
Como cuidadores podemos encontrarnos ante una persona que se niega a asearse, ya sea por miedo, porque no se siente segura, o por olvidar los hábitos higiénicos. Sea cual sea la razón, siempre podemos seguir unas pautas para recuperar los buenos hábitos higiénicos:
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- Hay que buscar una solución sin entrar en discusiones ni imponernos por la fuerza.
- Una buena idea es dar una razón, como ir al médico, dar un paseo, o anunciar una visita. Si aun así se resiste, podemos volver a plantearlo más tarde, cuando esté de mejor humor.
- Sopesaremos si puede pasar sin ducharse, o si merece la pena insistir, alterando por tanto su estado emocional general.
- En último caso, una limpieza con esponja puede ser una solución temporal.
- En la medida de lo posible, hay que amoldarse a la rutina de higiene que tenía la persona antes de ser dependiente.
- Debemos facilitar el aseo, que no le dé pereza por lo mucho que comporta. Ni miedo porque tema caerse, por ejemplo: hay que procurar que el riesgo sea tan bajo como sea razonablemente posible.
- Y relacionado con la seguridad está la tranquilidad, evitar ruidos, evitar prisas…
- Conviene proporcionar intimidad, haciendo que la persona se sienta cuidada, pero no vigilada.
- La comodidad es un elemento importante, la temperatura del aseo, del agua, la luz…
- Ayuda mucho convertir el aseo en un acto rutinario, a la misma hora, con los mismos útiles, en fin, casi convirtiendo la higiene en un rito.
- Otro recurso es hacer comentarios acerca de lo bien que está la persona limpia, y lo bien que huele. Podemos ser especialmente afectivos cuando esté duchada y bien vestida. Y abstenernos de hacer comentarios cuando no se asee.
- Puede que el deterioro cognitivo le haya hecho olvidarse a la persona de los hábitos higiénicos o de las maniobras, en cuyo caso podemos recordárselas haciendo que nos imite, o iniciándolas para que las termine por su cuenta.
- Es recomendable que sea una única persona la que se haga cargo del aseo, de poder ser, del mismo sexo, y con quien más confianza tenga. Si aun así siente vergüenza, se puede duchar con una camiseta puesta. Y si tiene miedo de quemarse, dejaremos que toque antes el agua.
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