
Tomar los medicamentos bien es de suma importancia para quienes ingieren muchos. Cuantas más pastillas recetadas, más probable es que haya dos fármacos para lo mismo, o que uno actúe contra otro. Por no mencionar las posibles interacciones y reacciones adversas.
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Los problemas son más probables si:
- Se va a más de un médico y no se informa a cada uno de ellos sobre qué se toma.
- Se va a más de una farmacia. A menos que se diga, es posible que esos farmacéuticos no estén al tanto del tratamiento actual.
- Se es mayor. Con los años, las funciones del cuerpo se ralentizan, por lo que los fármacos permanecen más tiempo en el organismo.
- Se toman medicinas para neutralizar los efectos secundarios de otras.
- Se usan hierbas o vitaminas sin consultar antes al médico o farmacéutico.

Tomar los medicamentos de forma segura
Al salir de la consulta, debe quedar muy claro respecto a cada medicamento:
- A qué hora se toma.
- Qué cantidad.
- Cómo tomarlo, por ejemplo, con agua o alimentos. Y
- Cuánto dura el tratamiento.
Conviene tomar cada fármaco a la misma hora todos los días. Puede ser útil una lista de medicamentos y colocarla en un lugar donde se vea a menudo. Debe incluir el nombre de cada preparado, la dosis, la frecuencia y el horario de toma, así como cualquier indicación especial (por ejemplo, si se debe tomar con las comidas o con el estómago vacío).
También puede ser una gran ayuda un pastillero para organizar las tomas.
Obstáculos para tomar los medicamentos
Si se tienen problemas para tomar los medicamentos tal y como están prescritos, puede ser útil pensar por qué. Conocer bien el problema es el primer paso para resolverlo. Vamos a ver ejemplos de reparos que tienen algunas personas, y cómo superarlos.
“Los medicamentos causan efectos secundarios molestos».
Hay que hablar de ello con los profesionales. El médico podrá recetar otro fármaco o sugerir formas de reducir los efectos secundarios. Por ejemplo, si se tienen molestias estomacales, tal vez tomar el fármaco con alimentos puede ayudar.
«El medicamento me hace sentir peor».
Hay que informarse sobre las interacciones entre medicamentos. Un preparado puede alterar la acción de otro, lo que puede agravar los efectos secundarios o empeorar un problema.
«Creo que el medicamento está empeorando mi problema de salud».
Se debe preguntar al médico si hay medicinas de las que se debería prescindir. Esto incluye suplementos y productos a base de plantas.
«Los medicamentos cuestan demasiado».
Habrá que preguntar al médico o el farmacéutico si hay algún remedio más asequible ¿Se puede utilizar un medicamento genérico? ¿Ofrece el seguro médico opciones más baratas? Puede que el médico o el farmacéutico tengan otras ideas que permitan ahorrar dinero, como comprar en otro formato o dividir las pastillas, siempre y cuando se mantenga la dosis terapéutica prescrita.
También se puede llamar a los servicios sociales o a grupos religiosos para pedir ayuda. Por otra parte, algunas compañías farmacéuticas disponen de algún «programa de asistencia al paciente». Es cuestión de buscar en Internet el nombre del medicamento o de la empresa.
Otra forma de ahorrar en medicamentos consiste en cambiar hábitos que mejoren la salud. Comer mejor y ejercitarse son las mejores medicinas.
«Es difícil llevar la cuenta de tantos medicamentos».
La raíz de este problema está en comprender qué se toma y por qué. El médico debe explicarlo, y uno, entenderlo. A partir de ahí, sería bueno hacer una lista maestra, y mantenerla actualizada. Si se sabe bien qué pastillas se toman y por qué, será más sencillo seguir el plan. Y en cada visita al médico, se debe revisar la lista de medicamentos, por si se puede reducir.
«Mis horarios cambian mucho, así que es difícil acordarse de las tomas».
Hay que facilitarse la vida con notas cerca de los relojes o en el espejo del baño. O programar alarmas en el móvil. También ayuda asociar la toma de un fármaco con una tarea cotidiana, como lavarse los dientes o prepararse el café. Por otra parte, se puede plantear al médico si se puede optar por un preparado de acción más larga. Esto ahorra tomas y, con ello, olvidos. También conviene tener claro qué hacer si se olvida una toma, que puede variar de un caso a otro.
Si se utilizan varios inhaladores, una etiqueta en cada uno de ellos para saber cuál usar en cada momento será de ayuda.
«Me interrumpen las tomas».
Hay que pedir a la persona que interfiere que espere mientras uno toma el medicamento. Si no da resultado, hay que mantener el medicamento en la mano; así será más probable tomarlo más tarde.
Y si todo esto falla, siempre se puede colocar un recordatorio en un lugar visible, como la nevera o la llave de casa.
«Se me ha acabado el medicamento».
Para evitar esto, se debe hablar con el médico o el farmacéutico hasta cuándo dura el tratamiento. Luego se marca en un calendario cuándo se necesita actualizar la receta. Puede que la farmacia cuente con un servicio de aviso para no tener que interrumpir la terapia.
«Me siento bien, así que no tomo mi medicina».
Seguramente se deberá a que se está tomando.
«No creo que el tratamiento esté funcionando».
Algunos problemas de salud, como el colesterol alto y la tensión arterial alta (el asesino silencioso), no le hacen a uno sentirse mal. Pero los medicamentos pueden reducir el riesgo de sufrir problemas graves, como un infarto de miocardio o un ictus. Por otra parte, algunos medicamentos no son eficaces de inmediato, requieren tiempo.
«Tengo que usar un inhalador, pero me cuesta mucho usarlo».
Hay que dejarse aconsejar por el médico o el farmacéutico. El uso de un dispositivo llamado espaciador puede facilitar el correcto uso. Por otro lado, tal vez existan alternativas al inhalador.
«Tengo que ponerme una inyección y me cuesta».
Conviene que un profesional de la saludo asesore sobre cómo ponerse las inyecciones.
«Me cuesta tragar pastillas».
Ayuda beber unos sorbos de agua para humedecer la garganta antes de tragar el medicamento. Y luego beber un vaso lleno de agua para tragar el medicamento.
Ahora soy yo el que necesita un vaso de agua. ¡Muchas gracias! ¿Te animas a comentar, compartir o suscribirte?