Dolor.

Se dice que si no le duele a uno nada después de los 40 años, es que estás muerto.

Se dice que si no le duele a uno nada después de los 40 años, es que estás muerto. En fin, lo que está claro es que el dolor es algo muy común, y más a medida que se cumplen años, ¿verdad? Lo que nos proponemos aquí es saber cuándo es útil, porque nos indica que algo no marcha bien, y cuándo se debe tratar y aliviar. En definitiva, cómo enfrentarnos al dolor. ¡Comenzamos!

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Dolor agudo y dolor crónico.

Hay dos tipos de dolor: uno es el agudo, que aparece de repente, y remite a medida que sanamos, como ocurre con un dolor de muelas, una piedra en el riñón, una cirugía o una fractura ósea; y el otro es el crónico, que dura al menos 3 meses, y puede ser consecuencia directa del anterior, o responder a una patología como la artritis o el cáncer. Este último es más propio de personas mayores, y puede condicionar mucho la vida, al interferir en los quehaceres diarios, en el sueño, en los hábitos alimentarios, en el tiempo que se dedica a ejercitarse, a estar con amigos y familiares, y puede derivar en ansiedad y depresión. Como vemos, hay razones de peso para tomarnos este problema seriamente.

Describir el dolor.

Puede parecer algo absurdo describir algo que sentimos tan evidentemente. Pero para el médico son muy importantes los detalles, que le permitirán identificar la causa, y el mejor tratamiento. Así que se requiere acotar dónde nos duele, cuándo empezó, si varía su intensidad, y si lo hace con un patrón diario. Puede que haya algún otro síntoma revelador. También conviene ser precisos en su descripción, si es punzante, o por el contrario es apagado (también llamado “sordo”), ardiente, o es más apropiada alguna otra palabra.

Por otra parte, puede que varíe la intensidad si adoptamos cierta postura, o usamos calor o frío; o incluso que algún medicamento sin receta, o terapia alternativa nos alivie. Toda esta información, junto con una escala de la intensidad, por ejemplo, si es leve, moderado o severo, ayudarán sin duda al médico, y por tanto, estaremos más cerca de encontrar alivio.

Actitudes ante el dolor.

Cada persona reacciona al dolor a su manera: hay quien se convence de que ha de ser valiente y no quejarse, y quien no duda en decir que algo le duele, y pedir ayuda. Lo que todos experimentamos es preocupación por el dolor, y si éste nos va a limitar de alguna manera. Ahí es donde la ayuda médica es crucial para encontrar modos de que el dolor no nos limite (demasiado) en las actividades físicas y sociales.

La clave aquí es que nunca asumamos que el dolor es propio del envejecimiento, y que no hay nada que hacer al respecto. Esto es completamente falso. Si aparece un dolor nuevo, hay que ir cuanto antes al médico; así tendremos más posibilidades de atajarlo, o como mínimo, manejarlo adecuadamente.

El tratamiento del dolor.

Es importante tratar, o manejar, el dolor crónico, sea con medicamentos o no. Y que ese tratamiento atienda a las necesidades específicas de cada cual. Normalmente se busca tanto reducir el dolor como apoyar las funciones diarias mientras se convive con él.

Conviene informarse de cuánto tiempo de terapia requerirá alcanzar cierto alivio, porque puede no ser inmediato. A veces, hay que ceñirse a un horario para tratar por adelantado el dolor, o al menos, mantenerlo controlado. Aparte de medir los beneficios, hay que valorar si aparecen efectos adversos, e informar de todo al médico. O también, en España, a través de esta web. Sólo así se puede personalizar el tratamiento, para elegir el que mejor se adapte a uno, como ocurre con el tratamiento de la hipertensión, donde es raro acertar a la primera.

Merece mucho la pena intentarlo, porque a medida que disminuye el dolor, seguro que nos volvemos más activos, a la vez que nuestro estado de ánimo y sueño mejoran.

Especialistas en dolor.

Ciertas enfermedades requieren un manejo especializado del dolor, porque el abordaje habitual resulta insuficiente. Para estos casos se forman ciertos profesionales, médicos y enfermeros, que trabajan en departamentos específicos. Se trata de las unidades del dolor, o cuidados paliativos.

Pero vamos a centrarnos ahora en los medicamentos más usados para tratar la mayoría de los dolores.

Medicamentos para tratar el dolor.

  • El paracetamol, también conocido como acetaminofén, puede aliviar todos los tipos de dolor, especialmente los leves y moderados. Se encuentra en preparaciones farmacéuticas que pueden o no requerir receta médica. Está contraindicado en personas que toman más de 3 bebidas alcohólicas al día, o con alguna enfermedad en el hígado.
  • Los antiinflamatorios no esteroideos, o AINE, incluyen la aspirina, el naproxeno y el ibuprofeno, entre otros. El uso prolongado de algunos de estos medicamentos puede acarrear hemorragias digestivas y problemas renales, por lo que hay que extremar la precaución en personas mayores. Además, el ibuprofeno está contraindicado con hipertensión.
  • Los opiáceos, también conocidos como narcóticos, como la codeína, la morfina y la oxidocona, se usan para el dolor de moderado a severo, y requieren prescripción médica, ya que pueden crear adicción, y resultar peligroso al mezclarlos con otros medicamentos o alcohol.
  • Otros medicamentos que se usan para tratar el dolor son ciertos antidepresivos, algunos anticonvulsivos, y medicamentos de uso tópico, como parches o cremas.

