
El cuidado de una persona mayor suele requerir trabajo en equipo. Sea cual sea nuestro papel, incluso desde lejos podemos ser fundamentales, aunque solo sea para proporcionar un respiro a quien se encarga de los cuidados diarios.
(Si lo prefieres, puedes recibir esta información en formato vídeo).
Pero empecemos por el principio:
Distribución de responsabilidades.

Lo primero será organizar una reunión familiar, incluyendo, si procede, al beneficiario de los cuidados. Si es posible, es preferible verse cuando no hay una emergencia, del mismo modo que se repara mejor el tejado cuando luce el sol, ¿me explico? Una conversación tranquila sobre qué atención se necesita ahora y la que podría necesitarse en el futuro evitará malentendidos.
Para facilitar el reparto de tareas, ayuda mucho empezar nombrando a un cuidador principal, aunque no se necesite inmediatamente. De este modo puede debatirse más abiertamente sobre qué aportará cada cual para funcionar como un equipo. Lo ideal es explotar los puntos fuertes de cada uno, y armonizarlos con el resto para que queden bien cubiertas todas las necesidades fundamentales, y sin que se solapen las tareas de unos y otros.
Hay a quien se le da bien encontrar información y gestionarla, otros a quienes se les da bien animar, aunque sea por teléfono; en cambio, otros prefieren supervisar y coordinar. Los hay que se manejan con soltura hablando con médicos, otros que son mejores como contables. En fin, como vemos, tenemos material para empezar a hablar.
Pero además de los puntos fuertes conviene tener muy en cuenta los límites, tanto mentales como económicos de cada uno. Sin olvidar las circunstancias laborales y familiares, claro está. Conviene ser realistas desde el principio, y pensar en cómo ofrecer un respiro al cuidador principal. Tal vez haya que hacer arreglos contando con días festivos y vacaciones. Por otra parte, hay que ser conscientes de que estas responsabilidades se deberían revisar si cambian las circunstancias, tanto de las necesidades del beneficiario como de las limitaciones de cada miembro de la familia.
Cómo apoyar a un cuidador desde lejos.
Normalmente, el cónyuge o el hermano que vive más cerca se convierten en los cuidadores principales. A ellos hay que brindarles apoyo emocional, económico y respiro de cuando en cuando. Y la mejor forma de saber cómo ayudar es preguntando al cuidador principal. Aparte de esto, el mantener abierta una línea de comunicación con la persona mayor puede representar un alivio importante. Y es que sentirse escuchados tiene efectos sorprendentes, ¿verdad?
Un aspecto en el que los cuidadores a distancia pueden aportar más es en la búsqueda y contratación del personal más adecuado a cada caso, así como en en la búsqueda de centros especializados. Puede que resulte caro, pero quienes lo han probado están de acuerdo en que este apoyo es de un valor incalculable.

Y es que desde lejos se ven las cosas de manera distinta, y esto hace que esté en mejores condiciones para encontrar soluciones alternativas a las más obvias. Por ejemplo, considerando formas de financiar los cuidados de manera que puedan vivir todos mejor, tal vez vendiendo la nuda propiedad del inmueble donde vive la persona mayor, o alquilando una vivienda a su nombre para pagar la estancia en una residencia.
Incluso si el cuidador que vive lejos no es capaz de aportar una solución de este tipo, es evidente que puede colaborar en la administración de las finanzas, máxime considerando las facilidades que existen hoy en día para manejar asuntos a través de internet.
Esto es todo por hoy, ¡muchas gracias por leer! ¿Te animas a compartir, comentar y suscribirte?