
Cada vez es más frecuente que nos tengamos que hacer cargo de personas mayores desde la distancia, porque nos vemos obligados a lidiar con dos tendencias cada vez más comunes: que los mayores viven más y en mejores condiciones, y nuestras circunstancias laborales y familiares dificultan atenderlos en sus propios domicilios.
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Sea cual sea nuestra situación, vamos a repasar a qué hay que prestar atención basándonos en la experiencia de muchos que han vivido algo parecido.
Qué hay que saber.
Los cuidadores experimentados recomiendan informarse sobre la enfermedad de nuestro ser querido, qué tratamientos requiere, y con qué recursos contamos. Eso nos hará entender fácilmente qué está pasando, pero sobre todo, nos permitirá ir un paso por delante para prevenir situaciones de crisis, así como colaborar activamente en los cuidados médicos. Ese conocimiento facilitará las conversaciones con el médico, y hará que las visitas sean más provechosas para todos. Es bueno que una persona de confianza esté al tanto de cuestiones médicas y financieras sensibles, con tal de facilitar la toma de decisiones importantes, y que la persona mayor se sienta respaldada. Particularmente, es crucial que un miembro de la familia pueda hablar con todos los médicos: del mismo modo que un solo médico en un hospital debe hacerse cargo del seguimiento de un paciente para tener un conocimiento cabal de lo que sucede y evitar errores, un familiar debería asumir este rol con la persona mayor, especialmente, si empieza a dar signos de incapacidad para controlar su salud.

Por otra parte, sería de gran ayuda contar con toda la información vital centralizada, como información importante de salud, servicios sociales, teléfonos de contacto, asuntos financieros, seguros, etc. Puede reunirse en un cuaderno, o mejor aún, en un documento seguro en línea, debidamente actualizado, y al que tengan acceso las personas indicadas.
Planear visitas.
Es fácil que, al visitar a nuestro ser querido, nos abrume la cantidad de cosas por hacer en el siempre escaso tiempo del que disponemos. Algo que ayuda es hablar de antemano con la persona mayor o su cuidador para conocer las necesidades y coordinarse con las responsabilidades. Por ejemplo: ¿Necesita ropa de invierno nueva? ¿Quiere visitar a otro miembro de la familia? ¿Hay mejoras o adaptaciones que hacer en casa? ¿Tiene cita con el médico? ¿Hay asuntos legales o financieros que poner en orden? En todo caso, esa llamada previa nos permitirá establecer prioridades y, por tanto, aprovechar al máximo la visita.
Actividades durante la visita.
No todo va a girar en torno a los cuidados. ¿Qué tal pensar en alguna actividad gratificante para todos?
Por ejemplo, visitar a otros familiares, facilitar que se vea con amigos, o llevar a nuestro familiar a donde prefiera: un restaurante, un lugar significativo, o a hacer algo que normalmente no puede. No tiene que ser algo complicado, algo sencillo, sin distracciones externas puede tener un enorme valor para la persona mayor. Se trata de reservar tiempo para esta persona, y hacerle sentir que es importante para nosotros.

Abrir líneas de comunicación.
Conviene establecer una comunicación por la vía más adecuada (teléfono, videoconferencia, correo electrónico…) con la persona más indicada, ya sea el cónyuge de la persona mayor, el médico, un pariente cercano, un vecino, el cuidador, o el trabajador de la residencia en que lo atienden.
Comunicación directa.
Además de abrir comunicación con el entorno cercano de nuestro familiar mayor, que es en cierto modo establecer centinelas a distancia, puede ser buena idea proporcionar a la persona un modo directo de contactar con nosotros. Si, por ejemplo, se queda en una residencia, una forma de contrarrestar la frustración y los remordimientos puede ser proporcionar un teléfono móvil a la persona: esto proporcionará no solo paz mental para todos, sino que puede ser la mejor estrategia para asegurarnos de que recibe el trato que merece. Y es que, más allá de unas instalaciones limpias, con los últimos aparatos de gimnasia y la agradable música ambiental, en una residencia hay problemas mayores que no pueden compensar ni los mejores y más amables profesionales: la soledad, el aburrimiento y la impotencia. En este contexto, un teléfono puede ser un salvavidas. Hasta para contrastar lo que dicen sus cuidadores, que pueden tener un incentivo para no preocuparnos, ¿me explico?
Organizar el papeleo.

Este es precisamente uno de los aspectos en que podemos resultar más útiles al cuidar desde la distancia. Arrancar es lo más difícil, conseguir el material relativo a seguros, asuntos financieros y legales y ordenarlo puede resultar desalentador. Así que habría que empezar por lo esencial, e ir rellenando los huecos con el tiempo. Pero merece mucho la pena, porque se facilitan las tareas de cuidado y se gana en tranquilidad, además de estar mejor preparados para responder ante una eventual crisis.
La cuestión es hablar con la persona mayor y su cuidador principal sobre la documentación que falta, y sobre cómo organizarla. Y se debe poder hablar de todo, incluyendo los asuntos más espinosos, como el seguro de defunción o vida, las voluntades vitales anticipadas, o el testamento. También puede ser oportuno hablar sobre otorgar un poder notarial adecuado a las circunstancias (preventivo, especial, general,… es cuestión de asesorarse en una notaría). Claro, que para hablar de esto, es preciso superar suspicacias, y establecer muy claramente las intenciones. Puede que la mejor forma de evitar los recelos sea asegurar que siempre la última palabra la va a tener la persona mayor, incluida su capacidad para revocar el poder notarial. Y si aún así prevalece la desconfianza, seguramente será necesario recurrir a otro familiar o amigo de confianza, o incluso a un abogado especializado.
Adquirir competencias para cuidar.
Aunque cuidemos desde lejos, seguramente nos vendrá bien capacitarnos en cuidados a personas dependientes. Y es que, como muchas cosas en la vida, muchos de nosotros no tenemos automáticamente las habilidades requeridas en un cuidador. En este blog estamos abordando estas cuestiones, dando pautas para vivir con insuficiencia cardíaca, respondiendo a preguntas frecuentes sobre el ejercicio, o cómo mantener segura a una persona con alzhéimer. Y esperamos seguir alimentando este medio con mucha información que hemos recolectado durante años.
Inventariar los recursos.
Internet es un buen sitio para empezar a buscar. Pero también hay recursos que no se encuentran ahí, y solo es posible conocerlos a través de personas que viven en la misma comunidad que nuestro familiar. También es posible encontrarlos preguntando en el ayuntamiento o en los servicios sociales disponibles, ya sean de la administración de organizaciones no gubernamentales.
Y esto es todo por hoy, ¡muchas gracias por leer! ¿Te animas a comentar o compartir? ¿Te suscribes?