
Si estás lees esto con una tensión arterial por encima de 160/100 (cualquiera de las dos, o las dos), ya puedes dejar de leer. Aquí nos proponemos argumentar sobre si tomar medicamentos o cambiar hábitos. Con más de 160/100, hay que tomar antihipertensivos. Y por supuesto, vendría muy bien adoptar cambios de estilo de vida, de por vida, con tal de reducir los riesgos de un ataque al corazón o un derrame cerebral, sea cual sea la cifra de hipertensión. Aunque con más motivo cuanto más alta sea.
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Pero acotemos un poco más: si estamos por encima de 140/90, y por debajo de 160/100, tiene sentido seguir leyendo. Estaremos en el rango de la tensión arterial alta, pero no muy alta.
Algunas personas logran reducir sus cifras de tensión adoptando ciertos cambios en el estilo de vida. Ahora bien, lograrlo depende de la tensión arterial inicial, de si hay otros problemas de salud, como la diabetes, y de si hay daños en algún órgano. Incluso el médico, antes de recomendar esta opción, puede tener en cuenta la probabilidad de desarrollar otras enfermedades, sobre todo cardíacas.
En este rango, los cambios de hábitos son tan importantes como los medicamentos para reducir la presión arterial, y por tanto, el riesgo de infarto e ictus. Esos cambios incluyen perder peso, comer de forma saludable, mantenerse activo, limitar el sodio y el alcohol y no fumar. Y si no resultan suficientes. el médico recomendará pastillas. Por cierto, no es fácil dar con la combinación efectiva de las mismas para mantener a raya la hipertensión: casi siempre se requieren 2 o más, y encontrar los fármacos y las dosis más efectivas es un ejercicio más o menos largo de ensayo y error.
Pero incluso con ellos, se necesitan hábitos saludables de por vida para reducir los riesgos asociados a la hipertensión.
Como vemos, hay buenas razones para tomarse en serio esta cuestión, ¿verdad? Por esto mismo es bueno conocer con suficiente certeza cuáles son nuestras cifras. Y es que no suele tomarse en consideración que la tensión varía a lo largo del día, que cambia de un brazo a otro, o hasta que puede haber un efecto “bata blanca”, esto es, que nos suba la tensión el hecho de que nos la mida personal sanitario. Por tanto, es buena idea contar con un tensiómetro en casa, de brazo o muñeca, con el que hacer las mediciones que queramos en reposo, en distintos momentos del día. Así, si de manera consistente están por encima de 140/90 (pero por debajo de 160/100, insistimos), tiene sentido darle una oportunidad a los cambios de hábitos, consensuándolos con el médico. Éste debe valorar sin concurren otros factores de riesgo que justifiquen una estrategia más enérgica, es decir, introducir tratamiento farmacológico. Hay ciertos factores de riesgo que, sumados a la hipertensión, seguramente inclinarán su decisión hacia la medicación, como fumar, tener el colesterol alto, tener sobrepeso, no hacer ejercicio, o tener una diabetes mal controlada. Hasta hay otros factores sobre los que no podemos hacer nada, como tener un padre o un hermano con enfermedad cardíaca antes de los 55 años, o una madre o hermana a la que se le ha diagnosticado antes de los 65 años; o tener más de 65 años. En definitiva, cuanto mayor es el riesgo, más sentido tiene un tratamiento farmacológico, pues el balance riesgo-beneficio será más favorable. Y será más efectivo si se acompaña de los cambios de estilo de vida, claro está.
Ya sé que me estoy poniendo pesado con esto, pero hay buenas razones para ello:
¿Por qué son tan útiles los cambios en el estilo de vida?
Porque pueden bajar la tensión alta sin medicación, o reducir la dosis necesaria, si es que ya está establecida. De hecho, la mayor reducción del riesgo de ictus y ataque cardíaco se consigue combinando cambios en el estilo de vida y medicamentos.
Y, ¿de qué cambios hablamos? Pues:
-Si hay sobrepeso, es bueno saber que perder tan solo 4,5 kg puede ayudar a reducir la tensión arterial.
-La actividad física reduce la tensión arterial, especialmente si se empieza desde cero. El ejercicio también ayuda a controlar el peso, pero funciona incluso sin perderlo. Eso sí, conviene asesorarse a través del médico sobre el nivel adecuado de actividad. Normalmente, hay que procurar hacer ejercicio moderado al menos 2 horas y media a la semana, o una actividad vigorosa al menos 1hora y cuarto a la semana.
-Reducir la sal si el consumo es excesivo puede ayudar a controlar la tensión arterial alta.
-Comer alimentos saludables para el corazón también puede ayudar a reducir la presión arterial.
-Beber más de tres bebidas alcohólicas al día puede aumentar la tensión arterial, al tiempo que puede interferir con algunos antihipertensivos. Por tanto, limitar el consumo de alcohol a entre cero y dos bebidas al día en el caso de los hombres, y entre cero y una en el caso de las mujeres, puede ayudar a reducir la tensión arterial.
-Y por supuesto, dejar de fumar es importante para reducir el riesgo de infarto de miocardio e ictus.
En todo caso, es prudente acordar con el médico un plazo de tiempo, por ejemplo, entre 3 y 6 meses, para comprobar si estas medidas surten efecto.
¿Qué favorece que el médico opte por antihipertensivos?
Los médicos suelen tomar decisiones apoyándose en las mejores evidencias disponibles, y estas dicen que los beneficios de la medicación compensan los riesgos cuando:
-Hay daños en ciertos órganos, o existen otros problemas de salud, como insuficiencia cardíaca, enfermedad coronaria, diabetes o enfermedad renal.
-Se tienen uno o más factores de riesgo, mencionados antes, de sufrir un ataque al corazón o un ictus.
– Sencillamente, los cambios en el estilo de vida no han reducido su presión arterial hasta el nivel objetivo.
En resumidas cuentas: Si hablamos de una hipertensión comprendida entre los 140/90 y los 160/100, cabe plantearse su reducción mediante cambios en el estilo de vida, como actividad física, comida cardiosaludable, perder peso, limitar el sodio, el alcohol, y dejar de fumar. Si esto no es suficiente, habrá que recurrir a fármacos, sobre todo si las cifras son altas, no ceden, y hay otros factores de riesgo que desaconsejan fiarse solo de los cambios de hábitos. Sin embargo, estos son aconsejables en todos los casos, se tomen o no pastillas.
Y hasta aquí, por hoy. Espero que hayas encontrado esta información útil, que comentes, compartas y te suscribas: estamos buscando temas interesantes constantemente. ¡Muchas gracias!