8 mitos sobre la salud mental


Uno de los principales problemas a los que se enfrentan las personas con trastornos mentales es el estigma y la discriminación que sufren. El rechazo social y la falta de oportunidades afecta gravemente a su calidad de vida y da lugar a situaciones de aislamiento; dificultan buscar o mantener un trabajo, pedir ayuda para superar la enfermedad y favorecen que la persona asuma los prejuicios sociales negativos.

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Muchos de ellos, como la agresividad o la incapacidad, no tienen fundamento científico alguno y no se corresponden con la realidad. Estos estereotipos, muy arraigados en nuestra sociedad y alimentados por la cultura popular, la industria audiovisual y los medios de comunicación, son infundados.
Nos proponemos desmontar mitos y creencias populares que fomentan y perpetúan la mala fama de quienes sufren un trastorno mental, dificultan su recuperación y les impiden gozar de una vida plena y satisfactoria.
1.- Son violentas y agresivas
Las conductas agresivas no guardan relación con la enfermedad mental. Las personas que la padecen tienen tantas posibilidades de ser violentas como cualquier otra. En cambio, suelen tener mayor riesgo de ser objeto de agresividad y violencia que los demás.
2.- No son inteligentes
Y aunque así fuera, que no lo es, ¿qué? Las enfermedades mentales no equivalen a un bajo coeficiente intelectual ni comportan necesariamente una disminución de las capacidades cognitivas o de las habilidades. Un trastorno mental no causa una discapacidad intelectual.
3.- Son débiles
Hasta los que se consideran más fuertes pueden sufrir trastornos mentales. En realidad, estos pueden deberse a muy diversos factores, como la genética, el entorno social, las vivencias, si se ha sufrido alguna experiencia traumática, o lesiones y enfermedades de índole física.
4.- Son adultas
Aún existe la falsa creencia de que los problemas de salud mental sólo afectan a personas adultas. Por otra parte, se suelen confundir algunos signos de alarma y síntomas de ciertos trastornos con actitudes propias de la adolescencia. Lo cierto es que los problemas de salud mental se han incrementado entre los más jóvenes, con un aumento de casos de trastornos alimentarios, de los intentos de suicidio, de las depresiones y de los cuadros de ansiedad.
5.- Tienen problemas con el alcohol y otras drogas
El consumo de drogas se considera un factor de riesgo para desarrollar un trastorno mental o empeorar sus síntomas, pero no siempre es la causa. De hecho, la mayor parte de quienes tienen algún problema de salud mental no toma ningún tipo de tóxico. Ahora bien, el estigma social y la discriminación que sufren estas personas sí puede contribuir a que desarrollen una adicción.
6.- Nunca se recuperan
Al igual que pasa con la salud física, existen trastornos mentales transitorios que con el tratamiento y el apoyo adecuados se pueden superar del todo, si bien algunos se convierten en crónicos. Sin embargo, en este caso siempre pueden aprender a convivir con la enfermedad y alcanzar una buena calidad de vida gracias a una atención y seguimiento adecuados.
7.- No pueden trabajar ni vivir en sociedad
Con el apoyo y los recursos necesarios, las personas con algún trastorno mental pueden trabajar, convivir en sociedad y gozar de una vida razonablemente independiente y autónoma. Por lo que se refiere al trabajo, si bien es cierto que en algunos casos la salud mental puede ser motivo de incapacitación laboral, muchas de las personas con un trastorno  mental pueden trabajar con normalidad. De hecho, la razón principal por la que están fuera del mercado laboral no es el propio trastorno, sino los prejuicios y la falta de condiciones adecuadas para su inserción.
8.- Tienen que estar encerradas en un psiquiátrico
En muchos casos, el tratamiento de un trastorno mental no requiere ingreso en un centro especializado y, en caso necesario, suele ser temporal para tratar un episodio agudo. Las personas que reciben atención ambulatoria suelen tener una evolución favorable y sostenida en el tiempo. En todo caso, se requiere una valoración muy compleja, caso por caso. No parece buena idea una única solución final para todos, ¿no?
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