Sea cual sea el tratamiento elegido, conviene recordar que los efectos adversos de los medicamentos pueden ser más frecuentes y serios con la edad, por lo que es primordial ceñirse a las dosis recomendadas, así como al modo correcto de tomarlos: por ejemplo, si hay que tragar una píldora entera, no triturarla (y si se tienen dificultades, hay que comentarlo con el farmacéutico); y nunca, nunca mezclar con alcohol, u otras drogas.

Una cosa más, si se piensa que un medicamento no está surtiendo efecto, no es conveniente cambiarlo por cuenta propia, es mejor hablarlo con el médico.

¿Puedo desarrollar una adicción a los medicamentos para el dolor?

Sí, ya lo hemos dicho: los opioides son generalmente seguros cuando se toman a las dosis indicadas y durante un tiempo limitado. Pero si uno se excede en las cantidades y/o los toma con mayor frecuencia de lo prescrito, entonces sí que puede aparecer la dependencia. Esto le puede pasar a cualquiera, incluso a personas mayores. En estos casos, conlleva riesgos añadidos, el de los mareos y las caídas, entre otros efectos adversos.

A veces estos tratamientos son los únicos disponibles para tratar adecuadamente el dolor, pero en muchas ocasiones hay otros medicamentos disponibles que pueden y deben usarse primero, y de forma complementaria.

Cómo ayudarse a sí mismo.

Al margen de la terapia farmacológica que se siga, hay otras decisiones que pueden ayudar a controlar el dolor:

  • Mantener un peso saludable aliviará el dolor de rodillas, espalda, caderas y pies.
  • Mantenerse físicamente activos, porque el dolor puede volvernos inactivos, lo cual puede llevar a más dolor y a perder funcionalidad. Por otra parte, es sabido que ciertos ejercicios liberan endorfinas que mitigan el dolor.
  • Dormir lo suficiente. Esto puede reducir la sensibilidad al dolor, ayudar a curarse y mejorar el estado de ánimo.
  • Limitar o evitar el tabaco, la cafeína y el alcohol, pues pueden interferir con el tratamiento, y aumentar el dolor.

  • Unirse a un grupo de apoyo. Hablar con otros de cómo se enfrentan al dolor puede sernos útil, y nosotros serlo a los demás, al tiempo que nos reconforta saber que no estamos solos ante este problema.

Dolor y cáncer.

A algunas personas con cáncer les asusta más el dolor que la propia enfermedad. Pero la mayor parte de esos dolores, causados por la enfermedad o los tratamientos, son manejables. En cualquier caso, es mejor empezar pronto, porque, entre otras razones, puede que lleve tiempo dar con la mejor forma de controlar el dolor.

Una preocupación particular es el “dolor irruptivo”, que se presenta de repente, y puede causar mucha angustia, sobre todo, por la perspectiva de que se repita. Esta es una razón adicional para contar con un plan de manejo del dolor.

Alzheimer y dolor.

En las fases avanzadas de la enfermedad, es posible que la persona no pueda expresar el dolor que siente. Es el cuidador el que tiene que interpretar lo que expresa la cara de la persona, así como sus constantes cambios de postura, o su dificultad para dormirse. Puede tratarse de un cambio de comportamiento, acompañado de mayor agitación, llanto o gemidos. Si se niega a comer, bien podría ser que tiene algún problema bucal. En caso de duda, es necesario consultar con un médico, o pedir ayuda especializada.

Dolor al final de la vida.

No todas las personas experimentan dolor al final de sus días. Pero está claro que, si hay un dolor, hay maneras de ayudar, y las cuestiones relativas a desarrollar una adicción pasan a un segundo plano. Así que no hay que temer proporcionar la dosis que haya prescrito el médico. Hay que recordar, una vez más, que es preferible adelantarse al dolor, especialmente si es severo, puesto que es más sencillo prevenirlo que aliviarlo. Por tanto, aquí lo prioritario es asegurarse de que el nivel de dolor no se adelanta a los medicamentos para tratarlo. Y si no da resultado, hay que decírselo al médico, para que valore si se puede incrementar la dosis, o usar algún otro medicamento.

Y es que luchar con un dolor intenso puede resultar agotador, y puede hacer difícil a la familia permanecer unida en un momento tan especial. El dolor puede afectar al estado de ánimo, y hacer que la persona parezca enfadada o de mal genio. Es comprensible, pero la irritabilidad que provoca el dolor puede dificultar hablar, compartir pensamientos y expresar sentimientos.

Algunos puntos para recordar.

  • La mayoría de las personas no tiene que vivir con dolor. Sin duda, y como decíamos al principio, el dolor cumple una función, puede ser útil. Pero también puede ser una carga, porque no nos informa de nada útil, como el dolor fantasma de un miembro amputado, por ejemplo; o causa males mayores, como la inactividad, o la falta de sueño, como ya hemos dicho. Si bien es cierto que no todos los dolores se pueden curar, casi siempre se pueden controlar, si no con el médico habitual, con uno especialista en dolor.
  • Los efectos adversos de los medicamentos contra el dolor suelen ser manejables. El estreñimiento, la sequedad bucal, la somnolencia pueden ser más acusados al inicio del tratamiento, se pueden tratar, y pueden desaparecer a medida que el cuerpo se acostumbra al medicamento.
  • El médico no va a pensar que somos unos cobardes por hablar del dolor. Y si no hablamos de él, ¿cómo nos va a ayudar?
  • Si observamos que cierto medicamento nos controla el dolor, es bueno reservarlo para usarlo más tarde a la primera señal, y así adelantarnos al dolor con algo que nos funciona.
  • El dolor es real, y no está todo en la cabeza. Nadie puede saber cómo se siente uno de verdad, por eso es tan importante pedir ayuda.

Y hasta aquí, por hoy, ¡muchas gracias por leer! ¿Te animas a comentar, compartir o suscribirte?

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