
Todos nos sentimos cansados de vez en cuando, pero después de haber dormido bien, la mayoría se siente listo para enfrentarse a un nuevo día. Si el cansancio nos dura semanas, deberíamos consultar al médico para averiguar qué causa la fatiga. Puede que recomiende que nos volvamos más activos, lo cual, paradójicamente puede reducir el cansancio, y mejorar la calidad de vida. Pero no nos adelantemos, antes de ver las soluciones, conozcamos algo más de las posibles causas.
(Si lo prefieres, puedes recibir esta información en formato vídeo).
Enfermedades que causan fatiga.
A veces la fatiga puede ser la primera señal de alarma de que algo va mal en el organismo. Se sabe, por ejemplo, que quienes padecen artritis reumatoide se suelen quejar de fatiga, así como las personas con cáncer; en este caso, por la propia enfermedad, por el tratamiento, o por ambas razones. Como vemos, una enfermedad, o su tratamiento, pueden producir fatiga. Hagamos un repaso de ellas:
- Apnea del sueño, y otros trastornos del sueño.
- Anemia.
- Infecciones.
- Dolor que no está siendo tratado, y enfermedades como la fibromialgia.
- Ciertos medicamentos para tratar el dolor, o las náuseas, así como algunos antidepresivos, y antihistamínicos.
- Algunos tratamientos como la quimioterapia o la radiación.
- La recuperación después de una cirugía importante.
- Enfermedades crónicas como la ya mencionada artritis reumatoide, la diabetes, la enfermedad cardíaca, la renal, la hepática, la tiroidea, o la EPOC, esto es, la Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica.
Saber qué causa la fatiga es el primer paso para solucionarlo, ¿verdad? Pero la causa puede ser aún más sutil, y difícil de reconocer:
Emociones que causan fatiga.
El miedo al futuro, la ansiedad por el deterioro de la propia salud, y quién nos cuidará, hasta el hecho de dejar de importar a los demás, nos puede pasar factura, y acabar con nuestras energías.

Se sabe que la ansiedad, la depresión, el duelo por la pérdida de familiares y amigos, el estrés por problemas financieros o personales, o la sensación de estar perdiendo el control de la propia vida pueden dejarnos exhaustos. Es fácil comprender que todos estos problemas pueden quitarnos el sueño, y en consecuencia, aparezca la fatiga.
El ejercicio físico regular puede mejorar el sueño: por una parte, reduce los sentimientos de depresión y estrés, y por otra, levanta el ánimo y aumenta el bienestar general. Como alternativas, se puede recurrir al yoga, a la meditación, o a la terapia cognitivo-conductual. Y desde luego, si no podemos regularnos solos, tal vez lo logremos con ayuda de nuestro médico.
Otras causas de fatiga.
A veces somos nosotros mismos, con nuestro estilo de vida, los que podemos estar fatigándonos:
- ¿Nos acostamos muy tarde? ¿Nos acostamos aproximadamente a la misma hora? Porque si tenemos malos hábitos de sueño, difícilmente podrá ser reparador, ¿verdad?
- ¿Qué hay de la cafeína? Tomar demasiada, y sobre todo, cerca del anochecer, compromete nuestro descanso. Y ojo, que el té también tiene cafeína, que es la teína.
- ¿Y el alcohol? De sobra sabemos que éste altera nuestro comportamiento, además de interactuar con casi cualquier medicamento. Así que, como siempre, la moderación y el control es lo que mejor nos sentará.
- ¿Nuestra comida es realmente nutritiva? Porque si no nos aporta la energía que necesitamos, tanto en la forma como en la cantidad, tendremos un problema. Por ejemplo, si abusamos de los carbohidratos de absorción rápida, es fácil que decaiga nuestra energía a las pocas horas de haber comido.
- ¿No practicamos ningún ejercicio? ¿O tal vez lo practicamos en exceso? Nuevamente, la moderación es nuestra mejor aliada.
- ¿Nos aburrimos? Puede parecer extraño, pero el aburrimiento puede hacer que uno se sienta cansado. Si una persona ha tenido una ocupación muy absorbente durante sus años en activo, al jubilarse puede sentirse desorientada, y no tener ni idea de cómo ocupar sus largos días, sin planes a la vista. Pero no tiene que ser así. Participar en actividades sociales y productivas puede ser la respuesta. Es cuestión de pensar en las cualidades propias, en qué sabemos y con qué habilidades contamos, qué nos interesa, y canalizar esas energías en actividades de voluntariado, por ejemplo.

Cómo combatir la fatiga.
Antes de recurrir a la Medicina, ¿qué tal probar algunos cambios en el estilo de vida?
- Una vez más insistiremos en las bondades del ejercicio regular. En este blog ya lo hemos tratado, respondiendo a preguntas frecuentes, y considerando estrategias para integrarlo en la vida de una persona mayor; el denominador común es que es apto para casi cualquier edad y condición física. Aún así, si uno tiene dudas, siempre se puede consultar con el médico sobre si hay alguna actividad que se deba evitar. Pero merece mucho la pena dar este paso, si aún no se ha dado, porque se puede mejorar el apetito, el estado de ánimo, y la vitalidad (sobre todo, con ejercicios que combinan el equilibrio y la respiración, como el yoga o el tai chi).
- Hay que evitar las siestas de más de media hora, sobre todo, tarde en el día, porque aturden y dificultan conciliar el sueño nocturno.
- Dejar de fumar es una estrategia muy interesante, porque se relaciona con muchas enfermedades y trastornos, como el cáncer, las enfermedades cardíacas y los problemas respiratorios, y todos ellos nos restan vitalidad.

- Pedir ayuda cuando se necesita. Y es que, muchos de nosotros nos sobrecargamos de obligaciones, hasta el punto de que tan solo pensar en los horarios y deberes ya cansa. Delegar y compartir la carga aliviará la fatiga, al tiempo que la puede hacer más breve y placentera.
¿Y si no basta con esto?
Si tras aplicar estas ideas por unas semanas no se ha alcanzado ningún alivio, habrá llegado el momento de visitar al médico. Éste formulará preguntas sobre el sueño, las actividades diarias, el apetito y el ejercicio, puede que haga un examen físico y que pida algún análisis de sangre.
El tratamiento lo establecerá en función del historia clínica y los resultados del laboratorio. Puede que recete medicamentos para tratar problemas de salud subyacentes, como una anemia, o una actividad inconsistente de la tiroides. Tal vez su intervención se centre en dar pautas para una dieta bien equilibrada, junto con un programa de ejercicios.
Hay que decir que, aparte de la fatiga descrita, existe el síndrome de fatiga crónica (SFC), también conocido como encefalomielitis miálgica (EM). Se trata de una afección en la que la fatiga dura 6 meses o más, y no se asocia a otras enfermedades. Las personas con este síndrome experimentan síntomas que dificultan actividades básicas como vestirse o bañarse. Esta fatiga no remite con el reposo, puede conllevar dificultades para conciliar el sueño, problemas de memoria y concentración, así como dolor, mareos, dolor de garganta y nódulos linfáticos sensibles. Lamentablemente, no tiene cura, ni hay ningún tratamiento aprobado para tratar el síndrome de fatiga crónica, en el momento de escribir esto. La forma de afrontarlo consiste, básicamente, en tener muy en cuenta lo que hemos dicho, y si se quiere ampliar información, está en los enlaces en este párrafo.
Es todo por hoy, ¡muchas gracias por leer! ¿Te animas a comentar, compartir o suscribirte?