
Si nuestro familiar anda sin cesar de un lado para otro, sin rumbo fijo ni razón aparente, sufre lo que se llama deambulación errante. Suele obedecer a desorientación, aburrimiento, o a alguna necesidad física que no consigue expresar. No supondría problema si no fuese porque puede ponerse en peligro, perderse o caerse. Vamos a ver qué podemos hacer.
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- La deambulación en sí no es un problema, por lo que no hay que erradicarla si de ella no se derivan consecuencias negativas.
- Observando a nuestro familiar aprenderemos a anticipar las condiciones que dan pie a esta conducta. Y la mejor forma de evitarlas es ocupando su tiempo con actividades gratificantes, como los paseos, juegos, clasificar objetos, atender a las plantas o a las mascotas…En definitiva, que no se sienta solo ni aburrido.
- También un ambiente relajante, sin excesivos estímulos visuales ni sonoros, ayuda a que la persona permanezca tranquila. Podemos probar con un baño caliente, o con música suave, que ya sabemos que amansa a las fieras.
- El mantener a la persona activa con ejercicio físico, con actividades repetitivas, y fomentando la relación con otros es una estrategia muy apropiada.
- Sabemos que los objetos familiares, conocidos, transmiten tranquilidad. Y las personas, por supuesto: debemos ofrecer ayuda y seguridad.
- Algunos medicamentos pueden favorecer la deambulación, por lo que conviene reflexionar sobre esta posibilidad con el médico.
- Conviene proporcionar un entorno seguro para la deambulación eliminando obstáculos y delimitando bien los espacios por los que permitiremos que ande. Asimismo, el colocar señales para identificar el aseo, o fotos para saber de quién es cada habitación será de gran ayuda para que la persona se oriente.
- Para evitar que se vaya de la casa en un descuido, una buena idea es desactivar el tirador de la puerta, y poner un cierre en algún lugar poco común, como cerca del suelo, o por encima de la altura de lo ojos.
- Existen soluciones de alta tecnología que permiten localizar a la persona si se extravían o generan alarmas si se salen de un entorno seguro.
- También hay soluciones de baja tecnología, como cruzar una cinta en el pasillo con una señal de prohibido el paso, o disponer plantas, biombos o muebles para disimular la salida. También podemos disponer algún avisador que suene si abre la puerta.
- Lo mismo que ponemos obstáculos para salir, podemos disponer objetos que llamen mucho su atención, y un asiento muy cómodo para que abandone la idea de irse.
- Algunos pacientes con demencia pueden interpretar una alfombra negra como un agujero infranqueable.
- El guardar bien objetos sin los que no sale a la calle puede ser una forma fácil de evitar que se vaya: cartera, abrigo, gafas…
- En situaciones extremas, puede ser necesario colocar a la persona en una zona segura y cerrada. Pero recordemos que esto atenta contra sus derechos, por lo que debe considerarse solo como una medida excepcional.
- Si va a salir de todas maneras, será buena idea dejarle una tarjeta o pulsera de identificación con las señas del domicilio y nuestro teléfono. Y correr la voz entre los conocidos por si lo ven solo en el calle. También podemos aprovechar para salir con la persona a pasear.
- El tener rutinas estables proporciona tranquilidad, todo lo contrario que los cambios bruscos (de domicilio, reformas, actividades…). Por la misma razón, conviene evitar viajes o visitas largas e innecesarias, especialmente si se trata de lugares no familiares.
- Por último, hay que tratar de no recompensar este comportamiento prestándole atención a nuestro familiar cuando aparecen estos episodios. Es mejor reforzar los momentos en que está tranquilo.
Es todo por hoy, espero que hayas encontrado estas claves útiles. ¡Muchas gracias por leer! ¿Te animas a comentar, compartir o suscribirte?