
A veces se da un diagnóstico erróneo, se receta un fármaco equivocado, o hasta se opera una parte del cuerpo que no tocaba. ¿Por qué ocurre esto? Los médicos son infalibles, ¿no? Los médicos, ¡oh, sorpresa! son humanos. Por eso no se les puede exigir por ley que acierten al diagnosticar y tratar a sus pacientes. Sólo que pongan su experiencia y suficientes medios para atender de forma profesional a los enfermos, que no es poco. Es decir, que pongan suficiente interés. Incluso poniendo mucho interés, los sucesos adversos, imprevistos, ocurren. La buena noticia es que se pueden reducir.
(Si lo prefieres, puedes recibir esta información en formato vídeo).
Errores médicos
Pueden darse cuando un sanitario no lleva a cabo una acción o tratamiento como estaba previsto. O usa un plan incorrecto, como dar un medicamento o una dosis equivocados a un paciente; hasta puede dar por error un principio activo al que se es alérgico. También se llega a malos resultados cuando se usan mal equipos médicos, o fallan. Hasta las pruebas de laboratorio pueden errar. Los errores médicos no son complicaciones de una enfermedad ni efectos secundarios esperados de los tratamientos, sino acciones u omisiones desacertadas, equivocadas. Cuesta asumirlo, porque no esperamos que de las buenas intenciones se llegue a malos resultados, pero ocurre. Eso sí, se pueden minimizar. Suelen deberse a la mala comunicación. Parece algo poco importante, pero del bloqueo de información vital se derivan consecuencias negativas, y hasta fatales.
Cómo prevenir errores médicos
Lo mejor que se puede hacer para prevenirlos es participar en la atención sanitaria. O sea, se debe aprender cuanto se pueda sobre el problema de salud, los fármacos y el tratamiento. Así podrá uno participar en la toma de decisiones, hablar con todos los sanitarios implicados, y comentar con familiares y amigos.
Si los errores se deben a no hablar, es evidente que hay que hacerlo siempre, y más si se tienen dudas. Hay que hablar con todo el que participe en la atención. Desde luego, hay que asegurarse de que un médico se encarga de atendernos, y debemos sentirnos cómodos con él para plantearle las preguntas que surjan.
Esto es aún más importante si se tienen muchos problemas de salud o se está ingresado en un hospital. Por cierto, un inciso importante: existe el “síndrome del recomendado”, que es el conjunto de complicaciones que aparecen en pacientes concretos, que demandan un trato especial. Pensemos en alguien muy relevante, al que se le piden más pruebas que a cualquier otra persona; en alguna de ellas aparece algún falso positivo, y se llega al sobretratamiento. En otras palabras: la actitud del paciente puede afectar a la del médico, y cuanta más presión siente éste, más fácil es que se aparte de la mejor práctica clínica, y yerre. El caso es que el médico ya trabaja bajo mucha presión. De hecho, debe coordinar a todos los miembros del equipo que nos atiende, incluidos, o sobre todo, otros médicos. Hay que asegurarse de que todos disponen de la información actual y clave sobre nuestra salud. ¡No demos por sentado que todos saben todo lo que necesitan! Y si esto nos sobrepasa, mejor contar con un amigo o familiar que nos acompañe. Que sea capaz de hablar por nosotros, llegado el caso, respetando nuestras preferencias. Y que sepa, como nosotros debemos saber, que “más” no siempre es “mejor”. Que menos pruebas y tratamientos no significa peor atención, sin más. A propósito de esto, conviene saber por qué es necesaria una prueba o tratamiento. Qué va a cambiar. Puede que sea mejor no hacer nada.
Si por el contrario todos están de acuerdo en hacer una prueba, hay que enterarse de cuándo y cómo se recibirán los resultados. Si no se reciben, no debe darse por sentado que es porque ha salido bien. Hay que preguntar por los resultados, y qué implican.
Cómo prevenir errores con los medicamentos
Lo principal es informar al médico de todos los medicamentos que se toman. Esto incluye fármacos con o sin receta, y suplementos como vitaminas y hierbas. Lo ideal es tener una lista como la que proponemos aquí, en PDF. Otra opción es meter todos los medicamentos, suplementos y vitaminas en una cajita o bolsa, y llevarlos a la consulta.
Si se tiene alguna reacción adversa importante o alergia a algún medicamento, el médico puede plantear alternativas. No hay que resignarse a vivir con los efectos secundarios si hay alternativas, ¿no? Pero hay que hablarlo.
Si se toman analgésicos, el médico necesita saber si funcionan bien. Si no es así, no se debe subir la dosis sin más, hay que hablar antes con él.
