
En una entrada anterior tratamos el asunto de las sujeciones, de las que es fácil abusar. Hoy vamos a ampliar el alcance de esta fea palabra. Y es que cualquiera puede ser víctima de abusos, independientemente de nuestra condición, pero es más probable (¡y reprobable!) si la persona no está en condiciones de defenderse, y hacer valer sus derechos. Y este abuso puede ser perpetrado por un familiar cercano, personal contratado, profesionales de los cuidados, o un extraño. Pero repasemos a qué tipos de abuso se enfrentan una de cada diez personas mayores.
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- El abuso físico es el más fácil de identificar: se produce cuando se golpea, empuja o abofetea.
- Estamos ante abuso emocional o psicológico cuando el cuidador usa palabras hirientes, grita, amenaza o ignora por sistema a la persona mayor. Pero también cuando impide o dificulta que esta persona mayor vea a sus amigos y parientes cercanos.
- La negligencia se da cuando el cuidador no trata de responder a las necesidades de la persona mayor.
- El abandono consiste en dejar solo al mayor sin planear su cuidado.

- El abuso financiero ocurre cuando se roba dinero o pertenencias, pero las formas pueden ser muy variadas: falsificación de cheques, usar las cuentas bancarias o su tarjeta sin su consentimiento, o quedarse con parte de la pensión de jubilación. También entran en esta categoría el cambio de nombre en un testamento, cuenta bancaria, póliza del seguro de vida, o el título de propiedad de una casa sin permiso de la persona mayor.
- Por otra parte, también hay empresas sin escrúpulos que se dedican a sustraer información sensible, como los datos de la factura de la luz, por ejemplo, y con ello tramitan un cambio de contrato sin conocimiento de la persona mayor. O les venden productos caros que no necesitan, prevaliéndose de su buena voluntad. Hasta se sabe de proveedores de servicios sanitarios o asistenciales que pasan al cobro dos veces el mismo servicio, sobrecargan, o cargan por servicios no prestados.
Cualquiera puede ser víctima, pero es más probable en mujeres, quienes no tienen familia o amigos cerca, o en personas con discapacidades, problemas de memoria, o demencia. Las personas frágiles y que dependen de otras para sus actividades básicas, como bañarse, vestirse o tomar medicamentos son también víctimas fáciles.
Y ¿cómo podemos sospechar que una persona mayor está siendo víctima de abusos? Pues al visitarla, en su casa o en una residencia, habrá que estar atento a las siguientes señales:
- Tiene problemas para dormir.
- Parece deprimida o confundida.
- Pierde peso sin ninguna razón.
- Muestra signos de trauma, como mecerse de un lado a otro.
- Se agita o está violenta.
- Se vuelve retraída, y deja de participar en actividades que le gustaban.
- Se aísla de amigos y parientes.
- Tiene moratones, quemaduras o cicatrices inexplicables.
- Se ve desordenada, con el pelo o la ropa sucia, la falta de aseo se huele.
- Tiene úlceras por presión u otras afecciones prevenibles.
- Padece deshidratación, malnutrición, y parece sobre o inframedicada.
- Hay movimientos bancarios inusuales.
Y ¿qué se puede hacer ante estas evidencias? Lo primero es tratar de hablar con la persona para averiguar qué está pasando. Puede ser que quien esté abusando no sea quien pensamos.
En cualquier caso, hay que tener en cuenta que la persona se sienta avergonzada como para denunciar el maltrato, o incluso tema represalias si la denuncia llega a oídos del abusador. Los abusos no van a desaparecer por sí solos, habrá que tomar cartas en el asunto. Un buen comienzo es hablar a solas, y compartir las sospechas. Después puede ofrecerse uno para obtener ayuda de los servicios sociales disponibles. Los médicos y abogados tienen el deber de informar de los maltratos, y éste puede ser el punto de inflexión para la víctima.

Las heridas físicas suelen sanar con el tiempo, pero las emocionales requieren otro tipo de atención. Hasta la persona puede culparse a sí misma del maltrato recibido, y estar temerosa y deprimida, por lo que, como vemos, seguramente habrá mucho que hacer para restablecer su armonía y el bienestar.
Esto es todo por hoy, espero haber ayudado a detectar situaciones injustas, que es el primer paso para resolverlas. Muchas gracias por leer. ¿Te animas a comentar o compartir?