Cómo afrontar la pérdida de audición

Lo más importante que puede hacer si uno cree que tiene un problema de audición es buscar asesoramiento profesional. Un primer paso sería informarse, por ejemplo, aquí. El siguiente paso lógico es acudir all médico de familia, que puede diagnosticar y tratar el problema. Pero si excede de sus competencias, nos derivará a un otorrinolaringólogo, que medirá con precisión la pérdida auditiva, y establecerá las medidas más adecuadas.

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Mientras llegan los resultados del tratamiento elegido, se puede recurrir al sentido común para mejorar la comunicación. Por ejemplo, elegir sitios con poco ruido de fondo, mantener un contacto visual, sin esconder la boca, pedir que se hable algo más alto y despacio (aunque sin gritar, y de modo natural), que se repita lo que no se ha entendido, acaso con otras palabras, y en definitiva, que se vocalice bien, que se pronuncien las palabras con claridad. Ah, por supuesto, respetar los turnos de palabra, y tener paciencia, cosa que vale como norma general. Hay quien va más allá, y desarrolla, entrenándose, la capacidad para leer los labios, ¿por qué no intentarlo, ¿verdad?

Dispositivos de ayuda para la pérdida de audición.

Ante determinados casos solo queda confiar en los audífonos, esos dispositivos electrónicos, con pilas, que amplifican el sonido. Existen muchos tipos de audífonos, desde los que se colocan tras la oreja hasta los que se sitúan parcial o completamente dentro del canal auditivo, pasando por los que se sitúan justo sobre éste. Si se tiene seguro de salud, puede que la compañía cubra en parte o totalmente el coste. También los hay de venta libre, y con un coste cada vez más ajustado. Al margen de esto, es interesante saber si se puede contar con un período de prueba, con tal de comprobar si se adapta a las características y necesidades individuales. 

Además, existen los implantes del oído medio (MEI, por sus siglas en inglés) que, a diferencia de los anteriores, no amplifica el sonido que impacta sobre el tímpano, sino que se ancla directamente en uno de los huesos del oído interno. El resultado neto es el mismo, el de fortalecer la señal sonora para contrarrestar la pérdida auditiva neurosensorial. También existen dispositivos que se anclan directamente sobre el cráneo (BAHA, en inglés), de modo que transmiten las ondas sonoras a través del hueso hasta el oído interno, sin pasar por el oído medio. Esta opción puede ser la más indicada para quienes tienen algún problema en esa parte, o solo son sordos de un oído. En cualquier caso, estos implantes requieren cirugía, y mucho especialistas consideran que los beneficios no compensan los riesgos.

Además de los audífonos, existen otros dispositivos de ayuda a la escucha, aplicaciones móviles, sistemas de alerta y hasta implantes cocleares. Estos últimos se reservan para personas con pérdida auditiva grave. No funcionan para todos los tipos de sordera, y requieren cirugía, puesto que se implanta un dispositivo en el oído interno, en un oído, o en ambos.

Por el contrario, los sistemas de alerta pueden ser útiles para todos: timbres, detectores de humo y alarmas que emiten señales visuales o vibraciones. Por ejemplo, una luz intermitente puede avisar de que alguien está en la puerta o que el teléfono está sonando. A otras personas les basta con configurar la vibración de sus teléfonos móviles para alertarlos de las llamadas.

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