
La gota es una forma de artritis en la que cristales de urato sódico se acumulan en las articulaciones, y provocan dolor e inflamación. Es tan frecuente que se manifieste en la base del primer dedo del pie, que le ha dado otro nombre a esta enfermedad, podagra (una palabra de origen griego que alude a los pies); pero los cristales también se pueden acumular bajo la piel, y pueden formar «piedras» o cálculos en el riñón.
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Los primeros síntomas suelen manifestarse de forma repentina y en forma de crisis, que con el tiempo se pueden agravar y prolongar. Afecta sobre todo a hombres adultos, y a mujeres tras la menopausia. La gota aumenta el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares, como el infarto de miocardio o la angina de pecho. El tratamiento consiste en medicarse y seguir algunos consejos alimentarios.
Vamos a repasar las principales características de la gota, qué medicamentos hay, cuándo son necesarios, y qué cambios en el estilo de vida hay que seguir.
¿Qué es el ácido úrico y por qué puede producir gota?
El ácido úrico es una sustancia que produce el organismo cuando descompone purinas. Las purinas son productos de desecho que se encuentran de forma natural en todos los tejidos del cuerpo y también en algunos alimentos, como las vísceras de animales, la carne roja y de caza, el marisco o el pescado azul (sardinas, anchoas, etc.).
La gota se produce por un nivel de ácido úrico en sangre superior al normal, lo que se llama hiperuricemia. En circunstancias normales el cuerpo elimina por la orina el exceso de ácido úrico. Pero si el cuerpo produce demasiado o elimina poco, se puede acumular en forma de cristales de urato sódico; sobre todo en las articulaciones, en el tejido que las rodea, como ligamentos o tendones, o bajo la piel. Entonces el cuerpo reacciona y genera los síntomas de la gota, ya sea de forma aguda (una crisis de artritis), o con síntomas crónicos. Los pacientes con gota tienen mayor riesgo de desarrollar piedras en los riñones.
Sin embargo, hay que tener en cuenta que no todo el que tiene hiperuricemia desarrolla gota y, por tanto, no siempre se requiere tratamiento farmacológico. En cualquier caso, hay que saber que la enfermedad puede curarse completamente con un tratamiento específico.
¿Cuáles son los factores de riesgo de la gota?
Hay diferentes enfermedades y hábitos relacionados con el estilo de vida que pueden incrementar el riesgo de desarrollar gota:
- Obesidad
- Presión arterial alta
- Consumir grandes cantidades de alcohol
- (principalmente cerveza y licores de alta graduación)
- Consumir grandes cantidades de carne, marisco, pescado y bebidas con alto contenido en fructosa.
- Tomar algunos medicamentos, como los diuréticos (utilizados en el tratamiento de la hipertensión arterial), aspirina a dosis bajas, o algunos fármacos usados en quimioterapia.
También hay otros factores en los que no tenemos control, o muy poco:
- El sexo y la edad. La gota afecta a más hombres que mujeres. En los hombres es más frecuente entre los 30 y los 50 años, mientras que en las mujeres suele aparecer tras la menopausia.
- Los antecedentes familiares. La gota puede ser hereditaria.
- Algunas enfermedades. La psoriasis extensa, el hipotiroidismo, la diabetes, algunas enfermedades de la sangre o la insuficiencia renal crónica son enfermedades que pueden incrementar el riesgo de sufrir gota.
La gota se asocia con frecuencia a la obesidad, la diabetes, la hipertensión arterial y la hipercolesterolemia, afecciones que, por cierto, también son factores de riesgo de sufrir problemas cardiovasculares.
Síntomas
Las manifestaciones agudas de la gota son en forma de crisis de artritis, tendinitis (inflamación del tendón) o bursitis (inflamación del saco o bolsa lleno de líquido que protege la articulación y amortigua el roce de los tendones).
Los síntomas aparecen de forma repentina, casi siempre, de noche, y la crisis suele afectar a una sola articulación, a menudo, en una pierna o pie. La inflamación y el dolor, muy intensos, se agravan con el movimiento y el contacto superficial de la zona, la cual también puede enrojecerse y calentarse. Estos brotes suelen desaparecer al cabo de una semana; pero si no se hace nada, las crisis suelen intensificarse, alargarse y hacerse más frecuentes.
Las manifestaciones crónicas de la enfermedad se producen por la acumulación paulatina de cristales de urato de sodio, que forman bultos debajo de la piel y cerca de la articulación; éstos se llaman tofos. A veces causan lesiones en los huesos y en las articulaciones. Estos bultos no suelen doler, pero pueden presentar cierta inflamación crónica, que sí duele, y afecta a la movilidad articular, lo cual puede conducir a cierta discapacidad.
Por último, hay que decir que la eliminación elevada de ácido úrico por el riñón puede facilitar la formación de piedras en el mismo.
¿Cómo evoluciona la enfermedad?
La gota tiene tres fases principales:
- Ataque agudo: se trata de un ataque repentino con inflamación y dolor que inicialmente sólo afecta a una articulación (habitualmente el dedo gordo del pie), pero que a lo largo del tiempo puede afectar a más.
- Periodo entre ataques: Si la gota no se trata, el tiempo entre los ataques agudos se acorta y éstos son cada vez más graves y prolongados. Normalmente se produce un segundo ataque de gota durante los dos años posteriores al primero.
