Diálisis: preguntas frecuentes

La diálisis es un proceso que filtra los desechos de la sangre cuando los riñones fallan. No es una cura para la insuficiencia renal, pero puede ayudar a vivir más y sentirse mejor. De hecho, puede salvar la vida. Entonces, ¿dónde está la duda? Bueno, la diálisis también comporta riesgos, como bajadas de tensión arterial, calambres, infecciones (que pueden ser graves), y arritmias, entre otros. Puede implicar viajes frecuentes a donde se realizan los tratamientos. Consume mucho tiempo y puede afectar a la calidad de vida. Además, hay quien tiene que esperar más de dos semanas para que mejoren los síntomas. Si hay alguna otra condición de salud más grave, puede que no tenga sentido este tratamiento.

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Se trata de una decisión difícil que no debería tomar solo el médico. Vamos a ver qué hay que saber.


¿Qué es la insuficiencia renal?


Padecer insuficiencia renal crónica significa que, desde hace algún tiempo, los riñones no filtran la sangre como deberían. La función de estos es expulsar los productos de desecho y el exceso de líquido a través de la orina. Si esos desechos se quedan en el cuerpo, nos intoxicamos. En un determinado momento de la enfermedad renal crónica, es posible que se precise diálisis o un trasplante de riñón para vivir. Se tiene insuficiencia renal si se presenta una acumulación constante de líquido y síntomas de exceso de urea y otros desechos en la sangre. También la padece si una medida de su función renal, la tasa de filtración glomerular estimada, es demasiado baja.
Si aún no se tienen síntomas, se puede optar por iniciar la diálisis o esperar hasta que los resultados de los análisis muestren una función renal muy deficiente. Es posible que el médico recomiende iniciar la diálisis pronto, mientras la función renal no se ha deteriorado demasiado. Las razones son que con la diálisis se puede mejorar la nutrición, reducir la cantidad de líquido en el organismo y disminuir las probabilidades de ingresar en el hospital por complicaciones de la insuficiencia renal.

¿Qué es la diálisis?


La diálisis es un proceso mecánico que realiza el trabajo de los riñones sanos.
Hay dos tipos de diálisis: la hemodiálisis y la diálisis peritoneal. El médico puede recomendar la diálisis peritoneal si no se tienen buenos vasos sanguíneos para hacer un acceso vascular para la hemodiálisis. En cambio, puede recomendar esta última si se tienen problemas en el vientre, como una hernia o adherencias, o una enfermedad inflamatoria intestinal activa, como la enfermedad de Crohn, o una colitis ulcerosa.

¿Qué implica la hemodiálisis?

La hemodiálisis suele realizarse en un hospital o un centro de diálisis, normalmente, varias veces en semana: suele requerir 12 horas o más a la semana. Se usa una membrana artificial llamada dializador para limpiar la sangre.
Semanas o meses antes de empezar, el médico tiene que crear un acceso vascular para la diálisis. Ahí se insertan las agujas de diálisis, para transportar la sangre hacia y desde la máquina. A veces el médico construye una conexión, llamada fístula, entre una arteria y una vena del antebrazo. Otra opción es usar un tubo llamado injerto para conectar una arteria y una vena. A veces se coloca un tubo de plástico en el cuello, el pecho o el brazo, llamado dispositivo de acceso vascular central.
La diálisis se realiza bajo supervisión profesional, para vigilar cualquier problema. Aunque en algunos casos, la hemodiálisis puede hacerse en casa. Para ello, debe recibirse formación y disponer de espacio para la máquina de diálisis. En este caso, hay más margen para elegir la frecuencia y la duración de la diálisis.


