
La disfagia es una alteración o dificultad para tragar. Este síntoma es frecuente en personas con algún daño cerebral, alguna enfermedad que ocasiona algún deterioro neurológico, pero también se da por enfermedades que producen daños anatómicos. Una deglución deficiente puede acarrear problemas de desnutrición y deshidratación, pero también puede causar un atragantamiento, o a una aspiración, e incluso una neumonía. Así que es muy importante detectar la disfagia de manera oportuna, y adoptar las medidas más convenientes, tanto por parte del paciente como de sus cuidadores. Y eso es precisamente lo que nos proponemos en esta entrada y en la siguiente, servir de guía para identificar y valorar correctamente el problema, adaptando la alimentación a cada caso.
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Una aclaración importante: aquí trataremos las disfagias de origen neurológico, que suponen 4 de cada 5 casos en adultos, que se presentan de manera brusca, pero que se pueden revertir hasta cierto punto. Vamos a ver cuáles pueden ser los
Síntomas.
- Tos o atragantamiento al comer, o justo después, con cualquier alimento, pero especialmente, con los líquidos. También los carraspeos frecuentes son un buen indicio, así como los cambios en la voz, o la disfonía.
- Babeo, dificultad para controlar la saliva.
- Dificultad para manejar la comida en la boca, lo que da lugar a que se emplee mucho tiempo, se trague en pequeñas cantidades, y hasta quedar restos en la boca.
- Pérdida de peso progresiva, así como signos de desnutrición y deshidratación. La desnutrición se puede evidenciar con una sencilla prueba, la de Yubi-Waka, que consiste en rodearse uno mismo la pantorrilla con el anillo formado con los pulgares e índices de ambas manos: si se puede rodear, y además con cierta holgura, hay que tomarlo como una señal de sarcopenia, una pérdida significativa de masa muscular. Y la deshidratación se puede medir dando un pellizco en el dorso de la mano: si la piel se recupera de inmediato, no hay problema, pero si se mantiene el pliegue aunque sea un corto lapso de tiempo, hay que pensar en que no se está correctamente hidratado.
- También la fiebre sin otra explicación es una posible señal de la disfagia, así como las infecciones respiratorias repetitivas.
Si hemos detectado uno o más de estos signos, es momento de recabar una valoración profesional, y abordar el problema individualizando las soluciones.
Un estudio bien hecho permitirá prolongar la alimentación vía oral, evitar complicaciones relacionadas con la nutrición, así como complicaciones respiratorias potencialmente fatales. Y al mismo tiempo, favorecer la recuperación mediante la adaptación de la dieta, o por el contrario, establecer alternativas a la alimentación oral, como son la sonda nasogástrica (SNG, que llega al estómago), la sonda nasoentérica (SNE, que llega al intestino delgado), o la gastrostomía endoscópica percutánea (PEG), que permite hacer llegar el alimento al estómago a través de la pared abdominal.
Y hasta aquí por hoy, en la próxima entrada veremos más en profundidad qué hacer en función del tipo de disfagia. ¡Muchas gracias por leer! ¿Te animas a comentar, compartir o suscribirte?