
Muchas personas cuidan de algún familiar discapacitado o enfermo. Es una experiencia estresante, y sin embargo, con suerte y saber hacer, puede ser también gratificante. Hoy vamos a ver cómo lograrlo.
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Ser un buen cuidador se basa en 3 patas: Cuidarse, no cuidar demasiado, y pedir ayuda.
Cuidarse significa atender las necesidades propias básicas, como descansar, alimentarse bien y vigilar de cerca la propia salud. También es fundamental participar en actividades agradables.
No cuidar demasiado significa apoyar la autonomía de la persona a la que se cuida. Permitir que decida todo lo que pueda.
Pedir ayuda puede marcar la diferencia. A muchos nos cuesta reconocer que nos vendría bien una mano amiga, pero aquí, como casi siempre, el ego es nuestro enemigo.
¿Entramos en detalles? ¡Acompáñame!
1.- Cuidarse.
Este es el paso más importante como cuidador. Incluso en las mejores situaciones, cuidar es estresante, y puede comprometer la propia salud. El primer paso es informarse, como haces ahora. El siguiente es tratar de asistir a cursos sobre cuidados. Ahí no solo se intercambia información, sino experiencias, y se combate la sensación de aislamiento.
El ejercicio, por su parte, mejora el ánimo y propicia un mejor descanso, sobre todo, si no se practica muy tarde en el día. Quienes saben de esto recomiendan al menos 2 horas y media semanales de actividad moderada.
Ojo con las comidas y tentempiés. La presión puede llevarnos a sentir lástima de nosotros, y a concedernos demasiados caprichos. Cuando lo cierto es que las comidas sanas son fáciles de preparar, y nos dan más energía para aguantar el día.
En cuanto al descanso, si no se duerme lo bastante por la noche, hay que considerar las siestas. Y procurar dormir una vez a la semana a pierna suelta. Si no dormimos lo suficiente, enfermaremos.
Sentirse despejado es importante, pero también lo es tener energías. Y esto se logra concediéndonos tiempo para actividades que nos gustan, aunque solo sean unos minutos. Puede tratarse de leer, escuchar o hacer música, pintar, o ver nuestra serie favorita. Y si se trata de acudir a clases o a servicios religiosos, habrá que ponerse de acuerdo con alguien para que se quede con nuestro familiar una o dos horas un par de veces por semana, por ejemplo.
Las obligaciones hacia nuestro familiar no deberían poner en riesgo la propia salud. Primero, por nosotros, segundo, porque otra persona depende de nuestro estado. Por ello es importante acudir a las revisiones médicas que correspondan, incluyendo las citas con el dentista. Y estar atentos a los signos de la depresión, sean en uno mismo, o en la persona que cuidamos: si los sentimientos de tristeza y desesperanza se vuelven persistentes, hay que pedir ayuda. Puede venir de la mano de amigos, familiares, profesionales de la salud mental, o hasta de consejeros espirituales. ¿Por qué renunciar a cualquiera de ellas? Todo apoyo cuenta.
2.- No cuidar demasiado.
Como cuidador, tel objetivo es ayudar a la persona a controlar su propia vida, según su capacidad. Algunas formas de acercarnos a ese objetivo son:
Dejar que la persona tome tantas decisiones como pueda, como qué ropa ponerse, qué comer, y cuándo acostarse.
Si estamos ante algún grado de deterioro cognitivo, como una demencia, las tareas complejas se deberían dividir en pasos más sencillos. En lugar de decir: “ponte el desayuno”, será mejor: “¿sacamos los cereales? ¿vamos a por la leche?”
Ponerlo fácil. Siempre se pueden simplificar las cosas en casa, y proporcionar ayudas técnicas que favorezcan la autonomía. ¡Ah! Y seamos pacientes e indulgentes. De nada sirven estos esfuerzos si a la menor ocasión arremetemos con furia por los errores o la lentitud, ¿verdad? La perfección no existe. Por tanto, ¿por qué desvivirnos por lograrla? Al contrario, apoyemos y alentemos a que la persona intente de verdad hacer las cosas por sí misma. Está en juego también su autoestima.
También mejora sentirse útil el cuidar de algo. Por eso es buena idea asignarle a la persona cuidada el cuidado de alguna mascota o planta. El efecto puede ser sorprendente. Está comprobado que se vive más y mejor.
Desde luego, hay que adaptar las tareas a las capacidades reales. En caso de duda, el médico nos guiará sobre lo que es razonable pedir.
3.- Pedir ayuda.
La mejor respuesta a la pregunta «¿Necesitas algo?» es «Sí». «Sí, necesito que alguien se quede aquí para poder salir». O «Sí, me vendría muy bien una siesta».
Conviene tener una respuesta preparada por si la familia o los amigos se ofrecen a echar una mano; hay un sinfín de tareas para elegir: ir a por la compra, preparar comida, limpiar, relevar en los cuidados unas horas o días…
Si esas ofertas no llegan, no todo está perdido. Se puede contactar con voluntarios a través de una aplicación móvil, o contratar a profesionales que cuidan de personas mayores. Esto se conoce como servicio de relevo. Quizá es el más valioso. Y si la persona precisa atención sanitaria rutinaria, se puede concertar una estancia en una residencia para mayores durante los días que el cuidador necesite descansar. Es la evolución lógica de lo que se hacía en España hace unos años, cuando los familiares dejaban ingresado al abuelo durante las vacaciones, y presionaban para retrasar el alta hospitalaria.
Estas residencias suelen ofrecer dos niveles de cuidados. Los intermedios incluyen asistencia para ir al baño, vestirse y cuidados personales si no tienen problemas médicos graves. Los cuidados de enfermería especializada suelen ser para personas que acaban de salir del hospital o cuya condición de salud lo requiere. Hasta hay algunos centros que disponen de unidades especiales para personas con demencia.
Para casos no tan graves están los centros de día para mayores, lugares donde alguien que no requiere atención sanitaria especial puede quedarse y sentirse acompañado. Suelen abrir sus puertas en jornadas y horarios laborales. Además de comidas ofrecen actividades sociales, como bailes y fiestas.
Y para los que no pueden salir porque su salud está muy deteriorada, y de un modo irreversible, están los cuidados paliativos. No hablo necesariamente de sedación terminal, sino de servicios sociales, personales y médicos para quienes están en sus momentos finales, y prefieren quedarse en casa.
Esto es todo por hoy, espero haber proporcionado alguna idea útil. Si es así, habrá merecido la pena. Muchas gracias por haber llegado hasta aquí. ¿Te animas a comentar, compartir o suscribirte?