
Hoy abordamos un asunto controvertido, pero en este blob nos hemos propuesto tratar toda clase de temas que son de interés para personas mayores, por muy difícil que sea conseguir información fiable y contrastada. Y creedme si os digo que así ha sido.
(Si lo prefieres, puedes recibir esta información en formato vídeo).
Para empezar,
¿Qué es un peso saludable?
Pues aquel que reduce el riesgo de sufrir problemas de salud, en concreto, enfermedades del corazón, accidentes cerebrovasculares, hipertensión arterial, diabetes de tipo 2, o apnea del sueño.
Para la mayoría de las personas, el índice de masa corporal (IMC) y el tamaño de la cintura son buenas maneras de saber si tienen un peso saludable. Pero alcanzar un determinado número en la báscula o en la cinta métrica no es tan importante como tener un estilo de vida saludable. Dicho de otra manera, aún teniendo algo de peso de más, comer alimentos saludables y ser físicamente activos puede ayudarnos a sentirnos mejor, tener más energía y reducir el riesgo de padecer enfermedades.
Hay que reconocer que la sociedad actual presiona mucho para estar delgados, pero esto tiene muy poco que ver con la buena salud. El resultado es que sentimos una presión casi insoportable por adelgazar, aunque ya tengamos un peso saludable, y a la desesperada, recurrimos a las dietas. Ese es el principal error, que nos aboca a una espiral de frustración y desesperación. Y es que, digámoslo claramente: Las dietas no funcionan. Casi todas, por no decir todas, fracasan. ¿Los motivos? Hay varios:
El primero es que las dietas son temporales. Normalmente no se come como se necesita comer a largo plazo. Por eso, al dejar la dieta, el peso extra vuelve a aparecer, o incluso algo más. Es como si el cuerpo hubiese tomado nota de la falta de calorías, e hiciese acopio extra de grasas por si se vuelve a experimentar una restricción similar. Y es que el cuerpo está diseñado para sobrevivir, por así decir.
El segundo es que hacer dieta suele implicar renunciar a muchos de los alimentos que nos gustan. Así que cuando dejamos la dieta, volvemos a comer esos alimentos tanto como antes, o más. Y los kg también vuelven.
Por último, la mayoría de las dietas no incluyen un aumento de la actividad, que es vital para mantener un peso saludable. Así que cuando se deja la dieta, el peso vuelve a aparecer.
En realidad, hacer dieta puede ser perjudicial, no sólo porque la mayoría de las personas recuperan el peso que perdieron con creces, sino porque suelen basarse en forzar un desequilibrio (menos calorías, privación de ciertos nutrientes, o abuso de otros). De ahí que se desaconsejen enérgicamente las dietas en mayores de 70 años, ya que tienen menos capacidad para compensar excesos o carencias. Hasta a algunas personas las conduce a trastornos alimentarios, y a otras las sume en la frustración por fracasar repetidamente en su intento de perder peso, y en consecuencia, abandonan por completo la alimentación sana y la actividad física.
Entonces,
¿Qué se puede hacer?
Pues, para empezar, mejorar los hábitos alimenticios poco a poco. Se puede tener la tentación de revisarlo todo, e imponerse una severa dieta, casi como si fuese una penitencia. Pero a largo plazo tendremos más éxito asimilando los cambios gradualmente, introduciendo los buenos hábitos de uno en uno. Para seguir, hay que asimilar que una alimentación más saludable significa aprender sobre el equilibrio, la variedad y la moderación.
El equilibrio implica que, la mayoría de los días, comamos de cada grupo de alimentos: cereales, alimentos proteicos, verduras y frutas, y lácteos.
La variedad significa que no siempre elijamos una manzana como fruta, lubina como pescado, o pollo a la plancha, como carne. Que en cada grupo de alimentos tengamos alternativas, porque así será más probable obtener los nutrientes que se necesitan. Y de paso, ¡disfrutaremos más, que también cuenta!
