
El dolor es la forma que tiene el cuerpo de avisar de que algo va mal. Si dura más de 3 meses, se llama crónico. Puede aparecer en cualquier parte del cuerpo, y ser desde leve o molesto hasta tan intenso que impida realizar los quehaceres diarios. Le puede pasar a cualquiera. Es verdad que es más frecuente en personas mayores, pero el dolor no es algo propio de la edad. Hablaremos de las causas más adelante, pero cumplir años no es una de ellas. El dolor puede ser un síntoma de la artritis o la diabetes, que son más probables con la edad, pero no es la edad la que provoca el dolor. Los años son solo un factor de riesgo.
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Hay que huir de quien atribuye el dolor a los años, porque además de no aliviar, ignora los problemas derivados de él: ansiedad, estrés, o insomnio, entre otros; por no mencionar los efectos de no poder hacer lo que uno quiere.
Causas
Cuando se sufre una lesión o enfermedad, algunos nervios envían señales de dolor al cerebro. En el dolor crónico, estas señales se mantienen durante semanas, meses o incluso años después de recuperarse.
A veces se conoce la causa, como una lesión de espalda, o un virus; otras veces, se desconoce. También es posible que ciertas sustancias químicas del cerebro, encargadas de suprimir el dolor, dejen de actuar como deben. O que el cerebro se vuelva más sensible al dolor.
En función de a qué afecte, podemos tener pistas sobre la causa. Si afecta a músculos, huesos y articulaciones, puede deberse a distensiones musculares, artrosis, artritis reumatoide o fibromialgia.
Si afecta a los nervios, la causa puede ser presión sobre estos, como ocurre en la ciática, o el daño producido por alguna enfermedad, como la diabetes, o el herpes zóster, una enfermedad vírica.
Si afecta a órganos, la razón puede ser una lesión, una infección, o un problema de salud como la enfermedad inflamatoria intestinal, el síndrome del intestino irritable, el dolor pélvico o las úlceras de estómago.
Se puede tener más de un tipo de dolor al mismo tiempo. Por ejemplo, la fibromialgia puede causar dolor en músculos y nervios.
Qué aumenta el riesgo
Los factores de riesgo aumentan las posibilidades de enfermar o tener un problema. Los del dolor crónico son:
- Los años: los mayores son más propensos a tener ciertos problemas de salud que pueden conducir a dolor crónico, como la fibromialgia, la artritis, la depresión, la ansiedad, el herpes zóster, la diabetes o el dolor del miembro fantasma. También son más probables las lesiones articulares y las cirugías.
- El estilo de vida. Por ejemplo, fumar, beber alcohol o consumir otras drogas. Sobre todo, el consumo prolongado de opiáceos.
- Factores sociales. Por ejemplo, la soledad y la sensación de estar desconectado de los demás.
Prevención
No siempre se puede prevenir el dolor crónico. Pero mantener una buena salud física y mental puede ser la mejor forma de prevenirlo, o de ayudar a sobrellevarlo.
Aquí van algunas sugerencias:
- Tratar pronto los problemas de salud, incluidos los trastornos mentales. La depresión puede empeorar el dolor.
- Dormir lo suficiente cada noche, y dosificar el descanso durante el día. A esto ayuda no tomar cafeína más allá de las 3 de la tarde. Esto incluye café, té, los refrescos de cola y el chocolate.
- Hacer ejercicio aeróbico con regularidad -como natación, bicicleta estática y caminar. El ejercicio en el agua puede ayudar con el dolor que empeora al realizar actividades en las que se soporta peso, como caminar.
- Comer de forma sana.
- Controlar el estrés.
- Usar herramientas de ayuda como los bastones, los extensores de picaportes, o los útiles para abrir envases.
- Buscar ayuda para el dolor lo antes posible. Si el médico receta opiáceos para el dolor agudo, convendrá tomarlos el menor tiempo posible.
Síntomas
Los síntomas habituales del dolor crónico son el dolor de leve a muy intenso que no desaparece como se esperaba tras una enfermedad o lesión. Puede ser punzante, ardiente o como una descarga eléctrica. También puede uno sentirse tenso o rígido.
