
Un desmayo es una pérdida breve y repentina del conocimiento. Cuando una persona se desmaya, suele caer al suelo. La mayoría de las personas, una vez tumbadas, se recuperan rápidamente.
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Hay una clase de desmayo llamada lipotimia que es una pérdida incompleta y fugaz del conocimiento, en la que las funciones cardíaca y respiratoria se mantienen. Puede darse por múltiples motivos y en cualquier edad. La falta de hidratación, sobre todo en verano, o la falta de aire por aglomeraciones de gente, suelen ser sus principales causas. Las bajadas del nivel de azúcar en la sangre también propician los desmayos.
La lipotimia o desvanecimiento cursa con síntomas como vértigo, cansancio, palidez, dolor de cabeza, trastornos visuales, mala audición, sudoración excesiva, y ocasionalmente dolor estomacal, entre otros, que avisan de su aparición, aunque no suele haber pérdida de conciencia.
Pero hay otro tipo de desmayo, el síncope, que cursa sin síntomas que anuncien la inminente y brusca pérdida de conciencia; la causa es una suspensión inesperada y transitoria de la acción del corazón.
Desmayarse una sola vez no suele ser motivo de preocupación. Pero es conveniente acudir al médico, porque los desmayos pueden tener una causa grave.
¿QUÉ HACER?
Ante una persona que ha sufrido una lipotimia o un desmayo repentino se debe: primero, comprobar que es solo un desmayo y que sigue respirando. Colocar a la víctima en un sitio que tenga buena ventilación, aflojarle la ropa para facilitarle la respiración, indicarle que respire profundamente, tomando aire por la nariz y expulsándolo por la boca. Pedirle que tosa varias veces: este estímulo hace que mejore el riego sanguíneo cerebral. Si está consciente, acostarle boca arriba y levantar las piernas para facilitar el retorno de sangre al cerebro. Si está inconsciente pero se ha comprobado que respira, colocarla de lado, para expulsar los eventuales vómitos. Si hace frío, evitar que la víctima se enfríe. Con ponerle un chaleco o una manta por encima es suficiente.
También es importante saber qué no hacer ante una lipotimia: No dar nada de comer ni de beber hasta que la persona esté totalmente recuperada, en cuyo caso se podrá dar agua. Nunca dejar a la víctima sola.
Si el desmayo dura más de cinco minutos es recomendable pedir ayuda médica. Puede que la persona sea diabética y la causa del desmayo sea una bajada repentina de azúcar. Si la persona comienza a convulsionar, es posible que se trate de una crisis epiléptica. En este caso se avisará a los servicios médicos y se apartarán los objetos con los que pueda colisionar la víctima para evitar daños mayores.
¿Qué provoca un desmayo?
Los desmayos se producen por una disminución del flujo sanguíneo al cerebro. Al perder el conocimiento, se suele acabar en el suelo, en posición horizontal. Esto favorece que llegue más sangre al cerebro, lo que a su vez ayuda a despertarse.
La mayoría de las causas de desmayo no suelen ser signos de una enfermedad más grave. En estos casos, el desmayo se debe a:
El reflejo vasovagal, que hace que el ritmo cardíaco disminuya y los vasos sanguíneos se ensanchen o dilaten. Como resultado, la sangre se acumula en la parte inferior del cuerpo y llega menos sangre al cerebro. Este reflejo puede desencadenarse por muchas causas, como el estrés, el dolor, el miedo, la tos, contener la respiración u orinar. Los desmayos provocados por el reflejo vasovagal suelen ser fáciles de predecir. A algunas personas les ocurre cada vez que tienen que ponerse una inyección o ven sangre. Hay quien sabe que va a desmayarse porque presentan síntomas previos, como sensación de debilidad, náuseas, calor o mareo. Después de despertarse, la persona puede sentirse confusa, mareada o enferma durante un rato.
Hipotensión ortostática, que es un descenso repentino de la tensión arterial al cambiar de posición. Puede ocurrir si uno se levanta demasiado deprisa, se deshidrata o toma determinados medicamentos, por ejemplo para la hipertensión.
Pero también hay otras causas de desmayo que revisten más gravedad. Entre ellas están:
Problemas cardíacos o vasculares, como un coágulo de sangre en los pulmones, un latido cardíaco anormal, un problema en una válvula cardíaca o una enfermedad cardíaca.
Problemas del sistema nervioso, como convulsiones, derrames cerebrales o accidentes isquémicos transitorios.
Por último, hay veces en que se desconoce la causa.
¿Cómo se diagnostica?
Para averiguar la causa de los desmayos, el médico realizará un examen físico y hará preguntas sobre el episodio.
Es posible que el médico quiera hacer pruebas que pueden incluir:
Análisis de sangre.
Pruebas cardíacas como un electrocardiograma, una monitorización ambulatoria (con un monitor Holter o un monitor de eventos, por ejemplo), un ecocardiograma o una prueba de esfuerzo.
Una prueba de mesa basculante. Con ella se evalúa la respuesta del cuerpo a los cambios de posición.
Pruebas para detectar problemas del sistema nervioso, como un TAC de la cabeza, una resonancia magnética del cerebro o un electroencefalograma.
¿Cómo cuidarse?
Si uno tiende a desmayarse en determinados momentos (como cuando le ponen una inyección o le sacan sangre), puede resultarle útil:
Sentarse con la cabeza entre las rodillas o tumbarse si uno nota que va a desmayarse, o se siente mareo, debilidad, calor o malestar estomacal.
Beber mucho líquido para estar bien hidratado.
Levantarse despacio.
Si los mareos o desmayos son continuos, habrá que consultar al médico; en concreto, hay que averiguar cuándo se puede volver a conducir sin peligro.
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