar, pero lo hacen con el tiempo. Convertir un nuevo comportamiento en un hábito suele llevar 3 meses o más. Y mientras tanto, conviene evitar aquello de “eso no me gusta” sin haberlo probado, ¿verdad?
Los cambios deberían ser paulatinos, sobre todo, en lo referido a las comidas favoritas: No es necesario renunciar radicalmente a ellas, pero puede que haya que cambiar la frecuencia con la que se toman. Se trata de hacer cambios pequeños y darse tiempo para adaptarse.
Hablando de adaptación, también convendría adaptar los mensajes que nos decimos a nosotros mismos cuando comemos ciertos alimentos. Si pensamos en “comida de conejo” cuando comemos zanahorias o ensalada, estaremos saboteándonos los esfuerzos por mejorar la alimentación. Ya tenemos suficiente con contrarrestar los mensajes publicitarios con que nos bombardean: Promocionan comidas tentadoras, con primeros planos y presentaciones sugerentes de alimentos que sin duda son mucho más rentables para los vendedores que las zanahorias o las ensaladas, por seguir con el mismo ejemplo.


«Los alimentos saludables cuestan demasiado»

Es cierto que cosas como los productos frescos, los panes integrales y otros alimentos saludables pueden costar más que la comida rápida y la comida basura. A veces parece que al presupuesto le iría mejor limitándose a comer comida rápida y barata todos los días. Y es verdad que añadir productos químicos que nos engañan, como los colorantes o el glutamato (un potenciador del sabor) suele resultar más barato que comprar materias primas de verdad. Pero puede respetarse el presupuesto dedicando algo más de tiempo a planificar, comprar y cocinar. Y cuanto más tiempo se invierta, más dinero se ahorra.


«Me criticarán o se burlarán de mí si como comida sana»

Mucha gente se frena a la hora de cambiar sus hábitos alimenticios por lo que piensan que les parecerá a los demás. Puede ser difícil seguir un plan de alimentación saludable cuando la familia y los amigos no quieren acompañar. ¿Qué se puede hacer?
Lo ideal es dar con otras personas que quieran cambiar. Un buen sitio donde encontrarlas es en alguna clase de cocina saludable; también cabe buscar en comunidades en Internet o involucrar a la familia.
Si hay que salir a comer fuera, es mejor elegir sitios donde sentirse cómodo, donde pedir carne asada en lugar de frita, o ensalada en lugar de patatas fritas no se vea como algo raro.
En definitiva, se trata de facilitarse el cambio en la alimentación limitando la presión en sentido contrario.


«No se me da bien hacer cambios»

Esta razón puede adoptar la forma de «soy demasiado viejo (o gordo, o estoy anclado en mis costumbres) para hacer cambios». A menudo, la baja autoestima dificulta el cambio.
¿Posibles soluciones?
Hacer cambios pequeños y medibles. Son más fáciles de hacer y suelen causar menos miedo porque hay menos riesgo. Por ejemplo, comer una pieza de fruta más al día de lo habitual.
Si el problema es la autoestima, habrá que trabajarla. Con la ayuda necesaria, y con los progresos en la alimentación es posible inscribirse en una especie de círculo virtuoso. También es bueno conocer nuestro círculo vicioso: ¿Qué nos frenó la última vez que lo intentamos? Escribir las razones será de gran ayuda para poder responderlas y contrarrestarlas. Es una especie de balanza mental que nos puede ayudar a inclinarla a nuestro favor.

Y hasta aquí por hoy, espero haber dado alguna clave útil para ayudar a superar obstáculos para una alimentación mejor, que nunca es tarde. Muchas gracias por leer. ¿Te animas a comentar, compartir o suscribirte?

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