La moderación es tan fácil (o difícil) como escuchar al propio cuerpo: comer cuando se tiene hambre, y parar cuando se está satisfecho. Una regla puede ser llenar 4/5 partes del estómago, no más. La moderación también significa no tomar ni mucho ni poco de una cosa. Todos los alimentos, si se comen con moderación, pueden formar parte de una alimentación saludable. Incluso los dulces, que tan mala fama tienen, pueden estar bien.
Por otra parte, es difícil exagerar la importancia del movimiento. Conviene hacer que la actividad física sea una cuestión cotidiana, como el cepillado de dientes. En este canal hemos tratado este tema desde distintos puntos de vista, seguro que encuentra algún vídeo interesante.
Un último aspecto, aunque quizá el más importante: Hay que ser muy conscientes de la manera de pensar, porque es la clave de qué sentimos y hacemos. Una trampa muy común en la que todos hemos caído es compararnos con los demás. La única comparación válida es con nosotros mismos. Y es que hay cuerpos sanos de todas las formas y tamaños. Nuestra cultura se centra demasiado en la delgadez, y ésta no es realista ni natural para la mayoría de nosotros. Sin embargo, nos sentimos mal cuando no podemos alcanzar una talla corporal tan poco realista. Hay que insistir en que el tamaño del cuerpo no es tan importante como estar sano.
Pero no miremos solo a la sociedad, también cuenta, y mucho, prestar atención al hambre y a la saciedad que sentimos; en particular, al porqué comemos, cómo, y cuánto. Ahí puede esconderse la verdadera razón de nuestro exceso de peso.
Merece la pena comprender qué factores influyen en lo que nos marca la báscula. Desde luego, los genes son los que más pesan, si me permitís el juego de palabras. Y es que el ADN determina desde el color del pelo a la forma de los dedos de los pies, pasando, por supuesto, por cómo acumulamos grasa. No hay más que ver las diferencias entre hombres, que tendemos a concentrar la grasa en el abdomen, y mujeres, que tienden a concentrarla en los muslos y caderas, y al envejecer, también en el abdomen. Esto no lo podemos cambiar. En nuestra herencia genética está también fijada nuestra tasa metabólica basal, es decir, el consumo de calorías en reposo. Hay personas que queman de manera natural más energía que otras, sin hacer nada. Esto no significa que no podamos hacer nada al respecto: la actividad física aumenta la tasa metabólica, en tanto que la dietas hipocalóricas la disminuyen, lo cual, paradójicamente, facilita el aumento de peso, porque no se queman las calorías tan rápido.
Como dijimos antes, en el peso influye mucho cómo respondemos a las señales de apetito y saciedad que nos manda el cuerpo: Las emociones y el fácil acceso a la comida rápida y a los tentempiés son algunas de las muchas cosas que influyen en nuestra elección de alimentos hoy en día. También influye la falta de tiempo, que lleva a muchas personas a comer en un horario irregular o a saltarse comidas. Las personas que lo hacen tienen más problemas para mantenerse en un peso saludable que las que comen regularmente.
Si a todo esto sumamos que puede ser difícil elegir comida saludable, entenderemos mejor lo fácil que resulta engordar. Por ejemplo, una galleta baja en grasa puede tener menos grasa, pero normalmente tiene un alto contenido en azúcar y el mismo número de calorías que una galleta normal.
Y por descontado que la actividad física regular es una parte importante para mantener un peso saludable que, además, nos permite sentirnos mejor, con más energía, e incluso quemar más calorías aun estando en reposo. Aun con sobrepeso u obesidad, se puede uno beneficiar de mejorar la forma física: es bueno para el corazón, los pulmones, los huesos y las articulaciones, y reduce el riesgo de infarto, diabetes, hipertensión y algunos tipos de cáncer. Es más, aún teniendo uno o más de estos problemas, ponerse en forma puede ayudarnos a controlar otros problemas de salud y a sentirnos mejor. Por supuesto, hablamos de actividad moderada, que suele ser segura para la mayoría de las personas, por muy mayores que sean. Pero en caso de dudas, es aconsejable dejarse asesorar por nuestro médico.
Y hasta aquí por hoy, espero que hayas encontrado esta información útil. En cualquier caso, muchas gracias por acompañarme hasta aquí. ¿Te animas a comentar, compartir o suscribirte?