Cuándo dejar la casa

Antes de irse nuestro familiar mayor de su casa es necesario pensar sobre todo lo que hay en juego, y eso mismo nos proponemos aquí: considerar los aspectos más relevantes alrededor de una decisión así.

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Normalmente, la disyuntiva aparece porque nuestro padre o madre no se puede manejar en su casa, o porque no se le pueden proporcionar los cuidados que necesita. Los factores que limitan las opciones son el estado de salud, el valerse por sí mismos, los recursos financieros, y no menos importante, las preferencias personales. Ante estas situaciones, hay familias que pueden llevarse consigo a su familiar, o hacer que vuelva a vivir un hijo con sus padres para que sea su cuidador principal.

Hay que tener en cuenta que trasladar a unos padres mayores fuera de su entorno puede ser muy perturbador: dejan atrás no solo a su médico de cabecera, y a los especialistas y farmacéuticos que cuidan de su salud, sino sus relaciones sociales, y como quien dice, su vida. Además, los expertos aconsejan a las familias que se piense bien el trasladar a un mayor a un hogar con un niño, hay que plantearse si hay espacio suficiente, y si siempre va a haber alguien cerca dispuesto a proporcionar los cuidados que necesita. Por tanto, merece la pena meditar esto despacio, y no imponer ninguna solución, ¡por ninguna de las partes! Seguramente habrá soluciones en las que no habíamos pensado siquiera.

Un buen punto de partida es considerar que se va a quedar en su casa, y qué hay que hacer para conseguirlo, ya que es la opción que menos trastoca la vida de los implicados.

Tal vez haya previstas ayudas públicas para atender las necesidades de una persona mayor en su domicilio. Pero también cabe pensar en hacer frente a los mayores costes de los cuidados mediante fórmulas en las que no cae uno normalmente: por ejemplo, las hipotecas inversas, es decir, una entidad bancaria paga unas mensualidades a cambio de quedarse con el inmueble. También se puede vender la nuda propiedad a un particular, conservando el usufructo de la vivienda de por vida. O hasta permitir que una empresa especializada se encargue de sufragar los gastos mediante el alquiler de algún otro inmueble, sin que haya compra-venta de por medio, ni afecte a los herederos.

En fin, puede haber más soluciones de las que pensábamos. Y es mucho más difícil verlas si, además, la situación se ha presentado sin tiempo de asimilarla, como consecuencia de una caída o un ictus, por ejemplo.

En una próxima entrega entraremos en más detalles sobre cuestiones del día a día que hay que replantear para seguir viviendo en el mismo hogar con un grado de dependencia creciente.

Si a pesar de nuestros esfuerzos por que nuestro familiar se quede en su casa, no lo vemos viable, antes de hacer mudanza cabe considerar las opciones, como los hogares grupales, los centros de vida asistida, las residencias de mayores, o las comunidades de retiro con cuidados continuos. Vamos a ver en qué consiste cada una de estas soluciones.

Los hogares grupales también se conocen como establecimientos residenciales de cuidados, son privados, y no suelen albergar a más de 20 personas, en habitaciones individuales o compartidas. Los residentes reciben cuidados personales y comidas por parte del personal, que está disponible las 24 horas del día, si bien no se suelen proporcionar cuidados de enfermería o médicos.

Los centros de vida asistida son para personas que necesitan ayuda con el cuidado diario, pero no tanto como el que se da en una residencia para mayores. Pueden albergar desde 25 a más de 120 residentes, y se paga en función del nivel de cuidados requeridos. Los servicios que se ofrecen son 3 comidas al día, ayuda con el cuidado personal, con los medicamentos, limpieza y lavandería, vigilancia 24 horas al día, seguridad, y actividades sociales y recreativas.

Las residencias de mayores añaden a los anteriores grupos la atención especializada, incluyendo no solo cuidados de enfermería, sino fisioterapia, terapia ocupacional y del habla, además de supervisión médica, y otros servicios, como peluquería o revisiones dentales.

Estas residencias no solo están para permanecer en ellas de por vida. A veces son una solución transitoria tras un alta hospitalaria, porque no es raro que tras un ingreso aumente el grado de dependencia, pero hay personas capaces de recuperar su autonomía si reciben las atenciones necesarias.

Por último, nos queda hablar de las comunidades de retiro con cuidados continuos. Suelen ser iniciativas privadas o cooperativas para construir viviendas individuales, organizadas en torno a unos servicios de asistencia comunes, incluidos los de salud y ocio.

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