Al cuidado de dependientes (2/4)

En la entrada anterior vimos las razones por las que debemos defendernos, como cuidadores, de peticiones poco razonables. Pero como en cualquier situación, tan importante es el qué decimos como el modo.

(Si lo prefieres, puedes acceder a esta información en formato vídeo).

Cómo decir “no” a demandas excesivas.

Si rechazamos una petición de forma pasiva, con excusas del tipo: “Ahora no puedo”, nos pueden contestar con: “Pues dime cuando puedes ayudarme, que lo necesito”. Si titubeamos con: “Si es que no quiera, es que…”, nos pueden contestar con: “No me pongas excusas, si quisieras, lo harías”.

Por el contrario, si adoptamos una actitud agresiva, como: “Me tienes harto”, “todo el día igual”, “¿no lo puedes hacer tú?”, o “¿te crees que no tengo nada más que hacer”?, la persona dependiente seguramente responda en el mismo tono: “No se te puede pedir nada”, o tratando de culpar: “Pero ¿qué te he hecho?”, “con lo que yo he hecho por ti…”, “tú sabes que no puedo solo, te pido ayuda, y mira cómo me tratas”.

En fin, parece claro que ni de forma pasiva ni agresiva vamos a conseguir gran cosa, salvo empeorar una ya de por sí difícil situación. En cambio, podemos conseguir mucho con estas recomendaciones:

  • Escuchar, y entender bien qué quiere la persona exactamente.
  • Expresar la negativa de forma firme y educada, en pocas palabras. Si damos muchas explicaciones, puede dar la impresión de que no estamos muy convencidos.

  • Cuidar lo que transmitimos con los gestos y el cuerpo. Hay que estar firmes y tranquilos.
  • Dar una razón, como “puedes hacerlo solo”. Si damos una excusa, como “ahora no puedo”, nos pueden enredar: “¿Cuándo vas a poder?”.
  • Expresar los propios sentimientos, así la otra persona no podrá ofenderse, y desviar la conversación haciéndose la víctima. Por ejemplo: “Me sabe mal decirte que no, pero sé que puedes hacerlo tú solo”.

  • Ponerse en los zapatos de la otra persona: “Comprendo que tu prefieres…, pero…”
  • Buscar alternativas y compromiso: “Yo te ayudo a empezar, pero terminas tú, ¿vale?”; “la próxima lo haces tú, ¿de acuerdo?”.
  • Y terminar de forma positiva, con una sonrisa: “Me alegro de que lo entiendas”.

A pesar de aplicar estas recomendaciones, la persona dependiente puede insistir demasiado, y tratar de manipularnos, con frases como “yo siempre creí que eras buena persona”, “siempre que te pido algo, me pones reparos”, “si te lo pido es porque de verdad que no puedo”, “nunca te lo había pedido, no te lo voy a volver a pedir”, “esta es la última vez que te lo pido”, “con lo que yo he sido para ti, y así me lo pagas”. Ante estos intentos, hay que repetir lo mismo las veces que haga falta, de forma cada vez más amable: “No voy a ayudarte, sé que lo puedes hacer solo con un poco de esfuerzo”. Si no funciona, hay que dejar clara la negativa: “No lo quiero hacer”, “no voy a hacerlo”, “te agradeceré que no insistas”. Por último, siempre nos queda simplemente ignorar la demanda.

Fomentar la autonomía.

Antes de animar a alguien a que haga las cosas por sí mismo, hay que asegurarse de que el entorno se adapta a su condición. Por ejemplo, que haya elementos antideslizantes para que se pueda duchar sin mucho peligro, que se hayan eliminado los obstáculos que podrían hacerle caer, que alcance lo que necesita, que pueda abrir todos los envases que precise, etc.

Es importante observar cómo se vale por sí misma la persona, y establecer cuáles son sus límites. Y hay 3 sitios que tienen particular interés:

  • El baño: ¿es capaz de preparar la bañera, desvestirse (qué prendas puede quitarse y cuáles no), meterse en la bañera, enjabonarse y aclararse (qué partes del cuerpo puede y cuáles no), salir de la bañera, secarse (qué partes del cuerpo puede y cuáles no), vestirse (qué prendas puede y cuáles no), recoger el baño?
  • El dormitorio: Al vestirse o desvestirse, ¿qué prendas puede ponerse/quitarse sola y cuáles no?, ¿puede abrocharse/desabrocharse los botones? ¿Puede ponerse solo una manga o una pernera?
  • El comedor: ¿puede usar el cuchillo? ¿Con todos los alimentos? ¿Puede llenar la cuchara y llevársela a la boca? ¿Se limpia sin ayuda? ¿Y servirse la bebida?

Toda esta información es muy valiosa, y nos permite limitar nuestra ayuda a lo estrictamente necesario, no más. No conviene hacer cosas que la persona pueda hacer por sí misma, aunque sea lentamente y con escasa agilidad. Puede que solo necesite un poco de apoyo, o alguna indicación verbal o física.

Desde luego, hay que favorecer la autonomía animándole hacer, elogiando y no criticando, las tareas que sabemos que puede hacer. Puede que se resista, pero insistiremos en que confiamos en su capacidad. También puede plantearse como un pequeño reto: “Vamos a ver lo que puedes hacer, yo estaré aquí para ayudarte”. A veces hay que ceder, y volver a intentarlo en otro momento más favorable.

Pedir cambios de comportamiento.

Tal y como veíamos antes, si planteamos nuestras peticiones de manera pasiva o agresiva, no lograremos gran cosa.

Si abordamos a la persona dependiente dando rodeos, sin ir al grano, temiendo el rechazo: “Quería decirte algo, …., pero vamos, que tampoco pasa nada, que tampoco es tan importante…” la persona puede ignorarnos, porque no le estamos pidiendo un cambio de manera clara.

Por el contrario, si personalizamos, generalizamos, vociferamos y gesticulamos de manera amenazante: “Estoy harto de que siempre llegues tarde, no tienes vergüenza”, la otra persona seguramente contestará en el mismo tono: “Yo sí que estoy harto de tus modales, ¿tú quién te has creído que eres para hablarme así?”.

Es mejor utilizar mano izquierda, y seguir estas sugerencias:

  • Pedir hablar en privado: “¿Puedo hablar contigo un momento?”.
  • Señalar exactamente el comportamiento que nos molesta, y si tiene consecuencias para nosotros: “Eso hace que yo no pueda…”, o “eso hace que me sienta mal…”
  • Escuchar la respuesta.
  • Pedir un cambio de comportamiento realista (pequeño, pero significativo). Y mejor si se explican los beneficios de hacerlo, o los perjuicios de no hacerlo.
  • Terminar de modo positivo: “Me alegro de que lo hayamos hablado, y nos entendamos”.

Por otro lado, deberíamos evitar:

  • Guardarnos algo, quedarnos sin decir todo lo que tenemos que hablar.
  • Impedir que la otra persona se explique, y se quede con cosas que decir.
  • Etiquetar, usar adjetivos negativos.
  • Generalizar con las palabras que sabotean los cambios: todo, nada, siempre, y nunca. No sirven para indicar qué nos molesta, más bien para reprochar. Así que mejor no ir por ahí.

Bueno, hoy hemos visto cómo llevarnos mejor con la persona dependiente estableciendo los límites para un mejor entendimiento. Pero puede que eso no baste, y necesitemos pedir ayuda.

Veremos cómo abordar este reto en la próxima entrada.

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