Complicaciones del duelo

Los problemas de salud que pueden surgir a raíz del duelo incluyen depresión, ansiedad, pensamientos suicidas y enfermedades físicas. Conviene distinguir un proceso normal de los trastornos serios para minimizar los daños. O dicho de otra manera: evitar que un proceso doloroso dé lugar a sufrimiento evitable, sea cual sea el modo en que este se manifieste.

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El luto es una respuesta natural a la pérdida de un ser muy querido. La pérdida puede causar tristeza y acaparar casi todos los pensamientos durante un tiempo. Sentirse triste y angustiado es muy normal durante el duelo.

Cada cual vive a su manera este reajuste emocional y vital que trae la muerte. Por eso es importante tener claro que no hay un periodo “normal” para este trance. Hay que sospechar de quienes hablan de un tiempo determinado para encajar una desgracia.

¿Cuáles son los síntomas más comunes?

Cabe esperar expresiones físicas, emocionales, sociales o espirituales de duelo. Uno puede sentirse conmocionado, embotado, triste, furioso, culpable, ansioso o asustado. Pero también se puede experimentar alivio, paz o felicidad.

La depresión es la afección más común en estos casos. También la ansiedad es frecuente, y puede durar más de lo esperado. Es posible que se vuelva intensa e incluya un sentimiento de culpa muy acusado. La ansiedad puede:

  • Dar la sensación de que se está perdiendo el control de las emociones.
  • Propiciar un miedo abrumador.
  • Desencadenar episodios de síntomas físicos (ataques de ansiedad) que se podrían confundir con un ataque al corazón. Durante un ataque de ansiedad, es probable tener una sensación de terror, dificultad para respirar, dolor u opresión en el pecho, cambios en los latidos del corazón, mareos, sudoración y temblores.

Si se padece una enfermedad crónica, los síntomas pueden empeorar. Incluso a veces surgen nuevos problemas de salud.

Por otra parte, el duelo puede causar problemas como dolores de cabeza, pérdida de apetito o dificultades para pensar o dormir. Es posible que uno tienda a aislarse, a no querer saber nada de amigos y familiares, o a comportarse de un modo poco habitual. Hasta puede que uno se cuestione sus creencias sobre la vida.

Por último, hay que decir que quienes sufren una pérdida traumática corren el riesgo de padecer un trastorno de estrés postraumático (TEPT). Se trata de una respuesta emocional y psicológica intensa a un suceso muy perturbador como suele ser la muerte. Los síntomas pueden aparecer justo después del deceso, o desarrollarse meses o incluso años después. Los síntomas pueden incluir:

  • Reexperimentación persistente y dolorosa del suceso en sueños (pesadillas) o despierto (un recuerdo muy vívido).
  • Insensibilidad emocional o incapacidad para sentir o expresar emociones hacia familiares, amigos y seres queridos.
  • Evitar cualquier recuerdo del suceso.
  • Enfadarse, excitarse o sobresaltarse con facilidad (hiperactivación).

El asesoramiento psicológico y los medicamentos pueden ser útiles para quienes sufren este trastorno.

¿Cómo afrontar el duelo?

Hay que ser paciente y amable con uno mismo. Las emociones difíciles que se experimentan con una pérdida son normales. Puede ser de ayuda hablar de los sentimientos con otras personas. Es buena idea buscar el apoyo de los seres queridos y considerar la posibilidad de unirse a un grupo que ayude a aliviar este trago amargo. Conviene buscar actividades agradables, así como formas de expresar los sentimientos, como escribir, o crear arte.

Duelo prolongado

El duelo prolongado también se llama a veces duelo complicado. Los síntomas incluyen:

  • Anhelo y añoranza del ser querido.
  • Soledad intensa.
  • Trastorno por los recuerdos del ser querido.
  • Dificultad para hacer las cosas cotidianas sin el ser querido.

El duelo prolongado es diferente del trastorno de estrés postraumático. En este, la persona está ansiosa y teme que el suceso traumático que causó la pérdida se repita. En el duelo prolongado, la ansiedad se debe a que la persona busca y añora a su ser querido.

En cualquiera de estos casos, conviene buscar ayuda de un médico o de un consejero profesional especializado en duelo.