- Tofos: si se presentan ataques de gota a menudo, o se tiene una hiperuricemia continuada durante años, se puede desarrollar una gota tofacia con una gran acumulación de cristales de urato de sodio. Esto puede comportar la erosión del hueso, lesiones en las articulaciones y deformaciones. Debido a los distintos tratamientos farmacológicos disponibles actualmente, esta fase es casi una rareza.
Diagnóstico
Generalmente la gota se diagnostica con la detección de cristales de urato de sodio, mediante un microscopio, en una muestra de líquido sinovial (el líquido transparente y viscoso que lubrica las articulaciones), o la detección de tofos, que se extraen con una aguja.
En caso de que no se pueda extraer líquido, el médico también puede diagnosticar la gota a partir de los síntomas, sla evolución, y un análisis de ácido úrico en sangre. Pero hay que aclarar que no todo el que presenta hiperuricemia desarrolla gota, y que no todo el que tiene gota presenta un exceso de ácido úrico de forma permanente.
Los rayos X pueden mostrar daño en las articulaciones en casos prolongados de gota y ayudar a descartar otras causas de inflamación. La ecografía y la tomografía computarizada pueden ser útiles para detectar la presencia de cristales de urato sódico en las articulaciones.
¿Cómo se trata?
Hay dos tipos de tratamientos disponibles con objetivos distintos:
- El tratamiento del ataque agudo de gota, para controlar el dolor y la inflamación durante los días que dura el episodio, que se debe iniciar cuanto antes. Y
- La terapia de disminución del ácido úrico, para evitar que la enfermedad progrese. Consiste en tomar fármacos e introducir algunos cambios en el estilo de vida de forma mantenida para reducir el ácido úrico en la sangre. Con ello se previene que se formen nuevos cristales, y se favorece que se disuelvan los existentes. La forma de monitorizar lo efectivas que son estas medidas es mediante análisis de sangre regulares.
No todo el que tiene gota requiere una terapia de disminución del ácido úrico. Si se tienen pocos ataques de gota y de carácter leve puede que sólo sea necesario tratar el ataque agudo. Sin embargo, si se produce una progresión del daño en las articulaciones o se desarrolla una gota más grave, seguramente será necesario iniciar una terapia de disminución de ácido úrico.
Los síntomas de los episodios agudos pueden mejorar con el reposo de la región afectada, la aplicación de frío en la zona y el uso de medicamentos antiinflamatorios o de la colchicina. Esta última también es eficaz para prevenir los episodios de inflamación aguda. Los corticoesteroides, por vía oral, parenteral o con infiltración intraarticular, son asimismo eficaces. El médico debe decidir qué medicamento es el más adecuado en función de diversos factores, como el riesgo de sangrado, el estado de los riñones y el haber sufrido o no previamente úlceras en el estómago o en el intestino.
Los medicamentos que se utilizan en una terapia para reducir el ácido úrico disminuyen su producción, o favorecen que se elimine por los riñones. Estos son:
- ALOPURINOL: inhibe la producción de ácido úrico y se considera el tratamiento estándar desde hace décadas. Se inicia a una dosis baja, que se incrementan progresivamente hasta alcanzar determinadas concentraciones de ácido úrico en la sangre. Debe tenerse en cuenta que, en casos de enfermedad renal, la dosis que se emplea es inferior. Aunque los efectos adversos son poco frecuentes, puede provocar una disminución de las plaquetas y glóbulos blancos, erupciones en la piel, diarrea y fiebre.
- FEBUXOSTAT: también inhibe la producción de ácido úrico y habitualmente se utiliza cuando el alopurinol no se tolera o está contraindicado. Los efectos adversos más frecuentes son: alteraciones de las pruebas hepáticas, molestias gastrointestinales, dolor de cabeza, edemas (acumulación de líquidos corporales) y erupciones cutáneas. Está desaconsejado en pacientes con enfermedades cardiovasculares graves.
- LESINURADO: incrementa la eliminación de ácido úrico en los riñones. Se trata de un fármaco de reciente comercialización que se utiliza conjuntamente con el alopurinol, principalmente en casos graves que no responden a los tratamientos habituales. Los efectos adversos más frecuentes están relacionados con la funcionalidad del riñón y por este motivo es necesario realizar un seguimiento periódico.
Por otra parte, para los pacientes que no responden a ningún tratamiento se están estudiando medicamentos que actúan sobre otras vías implicadas en la inflamación gotosa, como por ejemplo, el CANAKINUMAB.
El tratamiento no farmacológico para reducir el nivel de ácido úrico en la sangre y las complicaciones consiste en seguir una dieta equilibrada, evitar los ayunos, así como las comidas copiosas, y la ingesta de grandes cantidades de carne y marisco, limitar el consumo tanto de los alimentos que contienen purinas, como de los azucarados, y evitar las bebidas alcohólicas, especialmente la cerveza y los licores de alta graduación, También puede ser necesario, siempre y cuando el médico lo considere adecuado, retirar los medicamentos que aumentan los niveles de ácido úrico. Beber mucha agua, mantener un peso saludable y ejercitarse regularmente también puede contribuir al control de la enfermedad.
Y esto es todo por hoy, espero haber aportado información útil. En cualquier caso, que vaya muy bien, ¡muchas gracias! ¿Te animas a comentar, compartir o suscribirte?