Indicios de suicidio en mayores

Quienes me seguís, sabéis que tratamos toda clase de temas de interés para los mayores, aunque sean tabú. Hoy toca hablar de suicidio, que afecta más a los mayores de 70. Las cifras han ido bajando en los últimos 30 años, pero ha habido un repunte en 2021 y 22 en España. Los hombres divorciados y viudos de esta edad tienen las tasas más altas. Pero hay otras víctimas, y queremos poner nuestro granito de arena para prevenir algo tan doloroso, que suele dejar un gran vacío, además de un poso de culpa en los familiares, una vez pasado el shock.

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Entender lo incomprensible

A menudo, las personas que se plantean en serio el suicidio no quieren morir. Pueden pensar que el suicidio es la única forma de resolver sus problemas y acabar con su dolor. Alguien dijo que es como huir de un edificio en llamas. Nadie quiere saltar al vacío, pero quedarse causa más dolor. Al menos, así lo sienten. A veces, son cuestiones de honor las que impulsan a la persona a este desenlace, o hasta una intención hostil, contra algo o alguien.
Es posible que no busquen ayuda porque se sienten impotentes, sin esperanza o inútiles. En definitiva, no conciben otra salida. Estos sentimientos pueden deberse, o no, a un problema de salud mental, como la depresión. Estos problemas pueden y deben tratarse, y con más razón cuando aparecen ideas suicidas. No hablamos de pensar de forma fugaz en la muerte, como muchas personas, sino de quienes piensan a menudo en “quitarse de en medio”, y en un plan para lograrlo.


Quién está en riesgo

La mayoría de las personas que de verdad intentan suicidarse tienen uno o más de los siguientes rasgos:

  • Antecedentes de intentos de suicidio
  • Antecedentes familiares de suicidio, intentado o consumado
  • Antecedentes personales o familiares de ansiedad grave, depresión u otro problema de salud mental, como trastorno bipolar (enfermedad maníaco-depresiva) o esquizofrenia.
  • Un problema con las drogas o el alcohol.
  • Estar solo durante largos periodos de tiempo. La persona se vuelve más taciturna. Así fue en los casos que hubo en mi familia.
  • Preocupación por la muerte en las conversaciones.
  • Diagnóstico de una enfermedad física grave.
  • Cambios recientes en la vida, como la muerte o la enfermedad crónica de un cónyuge o un hijo, la jubilación o problemas económicos.
  • Discapacidades físicas.
  • El riesgo crece cuando la persona piensa que no hay otra salida, y su plan incluye:
  • Medios para suicidarse, como armas, pastillas o pesticidas.
  • Una hora y un lugar para el suicidio.
  • A pesar de todo, quienes se plantean el suicidio a menudo dudan entre elegir la vida o la muerte. Con compasión y apoyo, pueden elegir vivir. Por eso, hay que tomarse en serio cualquier mención al suicidio, y buscar ayuda de rápido.

Familiares y amigos: Cómo ayudar


Para situaciones urgentes, en España se puede llamar a emergencias, al 112, al teléfono para prevenir el suicidio, gratuito y confidencial, el 024, o el teléfono de la esperanza, el 717 003 717. Aunque suene raro, hay que considerar la propia seguridad. Si no corremos peligro, nos podemos quedar con la persona, o pedir a alguien de confianza que se quede hasta que llegue la ayuda.
Conviene hablar de la situación lo más abiertamente posible, dejando claro que no queremos que muera ni que haga daño a nadie. No son momentos para discutir ni negar sentimientos, sino para para mostrar comprensión y compasión. Discutir con la persona solo puede aumentar su sensación de no tener el control de su vida. Daremos más detalles de cómo hablar de esto en el siguiente apartado.
Una forma de recuperar ese control es con ayuda de un terapeuta. Nos podemos ofrecer a buscar al profesional adecuado. No solo eso, sino acudir a la cita, o hasta participar en las sesiones, si todos están de acuerdo.

Cómo hablar del tabú

No es fácil hablar del suicidio con un ser querido. Pero una conversación abierta y de apoyo puede ser un salvavidas para una persona que está pensando en poner fin a su vida.
Para tener una conversación así conviene tener en cuenta lo siguiente:
1.- Sin temor a ser directos.
Por ejemplo, podemos decir: «Estoy preocupado por ti. ¿Piensas en el suicidio?». Puede que sienta alivio al hablar de ello. Eso sí, hay que mantener la calma y no parecer demasiado sorprendidos. La actitud debería ser de querer saber por qué se siente así. Sin juzgar ni discutir. Aceptando que sus sentimientos son reales, y que tienen una base.
2.- Escuchar
En esta tarea nos tenemos que esforzar todos, porque tendemos a centrarnos más en qué vamos a decir que en escuchar. Dice el diccionario que escuchar es prestar atención a lo que se oye. En una situación así, además, habría que mantener el contacto visual, y sobre todo, no interrumpir. Tenemos que resistir la tentación de dirigir la conversación hacia donde queremos, a que nos garantice que va a cambiar, y que diga que se arrepiente. Es muy posible que nos digan lo que queremos oír sin que haya un cambio real.

Si escuchamos de verdad, detectaremos pistas muy importantes, sobre todo, las razones para vivir.
Cuando la persona termine, nos aseguraremos de haber entendido bien todo lo dicho. Repetimos lo oído, incluyendo cualquier cosa que haya mencionado que haga que su vida merezca la pena.
3.- Preguntar.
Puede dar miedo hablar de ello, pero es importante saberlo. Llegados a este punto, habremos escuchado con paciencia, y ahora toca meter el dedo en la llaga:

¿Ha fijado una fecha o elegido un lugar? ¿Tiene armas, pastillas u otros medios para suicidarse? ¿Ha intentado hacerse daño antes? Las respuestas permiten evaluar el peligro. Cuanto más detallado sea el plan, mayor será el riesgo. Pero aunque responda “no”, hay que tomarse en serio cualquier conversación sobre el suicidio.
4.- Ayudar.
Por ejemplo, podríamos hacer una lista de personas de confianza a las que pedir apoyo. O buscar tratamiento, o un grupo de apoyo. Y alejar cualquier medio de suicidio, como armas, pastillas o pesticidas.
Si es posible, podemos ofrecernos para cuando necesite hablar. Pero no nos comprometamos a nada que no queramos o podamos hacer.
5.- Animar a buscar ayuda profesional.
En función de la situación, puede llamar a un teléfono de crisis, a su médico, o a un profesional de la salud mental.

Por cierto, es probable que la persona nos pida mantener esta conversación en secreto. En esto hay que ser claros: este ser humano que nos importa necesita más apoyo del que una sola persona puede dar. Su vida puede estar en peligro, y eso puede ser una carga excesiva.
6.- Interesarse
La conversación necesita seguimiento: conviene llamar, escribir mensajes de texto, o visitar pronto a la persona. Podemos llevarle comida o a dar un paseo. Se trata de mantener el contacto para demostrar que nos importa. Esto hará que se sienta valorada y apoyada.

En fin, espero que hayas encontrado esta información útil. Con una vida que se salve, ya habrá merecido mucho la pena reunirla aquí. Muchas gracias por leer. ¿Te animas a comentar, compartir o suscribirte?

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