Enfermedad renal crónica

Los riñones son órganos ubicados en la zona lumbar por debajo de las costillas, a ambos lados y por delante de la columna.

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Su función es eliminar del cuerpo, por la orina, los desechos generados, el exceso de agua, y regular la cantidad de elementos químicos que necesitamos, como pueden ser el sodio, el potasio, el fósforo o el calcio. Además, también regulan la presión arterial, participan en la activación de la vitamina D (necesaria para mantener unos huesos sanos) y en la producción de la eritropoyetina (necesaria para producir los glóbulos rojos de la sangre en la médula ósea).

La enfermedad renal crónica consiste en la lenta pérdida de la función de los riñones.

¿Qué puede provocar que los riñones dejen de funcionar?

Las principales causas son la diabetes y la hipertensión arterial mal controladas. Otros factores de riesgo son

  • Enfermedad cardiovascular.
  • Historia familiar de enfermedad renal.
  • Edad avanzada.
  • Colesterol y/o triglicéridos elevados.
  • Consumo crónico de determinados fármacos, como los antiinflamatorios no esteroideos (ibuprofeno, naproxeno, etc.), litio, mesalazina, ciclosporina, tacrolimús…
  • Tabaquismo.
  • Obesidad.
  • Insuficiencia renal aguda severa no resuelta.

Otras causas son las inflamaciones agudas o crónicas de los riñones (nefritis), enfermedades de las vías urinarias que las obstruyen o que provocan reflujos, infecciones crónicas de los riñones u otras causas menos frecuentes. No obstante, a veces no se llega a saber la causa concreta que ha provocado que los riñones dejen de funcionar bien.

¿Qué pasa cuando los riñones no funcionan bien?

Pues que se acumulan en la sangre y en los tejidos los productos de desecho que generamos, y a menudo también el agua, que los riñones no son capaces de eliminar. Esto se llama insuficiencia renal.

Cuando es leve puede pasar desapercibida, ya que la mayoría de las veces la causa “no duele”, ni suele provocar ningún síntoma. Solo se detecta en análisis de sangre y de orina.

Los síntomas más comunes de la insuficiencia renal crónica son la inapetencia, sensación de malestar general y fatiga, calambres, mal sabor de boca, picor generalizado, sequedad de piel, náuseas y pérdida de peso. En casos más avanzados hay retención de líquidos (piernas hinchadas), disminución de la cantidad de orina y dificultad para respirar.

Finalmente, cuando la insuficiencia renal avanza, acaba provocando trastornos del estado general importantes, retención de líquidos e hipertensión arterial. Los riñones no ayudan a fabricar correctamente la vitamina D, lo que, junto con la retención de fósforo, provoca que los huesos se debiliten. También, los riñones dejan de producir eritropoyetina y aparece la anemia. Además, algunos de los medicamentos que tomamos no se eliminan correctamente, por lo que pueden acumularse en el organismo y aumenta el riesgo de efectos adversos si no se llevan a cabo los ajustes adecuados. Una insuficiencia renal muy avanzada llega a ser incompatible con la vida si no se instaura un tratamiento substitutivo de la función renal.

Los síntomas que cabe esperar cuando la función renal empeora son:

  • Vómitos, a menudo por la mañana.
  • Somnolencia o problemas para concentrarse o pensar. Pero también insomnio.
  • Dolores de cabeza, dolor en los huesos, entumecimiento o hinchazón en las manos y los pies, calambres.
  • Mal aliento, sed excesiva, hipo frecuente. Dificultad para respirar.
  • Problemas con la actividad sexual, y cese de la menstruación (amenorrea).

¿Cómo se detecta la enfermedad renal crónica?

Con un análisis de sangre y/o de orina; y según la evolución se puede saber si estamos ante una insuficiencia renal aguda o una enfermedad renal crónica.

Hay dos herramientas principales:

  • La filtración glomerular da una idea de la función de los riñones y se estima por el nivel de creatinina (un producto del metabolismo muscular) y la aplicación de unas fórmulas matemáticas que la relacionan con la edad y el sexo de la persona.
  • La albuminuria es la detección de albúmina (un tipo de proteína) en orina, que en condiciones normales se detecta en muy poca cantidad y que cuando aumenta indica daño en el riñón.

¿Qué puedo hacer para mejorar?

Sin duda, controlar todas las posibles causas que hemos descrito, y acudir al médico, que tras unos análisis básicos posiblemente remitirá al nefrólogo. Éste hará otras pruebas para estudiar las causas del fallo renal, y finalmente indicará un tratamiento. Si el proceso está avanzado las soluciones pasan por diálisis periódicas, es decir, utilizar máquinas para suplir el trabajo de los riñones, y retirar del organismo los desechos diarios que deberían salir por la orina.

El nefrólogo valorará otras posibles insuficiencias: el fallo renal condiciona que los glóbulos rojos se fabriquen mal, y por tanto aparezca anemia, y que la vitamina D no se active bien, baje el nivel de calcio y, debido a ello, se pierda masa ósea. Será muy importante controlar bien la tensión arterial, el azúcar, beber líquidos adecuadamente y, en las fases avanzadas, evitar los alimentos ricos en potasio, como el plátano. Y en ocasiones, también habrá que restringir el aporte de proteínas.

Aparte de tratar de llevar un estilo de vida saludable y acudir a las revisiones, convendrá evitar determinados fármacos lesivos para el riñón, como los antiinflamatorios no esteroideos (AINE).

Lo más seguro es que el nefrólogo recete medicación antihipertensiva, suplementos de vitamina D y calcio, y quelantes del fósforo para preservar los huesos; suplementos de hierro e inyecciones de eritropoyetina (para mantener a raya la anemia), y diuréticos, para favorecer la orina y la regulación de la tensión arterial.

Y ahora, ¿qué?

A muchas personas no se les diagnostica la insuficiencia renal crónica hasta que han perdido gran parte de su función renal.

No hay una cura para esta enfermedad. Pero tenemos tratamientos como las diálisis y el trasplante renal que ayudan mucho a vivir con calidad mucho tiempo.

Si el nefrólogo dice que los riñones pueden fallar dentro de seis meses o un año, entonces es el momento de decidir la estrategia.

Si los riñones fallan, se requerirá una diálisis de emergencia. Esto significa que no se elige en las mejores condiciones, y puede amenazar la vida.

Por lo tanto, es conveniente planificar el futuro. Cuanto antes se empiece a preparar un tratamiento, mejor será el resultado. Hablar con familiares y seres queridos, así como otras personas que ya han tenido que afrontar este tipo de decisiones puede ser de ayuda.

¿Qué tipo de tratamientos sustitutivos renales existen?

Hay tres opciones: el trasplante renal (de donante vivo o no), la hemodiálisis, y la diálisis peritoneal. La mejor opción, si es posible, es el trasplante renal. En algunos casos incluso se puede hacer un trasplante renal anticipado, sin pasar por ningún tipo de diálisis. Para esto suele requerirse antes un donante vivo.

Estos planes no son rígidos ni cerrados, sino que el paciente puede pasar de uno a otro, ya sea por voluntad propia o por necesidad médica.

En ciertos pacientes de edad avanzada, o con otras enfermedades graves, es preferible un tratamiento conservador. Esta opción se ciñe a controlar los diferentes síntomas a medida que aparezcan conforme avanza la enfermedad.

En fin, espero haber sido de ayuda, y que vaya muy bien. ¿Te animas a comentar, compartir o suscribirte? ¡Muchas gracias!

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