
En una entrada anterior hablamos de cambiar de médico si no estábamos conformes con el trato recibido. Eso hacemos cuando tratamos con alguien poco profesional en cualquier otro ámbito, pero como la salud no es un asunto cualquiera, hoy vamos a dar algunas pistas de lo que hay que tener en cuenta.
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Ya argumentamos que la buena comunicación con el médico tiene un impacto muy importante en la salud, posiblemente, lo que más. Una buena comunicación requiere confianza, y esa confianza hay que labrarla a lo largo del tiempo. De ahí que haya mejores indicadores de salud cuando hay continuidad en esa relación: es lógico, porque con el tiempo el médico de cabecera conoce más y más aspectos de la vida de su paciente, tiene una visión más completa de los condicionantes de su salud, y es más fácil entenderse. Y al contrario, cuanto mayor sea la rotación del personal médico, más fácil es que el profesional no llegue a implicarse a fondo, y que le importen menos los resultados de sus intervenciones, porque además, tal vez ni cuente con estar ahí para comprobarlos.
Pero a veces, no hay más remedio que cambiar de médico, ya sea porque se jubila, cambia de destino, se muda uno, o se producen cambios en el cuadro médico del seguro. Otras veces, es uno el que prefiere cambiar. Sin embargo, puede que se sientan reparos por cómo se lo pueda tomar el médico. No hay mucho que temer, porque ellos suelen entender que cada persona tiene sus necesidades, y es importante que cada cual tenga su médico de confianza. De hecho, ellos pueden cambiar de pacientes, vetando a determinados pacientes con los que la comunicación se ha deteriorado. Así que, como vemos, no hay razones para sentir remordimientos por cambiar de médico, porque ambas partes tienen libertad para elegir.
Un motivo muy válido para cambiar es que el campo de conocimiento del médico no abarque la edad que uno tiene. Del mismo modo que son pediatras los que tratan a los niños, es lógico que pidamos geriatras para tratar a personas mayores. O por lo menos, médicos de cabecera o internistas que hayan adquirido experiencia con ellas.
Una vez se cuente con una lista de médicos entre los que elegir, antes de decidirse, conviene pedir referencias entre familiares, amigos y profesionales sobre qué trato dan a sus pacientes. Pero ojo, que el médico con mejor fama puede que tenga su cupo cerrado, y no admita a nadie más.
Evidentemente, en la elección de médico pesan cuestiones muy subjetivas, preferencias muy personales que no son objeto de esta entrada. Únicamente querría apuntar algunas cuestiones que conviene tener en cuenta: si tiene muchos pacientes mayores, si está disponible para plantearle dudas por teléfono o correo electrónico (y esto es importante para nosotros), y si se puede hablar con él o ella de algo más que de la medicina convencional, por aquello de que el médico que solo sabe de medicina, ni medicina sabe. Por otra parte, cada vez se habla más de la medicina centrada en la persona, en contraposición al trato altamente burocratizado y centrado en porcentajes de medicamentos recetados y otros indicadores numéricos. Pues bien, todo empieza por que nos miren a los ojos: lo demás, surge solo, el sentirse escuchados, y percibir un interés genuino. Porque para esto están los médicos, para escuchar nuestros problemas de salud, y dar después una respuesta profesional. No se les puede exigir judicialmente que acierten en el diagnóstico, pero sí que pongan su experiencia y los medios a su alcance para tratar de encontrarlo. En pocas palabras: que pongan un mínimo de interés.
Y por último, pero no menos importante, hay que entender lo que nos dice (y él o ella se asegura de que lo entendemos todo). También debe esforzarse por prevenir daños recetando solo los medicamentos estrictamente necesarios. De hecho, no es mejor médico el que más medicamentos receta, porque eso es más fácil que explicar por qué no se necesita tal o cual tratamiento. Si prescribe “alegremente” puede estar dando pie a interacciones peligrosas, y estará obviando un lema fundamental de los médicos: Primero, no hacer daño.
Y nada más por hoy, espero haber dado unas pautas útiles para elegir médico. ¡Muchas gracias por leer! ¿Te animas a comentar, compartir o suscribirte?