
En esta entrada abordamos un asunto delicado, al que queremos arrojar luz para tomar la mejor decisión, antes de llegar a la temida conversación para convencer a nuestro familiar mayor de que deje de conducir. Y es que la salud puede acabar comprometiendo la seguridad de todos los que circulan, empezando por el propio conductor. Así que si este asunto empieza a ser ya una preocupación para todos, es el momento de detenerse e informarse. Veamos qué aspectos de la salud son los que tienen mayor impacto en el conductor, más allá de las revisiones para renovar la licencia de conducción.
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Rigidez articular y muscular
A medida que se envejece, las articulaciones pueden volverse más rígidas, y los músculos perder fuerza. La artritis, bastante común entre las personas mayores, puede afectar a la capacidad de conducir, por ejemplo, haciendo más difícil girar la cabeza lo suficiente, impidiendo mover el volante con rapidez, o frenar con contundencia si las circunstancias lo requieren. Al margen del tratamiento que se siga para aliviar los síntomas, y del ejercicio que se haga para preservar sobre todo la fuerza y la flexibilidad, también cabe pensar en recursos técnicos asociados al vehículo. Son preferibles los coches fáciles de conducir, con cambio automático o secuencial, con servofreno y dirección asistida, así como espejos grandes. Y hasta cabe considerar el instalar el acelerador y el freno en el volante, si es que las piernas no responden bien a las exigencias de la conducción.
Dificultad para ver
A medida que se cumplen años, puede ser más difícil detectar personas, obstáculos o movimientos fuera de la línea directa de visión, es decir, se puede estrechar el campo visual. No solo eso, sino que puede llevarle a uno más tiempo leer los letreros, o hasta reconocer lugares familiares. Y no digamos de noche, o con mal tiempo, porque el resplandor de los faros de los coches que se acercan, así como las luces de la calle pueden deslumbrar. Hasta el sol, al salir y ponerse resulta cegador. Por otra parte, ciertas enfermedades oculares como el glaucoma, las cataratas o la degeneración macular, así como ciertos medicamentos, pueden afectar a la visión. ¿Qué se aconseja? Pues revisarse la vista anualmente, especialmente a partir de los 65 años, y tratar de conducir en las horas centrales del día.
Dificultad para oír
Con los años, es posible que note uno menos el claxon y las sirenas, o hasta los ruidos del propio vehículo cuando algo va mal, y hay que apartarse rápidamente a un lado. Es recomendable hacerse revisar la audición cada 3 años después de los 50, interesarse por ayudas técnicas, y en cualquier caso, tratar de mantener silencioso el interior del coche cuando se conduce.
Demencias
Tal y como vimos en su día, incluso con Alzheimer se puede conducir. Pero a medida que la memoria y la habilidad para tomar decisiones empeoran, la circulación se vuelve más peligrosa para todos. Hay que tener en cuenta que la propia persona puede no ser consciente de su pérdida de capacidad, por lo que son sus familiares y allegados los que deben estar pendientes de las señales de alarma. Tal vez se pierde buscando un lugar conocido, como el supermercado o su propio domicilio. Será el momento de ponerse de acuerdo con el médico, y disuadir a la persona de que siga conduciendo.
Disminución de reflejos
Como es natural, con los años perdemos reflejos, y es más difícil hacer más de una cosa a la vez. Si a esto unimos la rigidez articular y la debilidad muscular, tendremos serias dificultades para realizar movimientos rápidos. A veces, a los síntomas anteriores se suman la pérdida de sensibilidad y el hormigueo, por lo que se vuelve aún más peligroso el manejo del volante y los pedales. No digamos ya si se padece Párkinson o si se ha sufrido algún derrame cerebral.
En cualquier caso, y antes de que la conducción se vuelva imposible, es recomendable aumentar la distancia de seguridad con el coche precedente, y anticiparse más a las frenadas. Se deben evitar las zonas de tráfico denso, así como las carreteras que requieren conducir a altas velocidades. Si no hay más remedio, habrá que escoger el carril de circulación más lenta, que otorga más tiempo para tomar decisiones y ejecutar maniobras.
Medicamentos
Los efectos de los medicamentos varían de una persona a otra, pero hay que tomarse en serio las advertencias que vienen en algunos de ellos, porque pueden producir somnolencia, mareos, o disminuir el nivel de atención. O dicho de otra manera, hay que comprobar si efectivamente esos medicamentos, o su combinación con otros, comprometen la conducción.
Y nada más por hoy. En esta entrada tratamos cuáles son las señales de alarma para tener la “temida conversación”, y cómo afrontarla. ¡Muchas gracias! ¿Te animas a comentar, compartir o suscribirte?