
Si ya de por sí es todo un reto cuidar de un dependiente, la cosa puede volverse muy cuesta arriba si tenemos que tratar con alguien malhumorado, que nos amenaza o insulta, trata de agredirnos o de lesionarse.
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Hoy vamos a ver cómo prevenir estas situaciones, y cómo actuar ante ellas:
Cómo prevenir agresiones.
- Podemos identificar los desencadenantes de su comportamiento, e intervenir en ellos. Puede tratarse de cansancio, de miedo, de factores estresantes, como tareas muy complejas, cosas que no entiende, frustración por ser dependiente, etc.
- Como venimos explicando, la distracción va a ser una gran aliada para controlar comportamientos problemáticos.
- Muchas veces, la conducta agresiva está relacionada con el deterioro cognitivo. Por eso, hay que evitar las actividades o circunstancias que puedan causar confusión o molestia en la persona, como ruidos, movimientos bruscos, hablar demasiado bajo como para que oiga cómodamente, frío o calor, ropa incómoda, etcétera. Por la misma razón, conviene mantener a la vista objetos que le resulten familiares, como muebles o fotografías, y carteles que le ayuden a orientarse en la vivienda.
- Las rutinas y el ejercicio físico son dos buenos aliados para inducir tranquilidad.
- Las actividades en las que involucremos a nuestro familiar deben ser a prueba de frustraciones, es decir, que sean sencillas, o que se compongan de pasos fáciles. Muy a menudo la agresividad es fruto de la frustración.
- No podemos premiar la agresividad con nuestra atención, hay que ignorarla siempre que sea posible. Por el contrario, hay que elogiar y recompensar los comportamientos amables, tranquilos, pacíficos y colaborativos.
- Si a la persona que se comporta agresivamente se le proporcionan actividades incompatibles con ese comportamiento, estaremos facilitando una alternativa de actuación. Se entenderá mejor con un ejemplo: si empieza a elevar el tono contra mí, puedo decir: “me voy a sentar a tu lado para que me expliques qué pasa”. O “te voy a coger del brazo, y nos vamos a dar un paseo para que me cuentes qué te ocurre”. La idea aquí es anunciarle nuestros movimientos para que no interprete nuestros gestos como una amenaza. Si durante la ducha empieza a darme manotazos, pediré que sujete la esponja y el gel. Si quiere pegarme desde su sillón, me sentaré a su lado, sonriendo, y manteniendo sus manos ocupadas.
- Desde luego, se puede hablar con el médico de cómo prevenir estos comportamientos, pero la medicación no debería ser la primera medida.
Bien, hasta aquí hemos visto cómo anticiparnos a las agresiones, vamos a ver ahora
Cómo actuar ante agresiones.
- En todo caso, hay que mantener el aplomo, la templanza, y no responder de forma impulsiva, con movimientos bruscos, con gritos o amenazas.
- Es una pérdida de tiempo y energías tratar de razonar, o enfrentarse. Tan solo trataremos de calmar a la persona, preguntándole qué sucede, y tratando de distraerla con alguna otra actividad.
- Conviene quitar de su vista objetos peligrosos que pueda lanzarnos, con los que pueda cortarnos o cortarse…
- Si hay agresión, nos retiramos fuera de su alcance, pero manteniéndonos a la vista. Y cuando las circunstancias lo permitan, anunciaremos nuestros movimientos de acercamiento, para que no pueda interpretarlos como amenazas.
- No debemos tomarnos la agresividad como algo personal, ni agrandar el problema siendo alarmistas: “Dios mío, por qué me tiene que pasar esto a mí, un día va a ocurrir una desgracia…”. Esto no ayuda a resolver nada, al contrario. Tampoco conviene extender la alarma a otras personas, es mejor tratar de solucionar el problema con la persona.
- No es buena idea provocar con amenazas, bromas o tomaduras de pelo, estas respuestas pueden aumentar la agresividad.
- Y si se nos pasa por la cabeza sujetar a la persona, mejor desechar la idea, porque si la persona siente que no puede escapar, es probable que se ponga más agresiva.
Esto es todo por hoy, ¡muchas gracias por leer! ¿Te animas a comentar, compartir o suscribirte?