Alzheimer, preguntas frecuentes

Todo cuanto hay que saber respecto al Alzheimer en lenguaje llano.

Hoy vamos a responder a las preguntas más frecuentes que se plantean en torno al Alzheimer. ¡Empezamos!

(Si lo prefieres, puedes tener esta información en formato vídeo).

¿Cuál es la diferencia entre la enfermedad de Alzheimer y la demencia?

La enfermedad de Alzheimer es un tipo de demencia. La demencia es un término general que describe un deterioro de la capacidad mental, lo suficientemente grave como para interferir en la vida diaria. La enfermedad de Alzheimer supone 7 de cada 10 casos de demencia. La siguiente demencia más frecuente es la vascular, que ocurre tras un ictus. Hay muchos más tipos de demencia, entre los que destacaremos los trastornos frontotemporales y la demencia de cuerpos de Lewy. También cabe señalar que existen otras condiciones que pueden provocar síntomas de demencia, algunas reversibles, como la depresión, efectos adversos de medicación, abuso del alcohol, problemas de tiroides y deficiencias de vitaminas.

Todos hemos oído a alguien referirse a la demencia como «senilidad» o «demencia senil», lo que refleja la creencia antiguamente extendida pero incorrecta de que un deterioro mental grave forma parte del envejecimiento normal.

¿Cuáles son los primeros signos de la enfermedad de Alzheimer?

Si bien los síntomas de la demencia pueden variar mucho, al menos dos de las siguientes funciones mentales deben estar seriamente afectadas para que podamos hablar de demencia:

  • Memoria
  • Comunicación y lenguaje.
  • Capacidad para concentrarse y prestar atención.
  • Razonamiento y juicio.
  • Percepción visual.

Las personas con demencia pueden tener problemas con la memoria a corto plazo, como olvidar dónde pusieron el bolso o la cartera, pagar cuentas, planificar y preparar comidas, recordar citas o moverse fuera de las zonas conocidas.

Muchas demencias son progresivas, y empiezan por síntomas leves. No conviene ignorar estas señales, y sí consultar con el médico cuando no podamos explicar los síntomas. Podemos estar ante una enfermedad tratable e, incluso si los síntomas sugieren demencia, el diagnóstico temprano permite que la persona se beneficie de los tratamientos disponibles, le brinda la oportunidad de participar en ensayos clínicos, y sobre todo, le da tiempo para planificar su futuro.

¿Cuáles son las etapas de la enfermedad de Alzheimer?

Es importante recordar que las etapas son guías generales y que los síntomas varían mucho. Dicho de otra manera: no existen las enfermedades, existen los enfermos. Las personas que padecen del Alzheimer viven un promedio de ocho años desde que otras personas notan los primeros síntomas, pero la horquilla va desde los 3 a los 20 años. Estas son las etapas:

  1. Ausencia de daño cognitivo, función normal. La persona no experimenta problemas de la memoria y no hay síntomas evidentes ni para los médicos, pero ya han empezado los cambios tóxicos en el cerebro.
  2. Deterioro cognitivo muy leve. La persona nota algunos fallos de memoria, como no acordarse de una palabra o de dónde ha dejado algo, pero puede que no lo noten ni los médicos ni las personas con las que se relaciona. En esta etapa, estos cambios pueden pasar por los propios del envejecimiento.
  3. Deterioro cognitivo leve. Las personas con las que se relaciona empiezan a notar síntomas, y un médico puede medir los problemas de memoria y concentración en una entrevista exhaustiva. Por lo demás, esta etapa se caracteriza por:
  • Dificultad notable para encontrar la palabra o el nombre adecuado.
  • Capacidad reducida para recordar nombres al presentarle nuevas personas.
  • Dificultad importante para desempeñar tareas sociales o laborales.
  • Poca retención de lo que lee.
  • Pérdida de objetos.
  • Menos capacidad para planificar y organizar.
  1. Deterioro cognitivo moderado, etapa leve o temprana de la enfermedad. A estas alturas, una entrevista médica concienzuda debería detectar:
  • Olvido de acontecimientos recientes.
  • Notable dificultad para realizar tareas complejas, tales como planificar una comida para invitados, o administrar el dinero.
  • Olvido de la historia personal.
  • Cambios de humor muy marcados, aislamiento, sobre todo, ante situaciones que suponen un desafío social o mental.
  1. Deterioro cognitivo moderadamente severo, etapa moderada o media de la enfermedad. Los problemas de memoria y cognitivos son tales que requieren asistencia para las actividades cotidianas. La persona puede:
  • Olvidar dónde vive, su número de teléfono o el nombre de su colegio.
  • No saber dónde están o el día que es.
  • Necesitar ayuda para elegir la ropa adecuada para la época del año o la ocasión.
  • En la mayoría de los casos, recordar detalles significativos sobre sí mismos y sus familiares
  • En general, alimentarse y usar el baño.
  1. Deterioro cognitivo severo. La pérdida de memoria y los cambios de personalidad son tales que necesitan mucha ayuda para las actividades de la vida cotidiana. La persona puede:
  • Perder conciencia de las experiencias y hechos recientes y de su entorno.
  • Recordar su historia personal con imperfecciones, aunque por lo general recuerda su propio nombre.
  • Olvidar ocasionalmente el nombre de su pareja o de la principal persona que le cuida, pero por lo general puede distinguir las caras conocidas de las desconocidas.
  • Requerir ayuda para vestirse de forma apropiada y cuando está sin supervisión, y cometer errores tales como ponerse el pijama sobre la ropa o los zapatos al revés.
  • Sufrir una alteración del ciclo normal del sueño — durmiendo durante el día y volviéndose inquieto durante la noche; es el llamado síndrome vespertino.
  • Requerir ayuda para desenvolverse en el baño.
  • Ir perdiendo el control de esfínteres.
  • Experimentar cambios significativos de personalidad y comportamiento, incluyendo recelos y creencias falsas (por ejemplo, creyendo que la persona que le cuida es un impostor), o conductas repetitivas y compulsivas, tales como retorcer las manos o romper papeles.
  • Tener una tendencia a deambular y extraviarse.

