
Hoy nos toca hablar del ictus, una de las principales causas de muerte, y la principal causa de discapacidades a largo plazo. Por tanto, estamos hablando de una enfermedad crónica que no solo afecta al paciente, sino a sus familiares y cuidadores. Y precisamente la reacción de éstos ante los primeros síntomas va a ser crucial en el desarrollo de la enfermedad.
(Si lo prefieres, puedes recibir esta información en formato vídeo).
Así que vamos a empezar por el principio, y en vídeos posteriores abordaremos todos los demás aspectos relacionados con los cuidados.
1.- Qué es el ictus.
El ictus es una enfermedad vascular, de los vasos sanguíneos, también conocida como trombosis, accidente cerebro vascular (ACV), derrame cerebral, apoplejía o embolia. Si algo cambia el modo en que la sangre fluye en el cerebro, una parte quedará privada de oxígeno y nutrientes. Si las neuronas no reciben oxígeno por un corto período de tiempo, podrán recuperarse, pero si mueren, quedará un daño permanente que dificultará hablar, pensar o caminar, en función del área afectada.
2.- Cómo se produce.
Hay dos tipos principales, el ictus isquémico, el más común, y el hemorrágico. El primero se produce por la oclusión o taponamiento de un vaso que ocasiona un coágulo formado en el cuello o el cerebro (trombosis), o que acaba ahí habiéndose originado en otra parte del cuerpo (embolia); también lo produce un estrechamiento severo de una arteria, llamado estenosis. El ictus hemorrágico, como podemos suponer, lo produce la rotura de una arteria que causa un derrame en el cerebro. En todos los casos, duren lo que duren los síntomas, estaremos ante una urgencia médica, y si el ictus golpea rápido, nosotros debemos responder igual. Solo así tendremos la oportunidad de minimizar los efectos, o hasta revertirlos. Pero
3.- ¿Cuáles son los síntomas?
-Entumecimiento o debilidad repentina en la cara, brazo o pierna, especialmente, en un lado del cuerpo.
-Confusión repentina, problemas para hablar o entender.
-Pérdida repentina de la visión en uno o ambos ojos.
-Mareos repentinos, pérdida del equilibrio o la coordinación, o problemas para caminar.
-Dolor de cabeza intenso y repentino sin causa conocida.
-Otros signos de peligro son la visión doble, la somnolencia, las náuseas y los vómitos.
4.- Cómo podemos estar seguros.
Hay 3 pruebas que podemos realizar si dudamos de llamar inmediatamente a urgencias.
A) Le pedimos que sonría o muestre los dientes. Si los lados de la cara se mueven de forma desigual, sospecharemos de ictus.
B) Le pedimos que, con los ojos cerrados, extienda al frente los brazos 10 segundos. Si no mueve un brazo, o cae respecto al otro, sospecharemos de ictus.
C) Le pedimos a la persona que repita una frase que usa normalmente. Si alarga las palabras, usa palabras incorrectas, o no puede hablar, sospecharemos de ictus.
Con uno solo de estos síntomas, hay que llamar inmediatamente a urgencias. Cada minuto, cuenta.
Llegados a este punto, es tiempo de que se encarguen los profesionales de minimizar los daños, y de conocer el alcance del accidente cerebro vascular. Nosotros nos emplazamos en la siguiente entrada, en el que hablaremos de cómo prevenirlo. ¡Muchas gracias por leer! ¿Te animas a comentar, compartir o suscribirte?