Señales de alarma al cuidar desde lejos de un mayor.

Cuando vivimos lejos de un familiar mayor, puede que no baste con una llamada de teléfono para saber si necesita ayuda o apoyo.

A pesar de que la oferta de residencias de mayores está aumentando, así como las alternativas para conseguir los cuidados necesarios en esta etapa de la vida, es normal que nuestro familiar prefiera quedarse en su casa.

(Si lo prefieres, puedes obtener esta información en formato vídeo).

En la cultura de la que procedo, que podríamos llamar latina o mediterránea, lo habitual es, o ha sido, que los hijos cuiden de sus padres en sus casas. Pero el desarrollo económico ha venido de la mano de la movilidad geográfica, y por tanto, cada vez supone un reto mayor procurar esos cuidados de los hijos hacia sus padres.

Vamos a dar las claves para los que se encuentren en esta situación. Y es que, a veces, hace falta más que una llamada telefónica, hace falta un poco de trabajo detectivesco para saber de verdad cuál es la situación de nuestro ser querido. Es probable que él o ella no quiera preocuparnos, o hasta le avergüence admitir que precisa ayuda para ciertas actividades diarias básicas.

Cambios de comportamiento.

Puede ser difícil apreciar diferencias de comportamiento desde la distancia: ¿cómo saber si se ha retirado de ciertas actividades? ¿Cómo estar seguros de que se toma bien la medicación? ¿Cómo detectar el deterioro de la higiene personal, o del cuidado del hogar? El caso es que, por pequeños que sean esos cambios, son cruciales para la seguridad y el bienestar de nuestro familiar. Si tenemos la oportunidad de hacer una visita, por breve que sea, estaremos atentos a las siguientes señales de alarma:

  • Acaparamiento de enseres.
  • No tomar medicamentos esenciales o negarse a buscar tratamiento para enfermedades graves.
  • Desatender estufas o fuegos de la cocina.
  • Higiene deficiente.
  • Ropa inadecuada.
  • Confusión.
  • Incapacidad para ocuparse de las tareas domésticas.
  • Malnutrición y/o deshidratación.

Estos aspectos deben monitorizarse de forma regular, y en tanto no cambie la situación.

Así que, con el permiso de nuestro pariente, podemos ponernos de acuerdo con personas que lo ven regularmente, como vecinos, amigos, sanitarios, familiares, o hasta el personal del Servicio Postal. De hecho, en ciertos países hay programas estatales para combatir la soledad a través, precisamente, del personal de Correos.

Lo ideal es que nuestra persona de confianza pueda hacer visitas periódicas, para así valorar el estado general de salud, el estado de ánimo, y las condiciones en que se encuentra la vivienda (con especial atención a los potenciales peligros, como los que pueden provocar caídas, por ejemplo).

Es bueno saber que muchos piensan que la depresión en los mayores es algo propio del envejecimiento. Y es que una persona deprimida puede alegrarse con una llamada telefónica o una visita corta, pero le será más difícil ocultar problemas más graves del estado de ánimo durante una visita más larga.

Precisa ayuda: qué hacer.

Hay asuntos que se resuelven de manera más o menos fácil, como conseguir unas gafas nuevas o una nueva receta. Pero en otras circunstancias se requiere una visita más a fondo, buscando áreas problemáticas. Si no se pueden solventar en una sola visita, habrá que hacer arreglos con alguien más para terminar lo que quede por hacer.

Tener que tomar decisiones importantes sobre la salud de un padre o una madre que se hace mayor y vive lejos puede ser muy difícil. Para no complicar más las cosas, es conveniente expresar las propias preocupaciones, y cómo nos sentimos. Nada de reproches ni de coacciones.

La prioridad debería ser tratar de cumplir los deseos de nuestro familiar. Si no es del todo posible, trataremos de tomar decisiones similares a las que hayamos tomado en el pasado. Así nos aseguraremos de estar tratando de hacer lo mejor para nuestro padre o nuestra madre.

Y por último, hay que pensar en los recursos locales con los que podemos contar para contactar, si es necesario.

Y hasta aquí por hoy, muchas gracias por leer. ¿Te animas a comentar o compartir? ¿A suscribirte?

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