Diabetes, ¿y ahora qué?

Dado que la diabetes se caracteriza por un nivel excesivo de azúcar en la sangre, el objetivo a corto plazo es bajarlo. Pero a largo plazo, lo que se pretende es minimizar las probabilidades de complicaciones, como la enfermedad ocular, la enfermedad renal, la cardiopatía, el ictus, y la neuropatía.

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Para conseguir estos objetivos, lo primordial es incidir en la actividad física y en la alimentación, porque de lo contrario, los fármacos acaban siendo ineficaces. Por tanto, es fundamental recibir la información adecuada y el apoyo necesario para realizar los cambios oportunos en el estilo de vida.

Tratamiento no farmacológico.

La diabetes mellitus de tipo 2 se puede controlar inicialmente con cambios en la alimentación y en la práctica de actividad física. Solo si estas medidas no son suficientes para bajar el azúcar, será necesario tomar medicamentos, empezando por metformina o insulina, si la hiperglucemia es muy seria. Pero antes de ello, hay que considerar 5 áreas en las que podemos intervenir:

1. Alimentación saludable y control de peso.

Las recomendaciones sobre la dieta debería individualizarlas un profesional competente. Y por competente no solo me refiero a que conozca en profundidad el historial clínico y las circunstancias individuales, también quiero decir que no se limite a seguir las corrientes dietéticas principales, que dicen que más de la mitad de la energía debe provenir de los carbohidratos, precisamente un macronutriente no esencial que eleva la glucosa y la insulina en la sangre. ¿No ven en ello una contradicción? Puede que las dietas bajas en carbohidratos merezcan la pena, porque además de incidir directamente sobre el origen de la enfermedad, serán muy útiles para controlar el peso, ya que la ganancia de peso está mediada en gran medida por la insulina. Así será más fácil aproximarse a un saludable índice de masa corporal de 25.

2. Actividad física regular.

El ejercicio baja el nivel de azúcar sin necesidad de medicamentos, ayuda a controlar el peso, mejora la circulación, aumenta el nivel de energía, y permite manejar mejor el estrés. Como vemos, hay buenas razones para mantener o iniciarse en la actividad física, eso sí, bajo supervisión profesional, ya que con diabetes hay que adoptar algunas precauciones, sobre todo, si hay alguna neruropatía en los pies, alguna afectación cardiológica, etcétera. Como guía general, son recomendables 2 horas y media caminando, pedaleando o nadando a buen ritmo al cabo de una semana. Asimismo, hay que combatir el sedentarismo, especialmente, el estar sentados más de hora y media.

También, y si no está contraindicado, es recomendable entrenar la resistencia con gimnasia un par de veces por semana, o más.

3. Dejar de fumar.

Fumar supone un mayor riesgo de morbilidad y mortalidad que cualquier otro parámetro fisiológico anormal. Se ha dicho que abordar otros problemas sin abandonar el tabaco es como reordenar las tumbonas en el Titanic. Por tanto, es el objetivo número 1, salvo si hay alguna otra condición que pueda tener efectos a corto plazo, como una crisis hipertensiva.

4. Situación psicosocial.

Más allá de los controles de cifras, ante todo, somos personas. Y las circunstancias en las que vivimos tienen un gran impacto en los resultados. Cómo evolucione la enfermedad dependerá de la propia actitud, de las expectativas, del estado de ánimo y de la calidad de vida en general. Por supuesto, también pesan los recursos financieros, sociales y emocionales, además de los antecedentes psiquiátricos. Ya vimos en su día la importancia que tienen para la salud física los aspectos sociales y mentales.

Por tanto, hay que valorar si hay depresión, si la enfermedad causa mucha angustia o ansiedad, si hay trastornos en la alimentación que corregir, o si hay deterioro cognitivo: se sabe que se duplica el riesgo de padecer Alzheimer en las personas con diabetes de tipo 2.

5. Vacunaciones.

Aunque las vacunas son fármacos, aquí nos referimos a intervenciones que no tratan directamente la diabetes, pero sirven para evitar complicaciones. A partir de los 2 años, se recomienda la vacuna neumocócica polisacárida 23. Los mayores de 65 no vacunados previamente deben recibir la vacuna neumocócica conjugada 13, y la 23, unos 6-12 meses después. Los mayores de 65 vacunados con la neumocócica polisacárida 23 deben vacunarse al año con la neumocócica conjugada 13.

Por último, los diabéticos entre los 19 y los 59 deben vacunarse contra la hepatitis B.

Tratamiento farmacológico.

Si no se consigue controlar la diabetes con las recomendaciones anteriores, el médico podrá recomendar fármacos para mantener la glucosa en niveles aceptables.

El tratamiento debe ser siempre individualizado, pero a veces hay varias opciones de tratamiento igualmente válidas para un paciente, en un momento dado. Pero las directrices comúnmente aceptadas son las siguientes:

  • La metformina suele ser la primera opción, si no hay contraindicaciones y se tolera bien, sobre todo, en pacientes con sobrepeso, puesto que reduce la mortalidad incluso con independencia de su efecto en los niveles de glucosa.
  • Los pacientes recién diagnosticados con muchos síntomas, o con glucemias o hemoglobina glicosilada muy elevada, pueden necesitar insulina, en combinación o no con otros fármacos.
  • Si el tratamiento con un fármaco distinto de la insulina, a la dosis máxima tolerada, no consigue controlar la enfermedad en 3 meses, habrá que añadir otro medicamento oral o insulina.
  • Para elegir el medicamento, el médico debe considerar la eficacia, el coste, los efectos adversos, especialmente, el riesgo de hipoglucemias, así como los efectos sobre el peso, la presencia de otras enfermedades, y las preferencias del paciente. Como vemos, ser un buen médico no es nada fácil.
  • El hecho de que se requiera insulina se considera algo normal dentro de la evolución de la enfermedad.

Una advertencia importante: estas recomendaciones no las expongo como una norma, no sustituyen el juicio clínico del médico, por supuesto, ni excluyen otras opciones terapéuticas igualmente válidas o complementarias. De hecho, se ha visto que reducir la hipertensión por debajo de 140/80 mm de Hg reduce la mortalidad, si bien no hay beneficios adicionales por debajo de 120, y sí complicaciones. También parece que la reducción de lípidos, así como la bajada de colesterol con estatinas junto con cambios en el estilo de vida pueden mejorar significativamente las expectativas de vida. En cambio, un control glucémico estricto, es decir, perseguir agresivamente que la hemoglobina glicosilada quede por debajo de 7,5% aumenta los riesgos de hipoglucemias y sus complicaciones.

Como ya me está quedando muy larga esta entrada, dejaremos para la siguiente las consideraciones particulares sobre los medicamentos existentes para tratar la diabetes. Muchas gracias por leer. ¿Te animas a comentar, compartir o suscribirte?

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