Qué preguntar al médico o farmacéutico
Es fácil confundirse si se toman muchos fármacos. Así que es vital preguntar por qué se toma cada uno, y cómo. Por eso es buena idea anotar las dosis y las tomas al día.
Otra pregunta importante es “¿por cuánto tiempo hay que tomarlo?” Hay que saber si se debe terminar todo el envase, o se puede dejar cuando ya se sienta uno mejor.
Más preguntas: “¿Es seguro tomar este medicamento junto con otros?” Existen interacciones peligrosas, y por eso hay programas informáticos que los detectan, o profesionales muy buenos capaces de señalar estos riesgos. Pero de nada sirve si no cuentan con la información necesaria, claro.
Seguimos con las preguntas: “¿Hay algo que no deba comer o hacer?”
¿Qué hago si me olvido de tomar una dosis?
En algunos casos hay que esperar hasta la siguiente toma. En otros, se debe compensar la dosis. En el prospecto suele indicarse qué hacer.
¿Cuáles son los efectos secundarios?
Es bueno saber cuáles cabe esperar, y qué hacer si aparecen.
Además hay algunas preguntas para el farmacéutico, como: “¿Es esto lo que me ha recetado el médico?” Hay que asegurarse de que es el principio activo y la dosis correcta. Hay decenas de miles de medicamentos. Por eso, si al renovar la receta vemos que el tamaño, la forma o el color de las pastillas es diferente, hay que preguntar.
Si el medicamento es líquido, ¿cómo nos aseguramos de medir bien? Una cucharilla de café puede tener una cantidad distinta a la indicada por el médico. También puede ser difícil ver la línea hasta la que hay que llenar una jeringa o un cuentagotas.
Prevenir errores en el hopital
En el hospital se producen muchos resultados adversos e inesperados mientras se procura la mejor atención sanitaria. Cuando se investiga un caso así, casi siempre se encuentra que ha habido errores humanos, fallos de comunicación, protocolos violados, y cálculos equivocados. Los mismos elementos que suelen estar presentes en los casos de éxito. O sea, no es obvio cómo reducir los efectos negativos e inesperados durante la estancia hospitalaria. La iatrogenia, el daño involuntario causado cuidando a los enfermos, es un quebradero de cabeza. Y los sanitarios también son víctimas de ella.
El primer paso es reconocerla, saber que existe, por muy tabú que sea. El segundo es poner de nuestra parte para reducirla. ¿Cómo? Vamos a verlo:
Con mucho tacto, incluso con humor, hay que preguntar por la higiene de las manos. ¡Ojo!, cuando sea pertinente (porque hay riesgo de infectarnos). Sea el médico, o la auxiliar de enfermería.
Tampoco se debe aceptar nada sin que comprueben antes quiénes somos (¿»Sabe quién soy yo?»): ni comida, ni fármacos, ni tratamientos.
Hablando de tratamientos, hay que preguntar por ellos. Por ejm., si hay que llevar una sonda urinaria o una vía intravenosa, debemos preguntar por cuánto tiempo; porque cuanto más tiempo, más posibilidades de contraer una infección que derive en sepsis.
Y por último, al recibir el alta debemos recibir una hoja de instrucciones. Es importante entenderla, y plantear las dudas que queden, ya se trate de actividades, comidas o medicación.
Un caso aparte es acudir al hospital por una cirugía. Vamos a verlo en el siguiente apartado:
Prevenir errores por una cirugía
Antes de la operación hay que preguntar si se tiene que interrumpir algún medicamento, o dejar de comer o beber, y con cuánta antelación. También se debe informar de si se toma algún suplemento o hierba medicinal. O si uno se resfría, tiene fiebre, gripe u otra enfermedad cerca de la fecha de la intervención.
Por otro lado, conviene asegurarse de que todos tienen claro qué zona del cuerpo se va operar. Puede pedírsele al cirujano que marque la piel antes de la cirugía. Es raro que la operación se realice en la parte errónea del cuerpo, pero pasa.
Y si alguna vez se ha tenido una mala reacción a la anestesia, hay que hacerlo saber.
Si aún no tenemos las voluntades vitales anticipadas, el testamento vital, este puede ser un buen momento para redactarlas, y comentarlas con el cirujano.
Si la operación sale como se espera, antes del alta, convendrá preguntar por los medicamentos que se necesitarán, qué se debe hacer y evitar en casa, así cómo qué dieta seguir. Por supuesto, hay que tener claro cómo cuidar las heridas, y cuándo pedir ayuda.
En fin, solo me queda desear que vaya muy bien. Espero que hayas encontrado útil esta información. ¡Muchas gracias por leer! ¿Te animas a comentar, compartir o suscribirte?