Alimentación en mayores: superando obstáculos.

Repasamos los inconvenientes a los que se enfrentan nuestros mayores para alimentarse de forma apropiada.

Hoy queremos repasar las soluciones a problemas frecuentes en la alimentación de las personas mayores, que van desde cuestiones sobre la absorción de nutrientes hasta las que tienen que ver con aspectos sociales.

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La soledad no deseada es un problema creciente que puede hacer que una persona se canse de cocinar para sí, y comer sola. Una buena forma de combatir esto consiste en improvisar comidas con amigos, vecinos o familiares: cada uno aporta algo, lo cual resulta estimulante para compartir recetas, y para comer de forma más variada. Hasta puede solucionar alguna comida más, si sobra algo de la reunión. Y si no se cuentan con los conocimientos o habilidades necesarias para cocinar, siempre se puede acudir a algún comedor donde conseguir compañía en torno a la mesa.

Por otra parte, algunas personas evitan ciertos alimentos porque son difíciles de masticar. Esto puede deberse a que tienen problemas con sus dientes o dentaduras postizas, evitan comer carne, frutas o verduras, y esto puede llevar a déficits alimentarios. En muchos casos habrá que ponerse en manos de profesionales, dentistas que asesoren y realicen los ajustes necesarios en las dentaduras postizas a medida que el hueso se retrae con la edad.

A veces, la comida parece atascarse en la garganta, tal vez porque no se produzca suficiente saliva, o porque haya problemas con los músculos o nervios de la garganta, problemas de esófago, o hasta reflujos gástricos. Será momento de hablar con el médico sobre cuál puede ser la causa, y establecer un tratamiento.

Los problemas para alimentarse pueden venir de enfermedades no directamente relacionadas con el aparato digestivo, como pueden ser el Parkinson, un ictus, o una artritis. Estas enfermedades pueden dificultar cocinar y alimentarse por sí mismo. En estos casos, contar con ayuda puede hacerse imprescindible. Pero dependiendo del grado de afectación, y al menos durante un tiempo, es posible mantener la autonomía valiéndose de férulas, y de ejercicios orientados a fortalecer los músculos. Y no olvidemos las ayudas técnicas específicas, que van desde platos especiales (ligeros, fáciles de manipular) hasta cucharas capaces de compensar los temblores de la mano.

Otro asunto es el de los sabores de las comidas, hasta el punto de que muchos de nosotros añoramos los sabores de antes; lo más seguro es que no haya disminuido la calidad de las materias primas, ni sea culpa de quien cocina, sino que el gusto y el olfato se han degradado con los años, por problemas dentales, o hasta por efecto de algún medicamento. Es muy importante seguir disfrutando de las comidas, por lo que sazonar con hierbas frescas, especias, vinagre o zumo de limón tiene mucho sentido, así como no prescindir del todo de la sal. Por cierto, reducir el consumo de alcohol y tabaco también contribuirá a mejorar el sentido del gusto.

El estado de ánimo influye en muchos aspectos, y cómo no, también en la alimentación: estar triste disminuye el apetito, no digamos estar deprimido. Es posible que haya que pedir ayuda si la situación perdura.

¿Qué pasa si simplemente no se tiene apetito? A medida que cumplimos años, nos saciamos con menor cantidad que cuando éramos jóvenes, ¿verdad? A esa falta de apetito puede contribuir también algún medicamento; será cuestión de que el médico considere alternativas. En todo caso, el ser activos físicamente seguramente contribuirá a abrir el apetito, además de mejorar el estado de salud en muchos otros aspectos, como ya hemos visto en este blog. Si la razón por la que no se tiene hambre es que la comida no es atractiva, recordemos lo dicho sobre sazonar bien los alimentos. Además, se puede jugar con la forma, el color y la textura, o con algún nuevo ingrediente. Durante las compras se puede trabar conversación y recibir sugerencias de preparación, seguro que el personal que atiende en la pescadería o en la carnicería estará encantado de ayudar en este sentido. También se pueden tomar ideas de programas de cocina, o de recetas de internet. Por cierto, los alimentos muy cocinados suelen perder sabor, por lo que una cocción corta al vapor puede dejar las verduras con un punto crujiente que las haga más apetecibles, por ejemplo.

Y ¿qué pasa si no se come lo suficiente? Tal vez haya que incrementar la densidad calórica de lo que se ingiere, y aumentar la proporción de proteína. Hay que combatir la pérdida muscular, principalmente, por lo que tiene mucho sentido aumentar la proporción de este nutriente, y si es preciso, recurrir a suplementos nutricionales.

Otro asunto: ¿pueden los medicamentos interactuar con los alimentos? Pues sí, y en algunos casos, hasta peligrosamente. Se sabe que algunos medicamentos trastocan el sentido del gusto, vamos, que cambian el sabor de algunos alimentos; también pueden hacer que la boca se seque, o como ya hemos dicho antes, quitar el apetito. A su vez, algunos alimentos pueden afectar al modo en que funcionan ciertos medicamentos. Supongo que no sorprendo a nadie si digo que es mejor evitar mezclar el alcohol con casi cualquier medicamento oral; pero es que se sabe que los pacientes anticoagulados con acenocumarol deben evitar los alimentos ricos en vitamina K, como las hortalizas de hoja verde, el brócoli o el pescado, entre otros.

También se sabe que los inhibidores de la bomba de protones (para proteger el estómago frente a medicamentos lesivos para éste), disminuyen la absorción de vitamina B12 y de magnesio, además de aumentar a largo plazo el riesgo de fracturas de cadera, muñeca y columna. En fin, como vemos, las interacciones de medicamentos con alimentos son abundantes y complejas, por lo que conviene asesorarse bien, y ser prudentes para limitar la iatrogenia.

¿Y si se es intolerante a la lactosa? Esto puede comprometer la ingesta recomendable de calcio y vitamina D. Es posible que el grado de intolerancia sea bajo, y se puedan consumir productos lácteos en pequeñas cantidades, pero suficientes para cubrir las necesidades nutricionales, sin acarrear las molestias estomacales e intestinales propias de esta condición. Incluso ciertos intolerantes a la lactosa pueden ingerir pequeñas cantidades de leche con las comidas sin mayores consecuencias. En cualquier caso, es bueno saber que hay otras fuentes de calcio no lácteas, que existen leche y productos lácteos sin lactosa, alimentos enriquecidos en calcio y vitamina D, y por supuesto, suplementos específicos.

Y ya para terminar, ¿qué relación hay entre la obesidad y la fragilidad? Por una parte, hay personas que no reciben los nutrientes adecuados, lo que compromete la salud de sus músculos y huesos, las hace frágiles e incapaces de realizar sus actividades diarias. Por otra parte, la obesidad es un problema creciente de malnutrición, sobre todo, en las sociedades occidentales. Pero perder peso sin más no es la solución, porque a veces, cuando una persona mayor pierde peso, puede perder más músculo que grasa, lo que se traduce en mayor riesgo de fragilidad y caídas. Hasta pueden perder tejido óseo, lo que expone a fracturas. El gran aliado para sortear estos inconvenientes es, cómo no, el ejercicio físico.

En general, tener algo de sobrepeso puede ser visto como una reserva por si se contrae una enfermedad que limite la cantidad que se puede comer durante un tiempo. En estos casos, suele bastar con no ganar más peso. Si el sobrepeso es acusado, habrá que actuar bajo consejo médico para disminuir el riesgo de enfermedad cardíaca, sobre todo.

Y hasta aquí por hoy, espero haber sido de utilidad, ¡muchas gracias por leer! ¿Te animas a compartir, comentar o suscribirte?

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