
Prácticamente la mitad de nuestros mayores tienen problemas para moverse debido alguna dolencia reumática. Cuando alguien dice que tiene reuma, se puede estar refiriendo a cualquiera de las más de 200 enfermedades reumáticas. Todas ellas afectan al aparato locomotor: unas atacan al tejido conectivo, como la artritis reumatoide, y otras atacan al metabolismo del hueso, como es el caso de la osteoporosis.
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¿Qué es la artritis reumatoide?
Es una enfermedad crónica de carácter autoinmune que afecta simétricamente a las articulaciones, inflamando la membrana sinovial. Pero el daño puede extenderse después a toda la articulación, produciendo inestabilidad y deformidad, y finalmente, incapacidad funcional para ciertas tareas, como caminar, subir escaleras o abrir botellas. Los síntomas son: dolor, tumefacción, rigidez matutina, hinchazón y enrojecimiento, cambios en la forma de la articulación; todo esto acarrea dificultad para moverse, cansancio, fatiga, y debilidad muscular. También puede haber sensación de malestar general, inapetencia, pérdida de peso, anemia, fiebre, nódulos reumatoides, afectación de glándulas exocrinas, del pulmón, del corazón y de los vasos sanguíneos.
¿Cómo distinguimos la artritis de la artrosis?
Como hemos dicho, la artritis inflama la membrana sinovial, en cambio la artrosis degenera el cartílago.
La artritis, al producir un dolor relacionado con la inflamación, en realidad no mejora con el reposo, a diferencia de la artrosis, que produce dolor con el movimiento, y disminuye con el reposo.
La artritis provoca una rigidez duradera en las articulaciones, especialmente por las mañanas, en tanto que la artrosis produce una rigidez de corta duración.
La artritis altera algunos resultados analíticos, cosa que no ocurre con la artrosis.
La artritis es menos frecuente que la artrosis, y a diferencia de esta, puede producir fiebre, fatiga y cansancio.
Se desconocen las causas de la artritis, si bien se sospecha que ciertas infecciones (bacterianas o víricas), así como determinados factores como el tabaquismo, la obesidad, el estrés y la alimentación, en combinación con nuestros genes, están detrás de esta enfermedad.
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Diagnóstico de la artritis reumatoide.
En el caso de las enfermedades reumáticas es particularmente difícil llegar a un diagnóstico de certeza. Por tanto, para establecer uno con suficientes garantías, es preciso ser sistemáticos y ordenados, empezando por un buen interrogatorio, siguiendo por una exploración física exhaustiva, y terminando por las pruebas de laboratorio y/o de imagen necesarias. Es interesante detectar la enfermedad oportunamente, pues cuanto antes se pueda establecer el diagnóstico, mejores serán el pronóstico y la calidad de vida. Lo ideal es que el médico de cabecera evalúe los síntomas, y derive al reumatólogo para establecer el diagnóstico.
Para realizar un diagnóstico de artritis reumatoide, por lo general deben estar presentes al menos 4 de los siguientes 7 síntomas:
- Rigidez matutina de más de 1 hora, durante más de 6 semanas.
- Artritis de al menos 3 articulaciones, coexistentes durante al menos 6 semanas, y evaluadas por un médico.
- Artritis en las manos (muñecas, bases de los dedos y/o base de la segunda falange) durante más de 6 semanas.
- Inflamación simétrica durante más de 6 semanas.
- Nódulos reumatoides subcutáneos.
- Factor reumatoide positivo en análisis de sangre.
- Imágenes radiológicas compatibles con este diagnóstico como erosiones u osteoporosis en muñecas.
Las pruebas más frecuentes son los análisis de sangre, del líquido sinovial, y las pruebas de imagen: ecografía, resonancia magnética nuclear, radiografía, TAC o escáner, y gammagrafía.
Y hasta aquí por hoy, en la próxima entrada trataremos sobre los mejores cuidados para esta enfermedad. ¡Muchas gracias por leer! ¿Te animas a comentar, compartir o suscribirte?