Diálisis peritoneal


La diálisis peritoneal utiliza un filtro natural del interior del organismo -el revestimiento del abdomen, llamado membrana peritoneal- para eliminar los desechos y el exceso de líquido del cuerpo. También restablece el equilibrio normal de ciertos minerales en la sangre (electrolitos).
El líquido de diálisis llena el abdomen y extrae los minerales y líquidos sobrantes del torrente sanguíneo. A continuación, estos desechos se eliminan del organismo junto con el líquido de diálisis en una bolsa de recogida.
La diálisis peritoneal suele hacerse en casa a diario. De hecho, debe realizarse unas 4 veces al día, aunque a menudo puede hacerse mientras se duerme. Eso sí, hay que colocarse un catéter en el abdomen, como acceso para la diálisis.

¿Qué ocurre si no se hace la diálisis?


Los riñones seguirán fallando, lo que acortará la vida. Cuánto se viva depende del estado general de salud, aparte de la enfermedad renal, y de cuánta función renal queda.
A medida que avanza la enfermedad, la persona comenzará a:

  • Sentirse soñolienta y débil. Es posible que duerma más y necesite ayuda para caminar, bañarse e ir al baño.
  • Tener menos hambre. Es posible que coma y beba menos de lo normal.
  • Perder interés por la vida cotidiana. Puede perder interés por el mundo exterior y por los detalles de la vida cotidiana, como el día o la hora.

Llegados a este punto, es momento de pensar en los cuidados paliativos. Estos dan pie a plantearse objetivos personales, aliviar el dolor y cuidar de las necesidades emocionales y espirituales.


¿Por qué se plantea empezar la diálisis?


Porque el médico, considerando que no hay otros problemas de salud que puedan acabar antes con la vida, concluye que se necesita diálisis para vivir; y porque el paciente quiere más tiempo para pasar con sus seres queridos o para lograr otras metas vitales.

¿Cuándo recomiendan los expertos iniciar la diálisis?


Ni los expertos se ponen de acuerdo sobre cuál es el mejor momento para empezar, o cuánto tiempo hay que esperar. Por lo general, esperar significa de 6 meses a un año. Pero cuánto tiempo puede esperar el paciente depende su edad, y de su salud en general, además de sus riñones.
La mayoría de las personas se someten a diálisis o a un trasplante de riñón cuando presentan síntomas de insuficiencia renal o cuando la principal medida de su función renal (la tasa de filtración glomerular estimada) es inferior a 10 mililitros por minuto.
Las guías que usan los médicos sobre cuándo iniciar la diálisis incluyen síntomas de insuficiencia renal, problemas para controlar la tensión arterial, para controlar los líquidos y electrolitos, y problemas con la nutrición. Esas guías sugieren que estos problemas aparecen cuando la tasa de filtración glomerular se sitúa entre 5 y 10 ml/min. Pero eso son solo directrices. Es el paciente junto con su médico quienes deben decidir si iniciar la diálisis antes de que le aparezcan estos problemas.

De hecho, hay otras muchas cosas a tener en cuenta, además de la tasa de filtración. Hay que considerar:
Si se tiene hinchazón, náuseas u otros síntomas de insuficiencia renal.
La edad.
El estado de salud, aparte de la insuficiencia renal.
Cómo se siente el paciente: si tiene energía para realizar sus actividades diarias.
Y hasta la capacidad para realizar cambios en su estilo de vida y dedicar tiempo a la diálisis.


¿Por qué alguien se plantearía no someterse a diálisis?


Porque:

  • Se tienen otros problemas de salud graves que pueden acortar la vida.
  • No se quiere pasar el tiempo que queda en diálisis. Prefiere pasarlo cómo y dónde quiera.
  • Porque no se quiere tener que lidiar con los efectos secundarios de la diálisis, como presión arterial baja, espasmos musculares e infecciones.


Y hasta aquí por hoy, espero que hayas encontrado útil esta información. Para mí lo ha sido, porque al prepararme esta información he podido entender decisiones duras que se tomaron con un familiar cercano. Espero que vaya muy bien. Muchas gracias por leer. ¿Te animas a comentar, compartir o suscribirte?

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