
Muchas personas con enfermedad coronaria sufren ansiedad o depresión. Ser un enfermo cardíaco puede ser muy duro de asumir, cambia profundamente la imagen que uno tiene de sí, así como sus expectativas. Por su parte, luchar contra emociones como la preocupación, la tristeza o el miedo supone un desgaste que hace más difícil mantener sano el corazón. Lo cual puede aumentar el riesgo de sufrir un infarto.
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Pedir ayuda al médico
A muchos les surge la duda de si comentar con su cardiólogo aspectos emocionales de la enfermedad. Dado que la salud emocional afecta a la física, es importante que el médico esté al corriente de todos los síntomas. Desde luego, cuanto antes los conozca, antes podrá hacer algo al respecto y, por tanto, mejorar el ánimo. Lo que favorece la adhesión al tratamiento. No solo se trata de tomar medicamentos, sino de seguir las indicaciones que tal vez sean más difíciles de acatar: las pautas de alimentación y ejercicio.
Pensar en sentimientos y síntomas
Es buena idea reflexionar con calma sobre los sentimientos y síntomas antes de acudir a la consulta. Al pensar en la ansiedad o la depresión, conviene centrarse en cómo afecta a la vida diaria. Hay que reconocer que esto suele ser difícil, pues no solemos ver los sentimientos como síntomas de salud emocional; por no mencionar lo raro que puede resultarnos hablar de ello al cardiólogo. En estos casos, puede ser útil hablar con alguien de confianza, que nos conozca bien, para que nos hable de qué cambios ha notado en nosotros. A veces, escuchar el punto de vista de otra persona puede darnos una mejor comprensión, o incluso hacernos reparar en aspectos que hemos pasado por alto. Ciertos cambios son muy paulatinos; y dada nuestra tendencia a normalizar los cambios, puede que hayamos experimentado una considerable deriva sin darnos ni cuenta.
Escribir sobre los sentimientos o síntomas puede ser de gran ayuda, porque obliga a pensar, a sopesar, a juzgar la importancia de lo que se siente. Por supuesto, leer ejemplos concretos, o ver vídeos sobre este tema, que no hay tantos, mejorará sin duda la comunicación con el médico; se podrá hablar con confianza sobre salud emocional y enfermedad cardíaca.
En concreto, hay que hablar sobre si uno se ha sentido decaído, deprimido o desesperanzado; de si se ha perdido interés por hacer cosas, o el placer de hacerlas. También hay que considerar si ha aumentado la ansiedad por cuestiones como el trabajo, las relaciones, la salud o el dinero. Sobre todo, si resulta difícil detener o controlar la preocupación.
Un caso
María pensó que necesitaría meses para recuperarse del infarto que sufrió hace dos años. No se imaginaba que necesitaría el mismo tiempo para recuperarse emocionalmente.
«Sólo tenía 52 años cuando tuve el infarto», dice. «Las cardiopatías son cosa de familia, pero creía que me cuidaba. Me vino de repente. Y luego tuve una insuficiencia cardíaca a causa del infarto. Así que ahora tenía un problema de salud que no iba a desaparecer».
El infarto y la insuficiencia cardíaca cambiaron la imagen que María tenía de sí misma. Durante meses, no pudo dar largos paseos por su barrio ni quedar con sus amigas para jugar al tenis.
«Pasé de ser una persona muy activa a apenas poder andar al principio», dice. «Cuando salí del hospital, tardé mucho tiempo en poder caminar siquiera una distancia corta. Me faltaba tanto el aliento que tuve que sentarme en el bordillo tres veces mientras intentaba dar la vuelta a la manzana».
María también se sentía deprimida por ser una «enferma del corazón» y por todos los medicamentos que tenía que tomar.
«Entré en una depresión terrible», dice. «Me sentaba en la mesa de la cocina y me sentía aterrorizada. No me sentía yo misma”.
Además de la depresión, María estaba muy preocupada. Se había sometido a rehabilitación cardíaca, así que estaba aprendiendo poco a poco a ser más activa. Pero le preocupaba que cualquier actividad pudiera dañar su corazón.
«Tenía la sensación de que me iba a dar otro infarto», dice. «Sentía que el corazón me latía con fuerza cuando subía las escaleras, aunque fuera despacio. Estaba convencida de que caería muerta justo en las escaleras. Sabía que tenía que buscar ayuda. No podía seguir triste y asustada todo el tiempo».
María habló con su pareja y con algunos de sus amigos íntimos sobre sus sentimientos. Le dijeron que era la misma persona. Pero ella sentía que necesitaba más. Su médico le recomendó psicoterapia.
“La psicóloga me ayudó a ver que me estaba centrando en todas las cosas que ya no podía hacer, en vez de en las que sí podía hacer. Tal vez no pueda jugar al tenis individual con la misma intensidad que antes, pero puedo jugar a dobles. Todavía puedo pasear y nadar. Puede que tenga que hacer más descansos, pero puedo seguir haciendo esas actividades».
Una de las formas en que la psicoterapeuta ayudó a María fue mostrándole cómo detener los pensamientos negativos cuando la abrumaban. «Me enseñó a reconocer cuándo me estoy diciendo cosas negativas y cómo pararlas. Luego practico decir algo positivo en su lugar».
Su médico también le recetó un antidepresivo, que María piensa tomar hasta que ella y su médico consideren que está preparada para dejarlo.
María ha recuperado muchas fuerzas. Sabe que tendrá días buenos en los que tendrá mucha energía y días malos en los que se sentirá cansada.
«Pero estoy mucho mejor que cuando estaba sentada en el bordillo de mi casa y me sentía triste. Vuelvo a disfrutar de mi vida».
En resumen
El impacto que supone una enfermedad cardíaca puede ser desconcertante, más de lo que uno es capaz de asumir. La rehabilitación cardíaca ofrece el apoyo, la atención que normalmente no puede ofrecer el cardiólogo. Incluye mucho más que ejercicios supervisados por profesionales: consejos basados en evidencia sobre alimentación, deporte y vida diaria. Pero sobre todo, supone una ocasión de oro para deshacerse de malos hábitos, como fumar o el consumo descuidado de alcohol. Y por último, pero no menos importante, supone un apoyo moral muy necesario y oportuno; no solo por parte de los psicólogos que forman parte del equipo de rehabilitación cardíaca, sino por poder conocer a otras personas que están pasando por lo mismo.
En fin, espero que haya sido útil esta información. ¡Muchas gracias! ¿Te animas a comentar, compartir o suscribirte?