
Hoy vamos a ver recomendaciones sobre el manejo de la medicación en las personas mayores, pero que son extensibles a todos. El alto número de medicamentos que se suelen prescribir hace que aumente el riesgo de errores, de confusión, de interacciones y de reacciones adversas. Si a esto unimos los cambios propios del envejecer, como pérdida de vista, o problemas de atención y memoria, tenemos un cóctel explosivo. Vamos a ver cómo “desactivarlo”.
(Si lo prefieres, puedes acceder a este contenido en formato vídeo).
- Hay que esforzarse por comprender para qué ha sido prescrito cada medicamento. Además de tener por escrito la prescripción, puede ser buena idea anotar en la propia caja del medicamento, o en una hoja, para qué se toma, y cuándo. Esto es de especial importancia porque hay medicamentos muy diferentes que tienen envases parecidos, lo cual da pie a peligrosas confusiones.
- En general, no se recomienda la automedicación, hay que tener en cuenta que todo fármaco tiene efectos, tanto deseados como adversos, y puede interactuar con otros que ya tomamos. Si estoy dispuesto a tomarme un medicamento porque alguien dice que le fue muy bien, entonces es mejor no automedicarse, porque ésa no es una razón válida. En todo caso, es bueno establecer una relación de confianza con el farmacéutico para que nos pueda hacer un seguimiento, y alertar si puede haber problemas de la nueva prescripción con lo que ya se toma. Además, nos puede asesorar sobre medicamentos que no requieren prescripción médica. Si tenemos que ir a otra farmacia, convendrá mostrarle al farmacéutico lo que ya tomamos.
- Los fármacos deben administrarse en la forma en la que se presentan. Antes de triturar, partir pastillas, o mezclar pomadas, conviene informarse de si existen otras presentaciones. Lo más seguro es que el principio activo esté disponible en el formato idóneo para uno. Por ejemplo, puede tener uno dificultades para tragar, y haber una alternativa en forma líquida.
- Hay que asegurarse de que podemos leer y comprender el nombre del medicamento, así como las instrucciones y advertencias que aparecen en el envase. Debemos ser capaces de abrir el contenedor. Si no es así, le podemos pedir al farmacéutico que disponga los medicamentos en envases que sean más fáciles de abrir o pastilleros semanales ordenados por tomas. Esto se llama sistema personalizado de dosificación, que también se conoce por sus siglas: SPD. La imagen que encabeza esta entrada muestra uno.

- Conviene preguntar si se requieren condiciones especiales de conservación, como refrigeración, o un lugar seco. Y por último, hay que revisar la etiqueta del medicamento antes de salir de la farmacia. Debe tener el nombre y las instrucciones dadas por su médico. Si no es así, hay que hablarlo con el farmacéutico. Ya en casa, conviene revisar el prospecto para asegurarnos de que no contiene ningún ingrediente al que seamos alérgicos. Conviene prevenir las reacciones alérgicas comunicándoselo al médico ante nueva medicación, pero es nuestra responsabilidad en última instancia.
- Los efectos adversos pueden ser leves, como dolor de cabeza o sequedad bucal. Pero los hay también potencialmente mortales, como sangrado severo o daño irreversible en el hígado o en los riñones. También pueden afectar a la conducción, y propiciar caídas. Conviene informar con la mayor precisión y cuanto antes al médico de estos efectos, o si nos preocupa que el medicamento pueda estar haciendo más daño que bien. Tal vez se pueda cambiar por otro que tenga mejor balance beneficio/riesgo. Si tenemos una reacción no descrita en el prospecto, no es mala idea informar telemáticamente a la autoridad sanitaria correspondiente en calidad de ciudadanos, o comunicárselo al profesional. El sistema de farmacovigilancia se nutre de estos datos, y contribuimos a que los medicamentos sean seguros.
- La mayoría de los medicamentos genéricos y de marca actúan de la misma manera en el cuerpo. Contienen los mismos ingredientes activos, y el genérico debe ser tan seguro como el de marca. Ambos deben ser de igual fuerza y calidad. Dicho esto, y dependiendo de cada cual, es posible que algunos genéricos no sean exactamente equivalentes, ya sea por cuestiones de fabricación, ya sea hasta por las propias expectativas.
- Ante tratamientos inhalados es importante dominar la técnica de administración para conseguir su efectividad. Así que hay que prestar mucha atención a las explicaciones recibidas. Y si necesitamos recordarlas, hay vídeos sobre cómo usar los dispositivos inhalatorios, así como los de dosis medida con cámara espaciadora.
- Precisamente por todo esto es vital tener una hoja de prescripción actualizada, así como la tarjeta sanitaria en un lugar accesible para la familia y/o cuidadores. La hoja podría tener este formato.

