Tipos de incontinencia en mayores, y manejo.

Hoy repasamos los tipos de incontinencia que pueden sufrir nuestros mayores, qué tratamientos hay, y cómo manejarla. Terminamos considerando el caso particular de la incontinencia en la enfermedad de Alzheimer.

Hay 4 clases de incontinencia, la de esfuerzo, la de urgencia, por rebosamiento, y la funcional.

(Si lo prefieres, puedes recibir esta información en formato vídeo).

La incontinencia por esfuerzo ocurre cuando gotea orina por someter a presión la vejiga, como cuando se tose o estornuda, por un ataque de risa, o al cargar objetos pesados. Es bastante común en mujeres, y puede aparecer incluso antes de la menopausia.

La incontinencia por urgencia se produce cuando las ganas de orinar se presentan de repente, y no da tiempo a llegar al aseo. Puede darse en personas diabéticas, con Alzheimer, con Párkinson, esclerosis múltiple o por haber sufrido una embolia.

La incontinencia por rebosamiento se da cuando se escapan gotas de orina de una vejiga que siempre está llena. Un hombre puede tener problemas para vaciar su vejiga si la próstata se ha agrandado tanto que bloquea la uretra. La diabetes y las lesiones de la médula espinal también pueden causar este problema.

La incontinencia funcional afecta a personas mayores que controlan bien su vejiga, pero que no llegan a tiempo al aseo por una artritis, o cualquier otra dolencia que les impide moverse con la rapidez necesaria.

Tratamiento.

Hoy en día hay más tratamientos disponibles que nunca. El más adecuado será el que mejor encaje con la clase de incontinencia que se tenga, y su gravedad, pero en general, debe empezarse por los tratamientos más simples y seguros. Solo si se demuestran insuficientes debería uno plantearse otras opciones.

Lo mejor es empezar por entrenar el control de la vejiga, y para ello hay 4 estrategias: los ejercicios de Kegel, la biorregulación, la programación de las visitas al aseo, y los cambios en el estilo de vida.

Los ejercicios de Kegel ayudan a fortalecer los músculos del suelo pélvico. La mejor forma de identificar esos músculos es cortando el chorro de la orina.

Después de vaciar la vejiga, en posición tumbada, sentada o de pie, se contraen y relajan esos músculos cada 3 segundos, 10 veces. Estos ejercicios son especialmente útiles al principio de un problema de incontinencia. Realizando el ejercicio 1 vez en cada postura (tumbada, sentada, y de pie) todos los días, los resultados llegarán al cabo de 3-6 semanas.

La biorregulación es una forma más sofisticada para identificar los músculos del suelo pélvico, a fin de realizar más eficazmente los ejercicios de fortalecimiento. En el consultorio, el médico coloca un pequeño sensor en la vagina o el ano, y las señales de la contracción se envían a una pantalla, que mostrará algo parecido a una bola que cambia de tamaño con las contracciones.

La programación de las visitas al aseo consiste en establecer por ejemplo, que cada hora hay que ir al baño. Poco a poco se puede ir bajando la frecuencia hasta encontrar la pauta óptima. Combinando esta técnica con los ejercicios del suelo pélvico se pueden revertir la incontinencia por urgencia y por rebosamiento.

Y por último nos quedan los cambios en el estilo de vida, lo cual puede significar bajar de peso, dejar el tabaco, bajar el consumo de alcohol, así como del café, te, o de refrescos gaseosos, prevenir el estreñimiento, y evitar cargar con objetos pesados.

Si todo esto es insuficiente, entonces habrá que considerar los siguientes pasos:

Medicamentos y cirugía.

Ciertos medicamentos ayudan a vaciar del todo la vejiga, en tanto que otros mejoran el control de la misma para evitar el goteo. A algunas mujeres les da buen resultado una crema vaginal con estrógeno, que alivia la incontinencia por urgencia. A otras, con incontinencia por esfuerzo, les dan buen resultado las inyecciones de una sustancia que engrosa la zona alrededor de la uretra, porque ayuda a cerrar la apertura de la vejiga. Por último, siempre está la cirugía, que puede ser la única solución si la vejiga ha cambiado de posición, o si está bloqueada por una próstata demasiado grande.

Incontinencia y enfermedad de Alzheimer.

Las personas en las últimas etapas de la enfermedad de Alzheimer suelen tener problemas de incontinencia. Puede deberse a que no se dan cuenta de que necesitan orinar, de que se olvidan de ir al baño, o a que no encuentran el camino.

En estos casos, es de ayuda el no ofrecerles bebidas con cafeína, como café, te o ciertos refrescos gaseosos. Pero no hay que limitar el agua, obviamente. En cuanto al aseo, hay que mantenerlo en orden, con el camino despejado, y tal vez, con la luz encendida todo el tiempo. Puede ser de ayuda programar las visitas al baño. Y desde luego, hay que proporcionar ropa interior absorbente, fácil de poner y quitar.

Es todo por hoy, espero haber sido útil, muchas gracias por leer. ¿Te animas a comentar, compartir o suscribirte?

Otros artículos

Si estás interesado en el proyecto y quieres más información, déjanos tus datos y nos pondremos en contacto contigo