El dolor crónico puede provocar otros problemas, como:
- Fatiga. Este cansancio extremo puede desesperarnos y hacernos perder la motivación. Lo cual puede derivar en depresión, que se da con frecuencia, y empeora el dolor, así como su manejo.
- Insomnio, porque el dolor no deja conciliar el sueño. Esto puede aumentar el estrés y dificultar la realización de tareas sencillas.
- Menos actividad y mayor necesidad de descansar.
- Cambios de humor, como sentirse desesperanzado, asustado, irritable, ansioso o estresado.
Todos estos problemas derivados del dolor son motivos más que suficientes para acudir al médico cuanto antes. A menudo se requiere la intervención de varios profesionales para controlar el dolor.
Exámenes y pruebas
El médico hará preguntas sobre la salud, cirugías o lesiones anteriores. Y en cuanto al dolor, preguntará cuándo empezó, cuánto dura, es decir, si hay un patrón diario, y si hay algo que mejore o empeore el dolor.
También querrá valorar cómo afecta a la vida diaria, al sueño y al estado de ánimo.
En la exploración física, el médico buscará zonas sensibles, débiles o entumecidas.
Las siguientes pruebas pueden ayudar a dar con la causa del dolor:
- Los análisis de sangre u otras pruebas de laboratorio permiten ver si alguna infección o alguna otra afección está detrás del dolor.
- Las radiografías u otras pruebas de imagen (como tomografías computarizadas, resonancias magnéticas o ecografías) captan imágenes para detectar enfermedades y lesiones.
- El electromiograma (EMG), los estudios de conducción nerviosa y otras pruebas similares buscan si el dolor está relacionado con problemas musculares o nerviosos.
- Los bloqueos nerviosos diagnósticos consisten en inyectar un anestésico local dentro o alrededor de un nervio con tal de saber si causa el dolor.
Un apunte a propósito de la electromiografía…
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Opciones de tratamiento
Hay muchos tratamientos no medicinales que pueden útiles, como fisioterapia, hidroterapia, masajes, calor o frío, terapias para reducir el estrés, así como relajación o yoga.
Algunas veces se logra controlar el dolor con analgésicos comunes como el paracetamol o el ibuprofeno. Pero si no bastan, existen alternativas, como:
- Medicamentos: se puede recurrir a anticonvulsionantes (como gabapentina y pregabalina), corticoesteroides (como la prednisona) o determinados antidepresivos (como amitriptilina o duloxetina) para aliviar el dolor crónico. A veces se usan fármacos que se aplican sobre la piel (como cremas, geles, aerosoles o parches con antiinflamatorios no esteroideos, lidocaína o capsaicina). Hay que tener en cuenta que un medicamento puede perder parte o toda su capacidad de acción cuando se usa mucho tiempo. El cuerpo se vuelve tolerante. En estos casos, es posible que haya que subir la dosis, cambiar de fármaco o añadir otro. Es cuestión de encontrar la mejor combinación junto con el médico.
- Inyecciones. Pueden probarse para bloquear algún nervio, o tratar alguna articulación. Se puede recurrir a inyecciones epidurales de esteroides, alrededor de la columna vertebral, y a inyecciones articulares, con corticoesteroide.
- Cirugía. La cirugía para el dolor crónico no es frecuente. Suele ser una opción sólo después de que otros tratamientos no hayan funcionado o si se considera médicamente necesaria. Por ejemplo, puede ser útil la administración intratecal de fármacos (en el espacio lleno de líquido entre las delgadas capas de tejidos que cubren el cerebro y la médula espinal) o la estimulación de la médula espinal. También se recurre a la estimulación nerviosa eléctrica para interrumpir las señales de dolor. Otras veces se opta por la ablación nerviosa, es decir, se destruye o eliminan los nervios que envían señales de dolor. Y por último, existe la opción de la descompresión: un tipo de cirugía que se utiliza para el dolor nervioso, como el de la neuralgia del trigémino. El cirujano intenta apartar los vasos sanguíneos u otras estructuras corporales que presionan los nervios y causan dolor.
En fin, y ya dejo de escribir, que no quiero que sea un dolor leerme. ¡Que vaya muy bien, muchas gracias! ¿Te animas a comentar, compartir, o suscribirte?