- Cuando vayamos al médico, será buena idea preparar la bolsa o caja de medicamentos para que la pueda revisar fácilmente. Es muy importante que el médico sepa qué toma antes de prescribirle nada nuevo. Esto incluye lo que otros médicos le han recetado, así como medicamentos de venta libre, vitaminas, suplementos dietéticos y productos de herboristería. Y si el médico considera que debe introducir nueva medicación, habrá que repasar alergias y cualquier problema con otros medicamentos, como erupciones cutáneas, dificultad para respirar, indigestión, mareos o cambios de humor. También convendrá saber si hay que modificar o abandonar algo de lo que se venía tomando, porque ciertas mezclas pueden ser peligrosas, como mezclar aspirina con anticoagulantes.
- Posibles preguntas para hacerle al médico acerca de un nuevo medicamento
¿Cuál es el nombre del medicamento y para qué es?
¿Alguna instrucción especial de cómo tomarlo?
¿Cuántas veces al día debo tomarlo? ¿A qué hora(s)? Si dice tomar «4 veces al día», ¿eso significa 4 veces en 24 horas o 4 veces desde que me levanto hasta que me acuesto?
¿Cuánto medicamento debo tomar?
¿Debo tomarlo con comida o no? ¿Hay algo que no debería comer o beber mientras tomo esta medicación?
¿Cuánto tiempo tardará en hacer efecto?
¿Causará problemas este medicamento si estoy tomando otros?
¿Puedo conducir mientras lo tomo?
¿Cuándo debo dejar de tomarlo?
¿Qué debo hacer si me olvido una toma?
¿Qué efectos secundarios puedo esperar? ¿Qué debo hacer si tengo un problema?
¿Necesitaré más recetas? ¿Cómo puedo arreglar eso?
Y cada vez que volvamos al médico, hay que preguntar si aún es necesario tomar todos los medicamentos.
- Si se viaja, hay que llevarse la tarjeta sanitaria, la hoja de prescripción actualizada y medicación suficiente para algunos días más por si hay imprevistos. Si se viaja en avión, hay que llevarse los medicamentos consigo, no facturarlos, por si se pierden las maletas. Puede ser buena idea llevarse el teléfono del farmacéutico, por si surgen dudas.
- Hay que mantener la medicación bien ordenada, sin que le dé el sol ni le afecten fuentes de calor. Ojo, recordamos una vez más que algunos medicamentos requieren refrigeración.
- Usemos los medicamentos de manera responsable y correcta. Por ejemplo, no usemos antibióticos para tratar gripes, ni un antitusígeno para la secreción nasal. Y no pensemos que usar más dosis nos vendrá mejor: hay que huir al máximo de las dosis máximas. Las sobredosis pueden ser muy graves, incluso mortales.
- Hay que tomar los medicamentos en su momento. Algunas personas usan las comidas o la hora de acostarse como recordatorios para tomar sus medicamentos. Otras utilizan pastilleros semanales preparados por su farmacéutico, los sistemas personalizados de dosificación que mencionábamos antes, alarmas programadas, aplicaciones móviles, o hasta dispensadores electrónicos, muy asequibles.
- ¡Luz! Nada de tomar medicamentos en penumbra, que podemos cometer graves errores.

- Tampoco nada de alcohol, porque puede anular el efecto del principio activo, o potenciar los efectos tóxicos.
- No deberíamos iniciar ni suspender un tratamiento a capricho. Puede que hayamos dejado de notar los síntomas por los que lo iniciamos, pero eso no significa que hayamos alcanzado el objetivo terapéutico. Por ejemplo, el antibiótico puede haber reducido la carga bacteriana a un nivel en el que ya no la notamos, pero puede quedar una cantidad suficiente en el cuerpo como para que se reactive o mute. Así que debemos tomar el tratamiento hasta que se acabe, o haya dicho el médico.
- Por último, recordemos que no existen las enfermedades, existen los enfermos. Y por eso no es buena idea compartir medicación, porque los tratamientos solo tienen sentido teniendo en cuenta a la persona.
Es todo por hoy, muchas gracias. ¿Te animas a compartir y comentar?