Cómo proporcionar apoyo

Hay muchas formas en que los familiares y otras personas cercanas al doliente pueden prestar ayuda. La mejor manera de prestarla depende mucho de lo bien preparada que estuviera la persona para la pérdida, de su percepción de la muerte, así como de su carácter. También es importante tener en cuenta la edad de la persona y su madurez.

He aquí algunas formas de ayudar.

  • Animar a la persona a hacer el duelo a su propio ritmo.
  • El proceso de duelo no se desarrolla paso a paso ni de forma ordenada. Las personas no seguimos las fases descritas en los libros. Habrá días buenos y días malos.
  • Proporcionar apoyo y estar dispuesto a escuchar.
  • Ser sensible al efecto de las palabras. Son muy poderosas; tanto como los silencios. Por eso, cuando no se esté seguro de qué decir, conviene callar y escuchar.
  • Algunas personas agradecerán que se les visite con regularidad durante el primer año y los siguientes, especialmente en días importantes, como el aniversario de la muerte, las vacaciones y los cumpleaños.
  • Reconocer que la vida de esta persona ha cambiado para siempre.
  • Animar a la persona a participar en actividades que impliquen y construyan su red de apoyo.
  • Respetar las creencias personales de la persona. Esto implica escucharla sin emitir juicios.

Autocuidados

Hablar de la pérdida, compartir preocupaciones e inquietudes y obtener el apoyo de otras personas puede ayudar a vivir el duelo de forma saludable. Para conseguirlo, conviene:

  • Participar en los preparativos del funeral.
  • Descansar y dormir lo suficiente. De lo contrario, será más probable sufrir agotamiento, y dar pie a enfermedades físicas.
  • Comer alimentos sanos. Comer solo puede ser un obstáculo para ello, porque tiende uno a conformarse con cualquier cosa. Es buena idea compartir comidas o tentempiés con amigos o familiares. Y si no se tiene apetito, siempre se puede recurrir a refrigerios.
  • Hacer ejercicio. Caminar (sobre todo, acompañado) y otras formas de ejercicio, como el yoga, pueden ayudar.
  • Consolarse. Hay que dejarse reconfortar por entornos familiares y objetos personales significativos. Los objetos especiales, como fotos o una prenda favorita del ser ausente, también pueden animar.
  • Intentar mantenerse socialmente activo. Participar en el trabajo, la iglesia o las actividades de la comunidad puede ser de ayuda.
  • Rodearse de seres queridos y hablar de sentimientos y preocupaciones puede aliviar la sensación de soledad.
  • Evitar las soluciones rápidas. Hay que resistir el impulso de beber alcohol, fumar cigarrillos o tomar medicamentos sin receta (como somníferos). Bajo estrés emocional, estas conductas seguramente aumentarán los sentimientos y experiencias desagradables. Pueden enmascarar las emociones y obstaculizar el duelo normal y necesario.
  • Pedir ayuda. En momentos de angustia emocional, es bueno permitir que otras personas asuman algunas responsabilidades. Esto también los ayuda a ellos, porque les da la oportunidad de demostrar su cariño y preocupación por uno.

¿Cuándo pedir ayuda?

Hay que hacerlo cuando:

  • Uno siente que ha perdido el control, se siente inseguro o vacío (sin ningún sentimiento) durante más de un par de semanas.
  • Uno se preocupa por estar consumiendo sustancias para evitar emociones y pensamientos, como beber más alcohol de lo normal.
  • No acaba uno de dejar el duelo atrás.
  • Hay síntomas de depresión, como sentirse triste de manera continua y perder el interés por la mayoría de las actividades cotidianas.
  • No se deja de pensar en la muerte, autolesionarse, o el suicidio. Y es que, si con anterioridad se ha sufrido depresión o se han tenido pensamientos suicidas, es probable que se tengan ahora.

En todos estos casos hay que pedir ayuda, sobre todo, en el último escenario. En este medio ya hemos abordado con cierto detalle cómo abordar los indicios de suicidio. En resumidas cuentas, se trata de hablar con alguien de confianza abiertamente de lo que se siente. Y en caso de que la situación se vuelva crítica, siempre se puede acudir al teléfono previsto para estas eventualidades allá donde vivamos. Suele ser gratuito, y estar operativo las 24 horas del día. En España, el el 024.

En fin, espero que vaya muy bien. Que todo pasa, y las adversidades se superan mejor si se sabe cómo, ¿verdad? ¡Muchas gracias! ¿Te animas a comentar, compartir o suscribirte?

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