7. Deterioro cognitivo muy severo, etapa severa o tardía de la enfermedad. En la última etapa de esta enfermedad los individuos pierden la capacidad de responder a su entorno, de hablar y, hasta de controlar sus movimientos. Es posible que todavía pronuncien palabras o frases.

Necesitan ayuda hasta para comer y hacer sus necesidades. Pueden perder la capacidad de sonreír, sentarse sin apoyo y sostener la cabeza. Los reflejos se vuelven anormales y los músculos rígidos. También se ve afectada la capacidad de tragar.

¿Cuáles son las causas de la enfermedad de Alzheimer?

Los científicos todavía no entienden completamente qué causa la enfermedad de Alzheimer en la mayoría de las personas. En el Alzheimer de inicio temprano, que ocurre entre los 30 y los 60 años, puede haber un componente genético. El Alzheimer de inicio tardío, que por lo general se desarrolla bien entrados los 60, surge a partir de una compleja serie de cambios cerebrales que ocurren a lo largo de décadas. Las causas probablemente incluyen una mezcla de factores genéticos, ambientales y de estilo de vida. Estos factores afectan a cada persona de manera diferente.

La demencia está causada por el deterioro de las células del cerebro. Este daño interfiere con la capacidad de las neuronas para comunicarse entre sí. Hay que saber que el cerebro tiene varias regiones, cada una responsable de una función. Cuando se dañan las células de una región en particular, esa región ya no puede cumplir sus funciones con normalidad.

La región llamada hipocampo es el centro del aprendizaje y la memoria; esas neuronas suelen ser las primeras en dañarse, y esta es la razón por la que la pérdida de memoria suele ser uno de los primeros síntomas del Alzheimer.

¿Cómo se diagnostica una demencia?

No existe una única prueba para determinar si una persona tiene demencia. Los médicos diagnostican el Alzheimer y otros tipos de demencia en función de una historia clínica detallada, una evaluación física, pruebas de laboratorio y los cambios característicos en el razonamiento, el funcionamiento diario y el comportamiento asociados con cada tipo de demencia. Pueden determinar si una persona tiene demencia con bastante precisión. Sin embargo, es más difícil determinar el tipo exacto de demencia, ya que los síntomas y los cambios del cerebro de diferentes demencias pueden coincidir. En algunos casos, un médico puede diagnosticar «demencia» sin especificar su tipo. Si se precisa más exactitud, habrá que recurrir a un neurólogo o un psicólogo especializado en gerontología.

¿La enfermedad de Alzheimer es hereditaria?

El hecho de que un miembro de la familia tenga la enfermedad de Alzheimer no significa que los demás también la contraerán.

Una forma rara de la enfermedad de Alzheimer, llamada Alzheimer familiar de inicio temprano, o FAD, es hereditaria (se transmite de padres a hijos), y depende de que se transmitan las mutaciones genéticas precisas. En otros casos de Alzheimer de inicio temprano, la investigación sugiere que puede haber un componente genético relacionado con otros factores.

La mayoría de los casos de Alzheimer son de aparición tardía. Esta forma de la enfermedad ocurre a mediados de los 60 años y generalmente no tiene un patrón familiar obvio. Pero parece que determinados genes aumentan el riesgo de padecer este forma de enfermedad.

¿Existe una cura para la enfermedad de Alzheimer?

Actualmente no existe una cura ni un tratamiento que retrase o detenga su avance. Eso sí, se han aprobado varios medicamentos para tratar los síntomas, y ayudar a controlar determinados comportamientos. Hay también terapias sin medicamentos que alivian algunos síntomas de la demencia.

¿Existe alguna forma de prevenir la enfermedad de Alzheimer?

No hay pruebas concluyentes acerca de lo que puede prevenir la enfermedad de Alzheimer o el deterioro cognitivo relacionado con la edad. Sin embargo, se investiga activamente en la reducción de riesgos en las siguientes áreas:

Factores de riesgo cardiovascular: Cualquier cosa que dañe los vasos sanguíneos del cerebro compromete el aporte de alimento y oxígeno a las neuronas. La demencia vascular se relaciona directamente con los daños en esos vasos. También pueden darse esos daños como consecuencia de otros tipos de demencia, como la enfermedad de Alzheimer y la demencia con cuerpos de Lewy. Estos cambios pueden interactuar y provocar un deterioro más rápido o impedimentos más graves. Lo inteligente será proteger el cerebro con algunas de las mismas estrategias que protegen el corazón: no fumar, mantener un peso saludable, controlar la presión sanguínea, y el azúcar en la sangre en los niveles recomendados.

Ejercicio físico: El ejercicio físico regular puede ayudar a disminuir el riesgo de algunos tipos de demencia. Las pruebas han demostrado que el ejercicio puede beneficiar a las neuronas mejorando el aporte de sangre.

Alimentación: Lo que comemos afecta a la salud cardíaca, y por tanto, al cerebro. Es lo que se ha visto con la dieta mediterránea, que incluye relativamente poca carne roja, y muchos cereales, frutas, verduras, pescado, mariscos, frutos secos, aceite de oliva y otras grasas saludables.

Es todo por hoy, muchas gracias por leer hasta aquí. ¿Te animas a comentar o compartir?

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